jueves, 7 de agosto de 2014

DESCENSO DEL MONTE CARMELO

4.- “SIGNUM JONAE”

Se dice que no hay nada como una experiencia límite, al borde de la capacidad humana de afrontar situaciones, para sacar a relucir tanto lo mejor como lo peor de la condición humana, aunque el balance siempre es, por lo general, positivo en este tipo de situaciones. Testimonios de ello los tenemos en la cantidad de detalles, basados en hechos reales que nos han transmitido películas como “LA LISTA DE SCHINDLER” o “EL DIARIO DE ANA FRANK” sobre el Holocausto nazi, por citar tan sólo un ejemplo.

Para todos que han absolutizado el amor de Dios sin Dios, haciéndose dioses ellos mismos y que han quedado cegados por ello, con todo su mal, para reconocer al hombre y su dignidad, y que se han negado a descender por la cuesta abajo de la realidad, o que habiéndola descendido nada han aprendido de ella, dijimos que más les valdría ponerse una piedra de molino al cuello y tirarse al mar, pero no porque fuéramos inmisericordes con ellos, sino porque quizás, cayendo al mar, aún les quedara una oportunidad para redimirse y descubrir, al menos, la humanidad que hay en ellos: Mediante la experiencia de la “señal de Jonás” ("signum Jonae"), la experiencia de tener que enfrentarse a su propia humanidad en soledad.

No hay nada como una experiencia de fracaso absoluto en todos los frentes en los que la persona se vea involucrada, para ver cómo se cierran las puertas y cómo desaparecen los amigos, y hasta el mismo Dios calla y guarda silencio, para palpar la SOLEDAD absoluta, el FRACASO radical y el ABANDONO total, para tener que sacar fuerzas de flaqueza, recurriendo a la propia capacidad de supervivencia, existencialista pura y dura, y descubrir la irreductible dignidad que anima el corazón del hombre.

Decía una persona que se confesaba agnóstica que su absoluta incertidumbre acerca de la existencia o no de Dios, en ciertos momentos, le causaba un sentimiento de una gran soledad, pero que para ser coherente con su propia afirmación de agnosticismo, al contrario, al saberse sola, ello le ayudaba a ser una persona exquisitamente tolerante, perfectamente comprensiva respecto de las actitudes, motivaciones e intereses de los demás, precisamente las actitudes que más escaseaban, según ella, entre los que se consideraban creyentes. Sin duda alguna ella tenía la clave del conocimiento del alma y del corazón del hombre. Esta persona manifestaba que de la Biblia tan sólo se sentía identificada con el texto de JONÁS en el vientre de la ballena, porque en sus palabras descubría una dosis de humanidad sublime (sin duda alguna porque no conocía el libro bíblico del QOHELET, que a nosotros se nos antoja más existencialista, vitalista y humano aún).

5.- “DESCENDIT AD INFEROS”

Para todos aquéllos atrapados en el Amor de Dios sin Dios, perfectos, autosuficientes, pseudomísticos, justificados y encumbrados, a los que ni el despeñarse con la rueda de molinoMONTE CARMELO abajo, ni la “cuesta abajo de la realidad”, ni la “señal de Jonás” han servido para desintoxicarlos del deleite y la recreación de su propia virtud, bondad y santidad, y no han sido capaces –ni siquiera un momento- de mirar abajo y tender una mano al hombre, y que siguen mirando con desprecio lo humano y mundano, y se ríen de los afanes de quienes vienen escalando conforme el método sanjuanista, les queda –como última posibilidad de redención el descender a los infiernos.

¿Descender a los infiernos? ¿por qué, que han hecho ellos –tan perfectos, tan buenos, tan amados de Dios- para merecer ese destino? Preguntarán horrorizados, y es que una vez más, su ceguera les impedirá comprender.

Es un artículo de fe, pues en el credo lo afirmamos, refiriéndonos a Jesucristo que murió bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, "descendit ad inferos", y resucitó al tercer día. 

No vamos a entrar en profundidades teológicas sobre el significado del descenso de Cristo a los infiernos, ya que nosotros vamos a derivar el tema por otros derroteros, porque… ¿Es necesario siempre encontrar la perfección en lo más alto? ¿por qué no en lo más bajo? Lo profundo, lo oculto y lo escondido también puede ser lugar en el que encontrar la perfección y encontrar el auténtico rostro de Dios; más incluso que en el fracaso y en la soledad de la “señal de Jonás”, es más útil para este propósito el infierno, este infierno constituido por el sufrimiento, la injusticia y la muerte oculta y larvada de tantos hombres y mujeres, hermanos nuestros.

Ya han pasado los tiempos, a pesar de que sigan siendo situaciones vigentes, en los que el sufrimiento humano se encontraba tan sólo en las guerras o el hambre, o en las penas y en las miserias que tanto gusta narrar a los misioneros para mover los corazones… Actualmente hay toda una cultura de muerte –denunciada por JUAN PABLO II en su encíclica "EVANGELIUM VITAE"- que se extiende silenciosa y calladamente, como el Ángel Exterminador del Éxodo, y ante esta situación no basta con mirar y decir “¡Señor, Señor!” para que las cosas se solucionen, sino en las que son precisas un profundo compromiso humano que impliquen una involucración activa de la persona en la solución de las mismas.


Nos estamos refiriendo a los ancianos que viven y mueren solos, a la soledad –que es el gran mal actual-, a la falta de horizonte de los jóvenes, a las injusticias sociales, al problema de la inmigración, la discriminación de los homosexuales, el desmembramiento del tejido social, el desmantelamiento de los derechos de los trabajadores, la desaparición del Estado social y de bienestar, al empobrecimiento gradual de las familias españolas, al aumento de los transeúntes y vagabundos en nuestras ciudades… Son los micro-infiernos que siembran la muerte, la soledad, la desesperación en los caminos del hombre de hoy, aquéllos que reclaman –insistimos- un mayor compromiso por nuestra parte y que quizás sirvan para mover el corazón de los perfectos, santos y justificados atrapados en la ambrosía y el néctar que destilan los que, creyéndose en posesión del amor de Dios sin Dios, contemplan todas estas situaciones desde lo alto del MONTE CARMELO que venimos tratando, y si después de haber intentado convencerlos para que desciendan no hay solución por su parte, sólo les queda escuchar las terribles palabras del Señor: “No todo el que me diga ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos”.

Aunque ellos creen que por gustar los deleites de la cumbre, acaso ya les falta menos para entrar en el Reino de los Cielos…