domingo, 17 de agosto de 2014

DIARIO DE LA CRISIS
¿QUÉ CRISIS?

Cuando voy por las mañanas a trabajar, tengo dos costumbres, dos rutinas por el camino, la primera de ellas es ponerme dos o tres veces el “Cántico de las Criaturas” de San FRANCISCO de ASÍS, en el mp3 del móvil, cuyo audio extraje de este vídeo:


A continuación escucho las noticias, normalmente en la CADENA SER –decía, creo recordar, pues es cita que a mí me dijeron- el Director Espiritual del Seminario de GRANADA, en unos ejercicios espirituales que “santo es el que ora con el Evangelio en una mano y el periódico del día en otra”, pues bien, dentro de las noticias de la mañana de la CADENA SER hay un apartadillo que se llama “Diario de la crisis” en el que los oyentes llaman, o mandan un correo electrónico, y cuentan cómo les va yendo esto de la crisis… 



A veces me he preguntado si esto de la crisis, y todo lo que se dice de ella, es verdad, o es un arma arrojadiza entre los políticos, y el otro día, precisamente, hice el ejercicio de meditar sobre el tema:

TRABAJO.- Para empezar tengo trabajo, para muchos esto ya es suficiente para que no osara hablar del tema, si nos ponemos en comparación con los millones de parados que hay en ESPAÑA, puede ser, pero como he oído ya repetir en varias tertulias de la televisión, lo malo de verdad “no es ser pobre por no tener trabajo, sino tener trabajo y encima, ser pobre, no llegar a fin de mes”, que es el verdadero drama que estamos viviendo.

Por supuesto, es un trabajo para el que no me formé, quiero decir que no tiene nada que ver con mi preparación académica, aquello para lo que verdaderamente estudié y que me gusta; añadamos que, en suma, es un trabajo que ni siquiera requiere una formación especial.

Antes ganaba, sin acercarme nunca a la cifra “mileurista” unos novecientos euros al mes, aunque “no era oro todo lo que reluce”, porque verdaderamente mi sueldo, lo que figura como base, son los 624 Euros del Salario Mínimo Interprofesional, el resto apenas se completaba con un par de complementos y horas extraordinarias, eso sí, muchas horas extraordinarias, que es lo que tiene trabajar en un Centro Comercial (ya se sabe, que se abre en domingos y festivos). Aunque hace tiempo que la empresa suprimió las horas extraordinarias, así que ahora todos cobramos el “mínimo minimorum” y para que no hagamos horas extras nos dan días libres, que como nuestro trabajo es por horas, significa que día que no trabajas, no lo estás cobrando, porque no estás sumando esas horas… por eso a veces digo –un poco irónicamente- que “cuando un mileurista llora, un seiscientista muere”.

En otro orden de cosas, antes nos hacían un primer contrato de tres meses, luego renovabas otros seis meses y al fin, te hacían fijo. Desde hace un par de años, ahora cuando se contrata a alguien es por tres meses, otros tres más a lo sumo, y a la calle (no entiendo la política de “desnudar un santo para vestir a otro” es decir “rescatar a un parado porque estás generando otro” pero se ve que a la empresa debe compensarle mucho, sobretodo cuando hemos tenido compañeros que trabajaban bien, necesitaban el trabajo o tenían familias que mantener)… Hace poco preguntaba “¿Cómo se llama el nuevo?” y alguien sorprendido me decía “¡Lleva dos meses trabajando y no te has quedado con su nombre!” a lo que yo respondía “¡Es que me pasa como con los cachorros, es mejor no ponerles nombre para no tomarles cariño!” Así están las cosas y no te pongas malo, que ya, de entrada, aunque lo justifiques, son 100 Euros de penalización (fruto de la Reforma Laboral) por los tres primeros días.

LA LUZ.- Por más que me dejo las pestañas revisando una y otra vez las facturas de la luz, aún no he sido capaz de explicarme cómo es posible que llevando ocho años viviendo en el mismo piso, con los mismos electrodomésticos de hace ocho años, siendo dos personas en casa que “se duchan lo mismo, comen lo mismo, ponen las mismas lavadoras, abren las mismas veces la puerta del frigorífico, etc, etc….” hayamos pasado de una media de 50 Euros en luz a unas facturas que llegan últimamente en la que ninguna baja de los ciento y pico Euros. Todo ello con la preocupación, más ahorrativa que otra cosa, de haber adquirido los electrodomésticos de esos ecológicos de ahorro energético, o teniendo precauciones de encender, por ejemplo, el calentador eléctrico sólo un par de horas de ducharse…

LA CESTA DE LA COMPRA.- Que yo antes, es verdad, soy quien lleva la economía y la intendencia de esta pobre comunidad de vida, salía a la compra con 30 Euros y más o manos organizaba la comida de toda la semana… y que ahora te echas a la calle con la misma cantidad “compras cuatro cosas” y llegas a la casa pensando “¡Pero si no he comprado nada, cómo se va el dinero!”… Que en esta casa el pescado fresco se ha convertido en un artículo de lujo que sólo comemos cuando alguien nos lo compra o nos lo regala; que llevo tiempo queriendo comprarme unos pantalones (o hacer unas fotocopias de un libro) y lo voy posponiendo, mes tras mes, porque lo considero un gasto superfluo y me da cargo de conciencia; que en estos ocho años “imprevistos” presupuestarios como “comprar unas gafas nuevas” (me las han roto en un par de atracos ¡anda qué robarle a un pobre, menudo atraco!), “comprar un frigorífico” porque se ha roto el anterior, de la noche a la mañana, y gracias que ya tenía ocho años (¡bye, bye, paga extraordinaria!), o llevar los perros al veterinario suponen ya de por sí una patada en la boca del estómago del presupuesto mensual. Añadámosle que no sabemos desde hace siglos lo que es ir al cine, o lo que es tomarse una cerveza o un café, legítimos, en la calle, que hemos dejado de relacionarnos con muchos buenos amigos porque “nos da vergüenza no tener dinero para seguir su ritmo, o más vergüenza aún que nos tengan que pagar o invitar”, que –por supuesto- artículos como la colonia, la ropa, las sábanas o las toallas entren en esta casa siempre “vía regalos de cumpleaños, santos o reyes” vía exterior, mientras que nosotros, a la inversa no correspondemos… Que nuestro único lujo, quizás, una vez recién cobrados sea ese mismo día, no lo dejes para mucho después, “llamar al chino” o al telepizza, como una especie de extra para que se note cierta novedad a primeros de mes… y ya no digamos llegar a fin de mes, que el nuestro empieza el día 15, si llegamos, después de pagar esos sablazos de gastos fijos como el agua, el teléfono o la luz, que se disparan y disparan sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué….

Y claro, no es lo mismo “vivir pobremente y con cierta coherencia” que “vivir pobremente porque te lo imponen las circunstancias”, tengamos en cuenta además que, si alguna pena nos queda, por todo lo anterior, es encontrarnos, de repente, con una situación que atender, o conocer una circunstancia peor que la nuestra (una familia que atender, alguien en la calle que necesita ayuda, o nuestra ENCARNA, esa anciana que vive sola, con 80 años, sin pensión, y un poco ya senil, de nuestro barrio, pero que sin embargo no olvida nunca tocar al interfono cada día 21 de mes, para que le hagamos un suministro de comida, mejor o peor, pero siempre…) y no tener medios para responder a ello, y tener que importunar a amigos, familiares, compañeros de trabajo, para hacer una colecta de urgencia ¡y no por nosotros, que es lo más grave, sino por ayudar a otros, pobres ayudando a más pobres!

Es verdad, no nos ha afectado la crisis, ni las decisiones políticas al respecto, porque la crisis sólo afecta a quienes, ahora mismo, están haciendo números para decidir, dentro del presupuesto familiar “si pagan la institutriz de los niños, si sacrifican el yate por las vacaciones en MARBELLA, o si el colegio bilingüe de los niños es o no un gasto superfluo” porque en lo que a nosotros se refiere, como nunca tuvimos nada de esto, no nos afecta la crisis, es verdad, porque “ya éramos pobres de antes”.