jueves, 14 de agosto de 2014

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE DACHAU

Acabamos de celebrar la festividad de San MAXIMILIANO MARÍA KOLBE, Ofm, ejecutado en lugar de un padre de familia en el campo de concentración de AUSCHWITZ el día 14 de Agosto del año 1941, por lo que se me ha ocurrido, ahora que tan de moda está el mencionar la "memoria histórica" hacer un poco de memoria de lo que fue la persecución religiosa durante el nazismo, que también la hubo.

Y aunque AUSCHWITZ fue el lugar de la muerte de religiosos insignes como San MAXIMILIANO KOLBE o Santa EDITH STEIN, sin embargo pocos saben que fue el Campo de concentración de DACHAU el que se convirtió en el campo de ejecución y prisión específico del clero: Todos los religiosos eran separados de los demás presos y alojados juntos en varios barracones en la parte trasera del campamento. Había un total de 1.780 sacerdotes polacos y 447 sacerdotes alemanes, de los que murieron 1.034 sacerdotes, 868 polacos y 94 alemanes. A ello hay que añadir 109 ministros protestantes, 22 popes ortodoxos griegos, 2 imanes musulmanes y 8 hombres que en los registros figuran bajo el extraño calificativo de "católicos viejos", a lo mejor se trataba de sedevacantistas de algún tipo, es decir, católicos cismáticos.

Los siguientes testimonios han sido recogidos de los pocos supervivientes que hubo en el campo, entre ellos, Monseñor JOHANNES NEUHÄUSLER, obispo auxiliar de MUNICH, el reverendo protestante MARTIN NIEMÖLLER, alemán, y Monseñor FRANCISZESK KORCZYNSK, obispo de WACLAW en POLONIA.

Según sus respectivos libros de memorias durante su estancia en el campo de concentración a los sacerdotes se les daba el peor trato, solían morir casi siempre de inanición o frío, o de las palizas que sistemáticamente recibían, y muchos de ellos fueron empleados para los siniestros experimentos médicos de los nazis. Por terrible que parezca, también había, de cara a los nazis, castas dentro del campamento, toda vez que los miembros del clero polaco fueron prácticamente exterminados en su totalidad, y con ellos el rigor de los guardias era extremo, ya que solían ser más "compasivos" al menos con sus connacionales, del clero alemán.


Al principio del cautiverio se les permitió, a todos ellos, gozar del privilegio y del consuelo, al menos de una capilla donde poder celebrar conjuntamente, aunque estos privilegios se perdieron en el año 1941, a partir de ese momento la capilla y el culto quedaba restringido sólo para el clero alemán, tanto es así que los polacos tenían absolutamente prohibido celebrar la eucaristía, confesar o administrar sacramentos, hasta llegaban a poner los nazis guardias alrededor de la capilla, durante la celebración eucarística, para que los polacos no pudieran, ni siquiera, asomarse a mirar. Evidentemente esta distinción era sólo de los nazis, pues los sacerdotes alemanes constantemente ponían en peligro su vida pasando clandestinamente a sus hermanos polacos pequeños trozos de pan o frascos de vino, con los que poder celebrar la eucaristía a escondidas... o en los campos de trabajo los polacos fingían desmayos para que, al ser aparentemente ayudados por un compañero alemán, éste le diera rápida y fugazmente la comunión.

Ciertamente, al contrario que el resto de presos comunes judíos los sacerdotes en DACHAU no fueron marcados para la muerte por fusilamiento o gaseados en grupo, pero más de dos mil de ellos murieron allí a causa de la enfermedad, el hambre, y la brutalidad en general. Un año, los nazis decidieron "celebrar el Viernes Santo" torturaron a 60 sacerdotes, atándolos con cadenas de las muñecas y manteniendo su peso en el aire, muchos de ellos murieron tras largas horas de exposición, y los que no lo hicieron, descoyuntados sus miembros, quedaron incapacitados físicamente para siempre. Como era de esperar, los nazis, por supuesto, amenazaron con repetir el evento si sus órdenes no se llevaban a cabo o había alguna insurrección de parte de los sacerdotes.

Los motivos por los que estar en DACHAU, habida cuenta de que no todo el clero alemán fue enviado a los campos, a excepción del clero polaco, que fue arrasado de la faz de la tierra, más como un intento de apagar el nacionalismo polaco, que tenía mucho de identificación con el catolicismo, eran varios y dispares: Así, por ejemplo, MICHEL RIQUET, jesuita, se encontraba en el campo por haber sido capellán de la resistencia francesa; HENRY ZWAANS, jesuita en LA HAYA, fue arrestado por distribuir copias de las homilías de Monseñor VAN GALEN y murió en el campo aquejado de hidropesía y disentería; JACQUES MAGNEE, también jesuita belga, fue arrestado por regañar a uno de sus alumnos en el intituto, por llevar propaganda pro nazi a la clase y otro jesuita belga, LEO DeCOCNICK fue a DACHAU por dar una serie de conferencias al clero belga usando de tapadera unos pretendidos ejericios espirituales sobre la forma de resistir la propaganda nazi. Por su parte la mayoría del clero alemán, casi todos ellos simples párrocos de pueblo, fueron arrestados por leer publicamente en sus iglesias, a petición de PÍO XI, la encíclica antinazi "MITE BRENEDER SORGE", o por proporcionar a los judíos que a ellos acudían pidiendo ayuda, certificados falsos de bautismo como católicos, para ayudarles a escapar de los controles.

En Febrero de 1942, se seleccionaron dos grupos de jóvenes sacerdotes polacos y seminaristas bajo el pretexto de ser empleados como aprendices carpinteros, pero que en realidad fueron elegidos (por orden expresa de HEINRICH HIMMLER) para ser inyectado con pus para estudiar la evolución de la gangrena o tener su temperatura corporal por debajo de los 27 grados centígrados con el fin de estudiar la reanimación de los aviadores alemanes caídos en el Atlántico Norte. El padre ANDREAS REISER, alemán, fue coronado con alambre de púas y un grupo de prisioneros judíos se vio obligado a saludarle como "rey de los judíos", y el padre ESTANISLAO BEDNARSKY, polaco, fue colgado en una cruz.

Hubo también grandes momentos: 

El más admirable de todos ellos fue el padre OTTO PIES, que había sido maestro de novicios de los jesuitas. Ante los rumores de que se acercaban los norteamericanos, ya en la primavera de 1945, logró fugarse, y regresó a los pocos días, disfrazado como oficial de la SS, con un camión cargado de comida ¡Dios sabe de dónde la sacó! y mientras los alemanes la descargaban, él se encargó de sacar, escondidos en el camión a unos 30 sacerdotes escondidos en la parte trasera del camión. Después de ponerlos a salvo en la frontera de LOS ALPES con otros refugiados, aún le dio tiempo a volver y repetir otro viaje.

Otro momento especialmente emotivo fue el llevado a cabo por KARL LEISNER, diácono de la diócesis de MÜNSTER (y miembro del Movimiento Apostólico de Schoenstatt), que había estado prisionero en DACHAU desde el 8 de Diciembre de 1940, y que logró ser ordenado sacerdote en el propio campo de concentración el 18 de Diciembre de 1944 y celebró su primera misa el 26 de Diciembre de 1944. Estando en DACHAU, LEISNER enfermó gravemente de tuberculosis y había perdido toda esperanza de ser ordenado sacerdote, pues se iba deteriorando por momentos. Sin embargo en Septiembre de 1944, llegó al campo de concentración Mons. GABRIEL PIQUET, obispo de CLERMONT-FERRAND en FRANCIA. Mediante correspondencia, absolutamente clandestina, se le expuso la idea de ordenar a LEISNER al Cardenal FAULHABER de ALEMANIA, que estaba libre, y al poco, de la misma forma clandestina, llegó toda la documentación que autorizaba la ceremonia y su nihil obstat como responsable de la Iglesia de ALEMANIA. Incluso los ornamentos sacerdotales del nuevo ordenado fueron confeccionados de forma clandestina por los propios presos. 

Sin embargo, pese a esos rayos de luz, ni mucho menos esa era la tónica en el campo de concentración: Los nazis, quizás por el aburrimiento de la vida en el campo de concentración, se pasaban las horas pensando torturas nuevas y especiales para sus presos sacerdotes católicos. A veces, si tenían suerte, serían asignados a limpiar las jaulas de los perros o los establos de caballos. En esas ocasiones, a veces se podían conseguir algunos de los restos de comida de lo que dejaban los propios animales, lo que que significaba un día más de supervivencia. Al contrario, ser asignado a la pocilga era casi una muerte segura; muchos de los prisioneros nunca regresaron. Sus cuerpos quedaron en el mismo lodo donde se habían ahogado quedando como comida para cerdos mientras los guardias de las SS miraban.

Uno de los sacerdotes católicos más severamente tratado en DACHAU fue el padre TITO BRANDSMA, un viejo carmelita holandés de 61 años, que apenas pasó en DACHAU cinco meses desde su detención a su muerte. De acuerdo con los relatos de sus compañeros sacerdotes, el padre BRANDSMA fue golpeado y pateado a diario a pesar de que ya estaba enfermo cuando llegó al campo el 19 de junio de 1942. 

En un principio, se negó a entrar en la enfermería del campo, y cuando lo hizo, finalmente, fue dedicado a realizar experimentos médicos en él, que no superó, por su edad y su enfermedad previa.