martes, 5 de agosto de 2014

DESCENSO DEL MONTE CARMELO

3.- LA FALDA DEL MONTE CARMELO: 

¿QUÉ ES EL HOMBRE, PARA QUE TE ACUERDES DE ÉL?

Otro grave síntoma de aquellos a los que se les ha dado a gustar –sin su mérito- la experiencia del amor de Dios y que, olvidando a Dios, se quedan, se recrean y se gozan en el mismo deleite de sí y por sí de este amor (es decir, en lo que hemos llamado "la mermelada de fresa") es experimentar en sí mismos una especie de pseudo-espiritualismo tan absoluto que, de plano, les lleva a considerar con verdadera repugnancia cuanto es humano y mundano.

Esto les pasa por asociar erróneamente la experiencia del amor de Dios, que les es propia frente a aquellos que no la han experimentado (sea por la razón que sea) con alguna especie de mérito o gracia abundante que sólo ellos poseen, algo así como si razonaran: "Qué excelso, puro y grato soy a los ojos de Dios que me ha manifestado su amor", por ello (como si del antiguo ritualismo judío sobre la impureza religiosa se tratara) les da pánico contaminarse con las cosas del mundo, que casi llegan a creerse seres cuasi angelicales atrapados en el mundo lodoso y fangoso de la humanidad, intentando proteger su excelsa gracia a toda costa de cualquier tipo de contaminación.

Semejante conclusión no sólo es falsa, errónea y perniciosa para su madurez y crecimiento espiritual, sino que además es del todo herética, pues niegan el Misterio (y el sentido descendente del mismo) de la Encarnación de Jesucristo en el hombre; olvidan que el amor de Dios no depende de nuestra pureza sino de su propia misericordia, pues como dijo Jesús: "No es a los sanos a quien viene el médico", ni San PABLO hubiera podido decir: "¡Oh, feliz culpa, que nos mereció tal redentor!"

De esta manera, para que descubran el auténtico sentido de la leyenda que reza en la cumbre del MONTE CARMELO de San JUAN DE LA CRUZ: En este monte sólo moran honra y Gloria de Dios, es preciso que se bajen a la falda, al encuentro del hombre, que como dijera S. IRENEO DE LYON: "Gloria Dei, homo vivens" (la Gloria de Dios es el hombre que vive). Llegados a este punto es preciso hacerles ver la grandeza y misterio del hombre.

a) ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

A estas personas que sienten aversión y terror por todo lo humano y mundano (entendido aquí mundano por todo lo que acontece al hombre) por aquello de que piensan y sienten así por haberse encumbrado en un espiritualismo mal entendido, hemos de suponerlos creyentes (¿no los ama Dios?), por eso argumentarles la grandeza y dignidad del hombre debería ser más fácil con ellos.

El hombre encuentra su dignidad inviolable en su ser imagen y semejanza de Dios, no en vano "contempló Dios todo lo creado y vio que era bueno, contempló al hombre y vio que era muy bueno", por eso este argumento junto con el acontecimiento histórico de la Encarnación de Jesucristo: "Tú eres mi hijo, mi amado, mi predilecto" (dicho de Jesús aunque predicable de toda la humanidad que él representaba), debería bastarles para entender la grandeza y el misterio del hombre.

Pero se puede ir un poco más lejos en este argumentación, partiendo de la base, que se nos antoja indefendible, que señalaba HOBBES de que "el hombre es un lobo para el hombre" (homo lupus homini est) que postula la maldad intrínseca del ser humano, nosotros vamos a defender la tesis contraria, es decir, que el hombre es bueno por naturaleza (como señalaba ROUSSEAU) y que es capaz de rastrear y encontrar la sede de su dignidad (sin recurrir a la idea de Dios) en su propia humanidad, en aquello que le distingue de todo cuanto existe: Su capacidad de raciocinio, la razón. Razón en virtud de la cual el hombre se descubre en sí mismo como un bien en sí mismo. Bien que se dispone a proteger mediante los mecanismos sociales de los que él se ha dotado, dando lugar a textos tan bellos como los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Proclamación de Independencia del estado de Virginia (1.776), o de la Revolución Francesa (1.789), o el Constitucionalismo Español, encarnado actualmente en la Constitución Española (1.978), o la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la ONU (10 de Diciembre de 1.948).

Sea como fuere, el hombre es tanto más precioso a los ojos de Dios que como lo es ante la propia conciencia de la humanidad dotada de razón y cualquier tesis contraria, aunque sea maquillada de un pseudo-espiritualismo bienintencionado difícilmente podrá ser tenida en cuenta por nadie que se diga hijo de Dios, o miembro de la comunidad humana, como dijera ARISTÓTELES: “el hombre es un animal social por naturaleza” es decir, el hombre sólo es humano en cuanto se relaciona y convive con otros seres humanos.

b) Lo hiciste poco inferior a los ángeles.

Esta sentencia del Salmo es la que verdaderamente aterra a los deleitados, autojustificados y perfectos atrapados en el amor de Dios sin Dios... Ellos, que son tan puros y que, por ello, sin duda alguna han sido agraciados con la experiencia del amor de Dios, se elevan hasta cotas tan sublimes, sicut angeli, que –como los ángeles- piensan tan sólo en llenar su trono de alabanzas, pero se han de conformar, aterrados, con seguir bregando en este mundo y esta historia nuestra.

Quienes así piensan suspiran, anhelan y se deleitan tanto en lo divino que olvidan literalmente la totalidad de sus compromisos personales, sociales, familiares, laborales e históricos. La comunidad humana en cualquiera de sus formas (estatal, social, familiar, etc, etc...) se resiente toda ella por la presencia de este tipo de sujetos que se convierten en auténticos parásitos de lo real, para vivir a costa de los ideales más sublimes aunque mal encauzados, constituyendo el principal contingente de los que han hecho de la religión opio del pueblo como diría KARL MARX, lastrando cualquier conquista humana.

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero,
vivo sin vivir en mí.

Con la sola justificación de que ésta es la forma de expresarse de quien ha gustado en toda su intensidad el amor de Dios, enfrentando la criatura con la grandeza de su creador, en una experiencia tan sublime que, por inefable, escapa a la comprensión de la razón humana y de la pobreza del lenguaje, tenemos que señalar que cualquier pensamiento que se manifieste de esta manera es, sencillamente, a nuestro modo de ver INACEPTABLE.

Inaceptable porque tamaña ausencia de compromiso con lo humano sólo puede ser calificada –para quien la defienda- de auténtico parasitismo social, insolidaridad humana y, lo que es más grave, falta de caridad cristiana (¿Cuándo te vimos desnudo y te vestimos, cuando en la cárcel y te visitamos, cuando hambriento y te dimos de comer, cuando sediento y te dimos de beber?), al contrario, si la Gloria de Dios es el hombre que vive NADA HUMANO NOS PUEDE SER AJENO.

c) Lo coronaste de gloria y dignidad (...) todo lo sometiste bajo sus pies.

NADA HUMANO NOS ES AJENO y todo cuanto participa de lo humano es sublime y digno de la misma preocupación, atención y reverencia; pues todo le ha sido sometido al hombre. Los sufrimientos, las luchas, las injusticias, los logros, los éxitos, las revoluciones, la historia, la ciencia, las letras, el arte, la filosofía, la religión, la cultura, la política, el mundo laboral, lo sindical, el trabajo, los avances... TODO CUANTO ES HUMANO ES PRECIOSO y nada de ello, a priori, puede ser considerado malo o mundano (en el sentido peyorativo de los pseudo-espiritualistas) y, por supuesto, nada de ello compite con la Gloria de Dios de la que tanto se llenan aquéllos la boca.

JUDIT invocó a Dios con la fidelidad y la piedad de un pueblo que se sabía condenado pero fue ELLA quien cortó la cabeza al gigante HOLOFERNES; ESTER cumplió con los preceptos del ayuno y el duelo de los judíos, pero fue ELLA quien deshizo la conjura palaciega, intrigando ella misma, que se cernía contra su pueblo; MARÍA fue visitada por el ángel pero fue ELLA con su sí la que hizo posible el Misterio de la Encarnación, con toda su implicación para la Historia de la Humanidad... Este es el sentido de la Orden Trinitaria (que ha cumplido recientemente ochocientos años de existencia) al decir "Gloria a ti, Trinidad, y a los cautivos, libertad", no dejan de atender las obligaciones propias de su estado religioso pero fueron ELLOS los que reunieron el dinero necesario, haciendo gestiones mundanas, para liberar a CERVANTES de las prisiones de Argel. Jesucristo afirmó, frente a los que negaban la resurrección que el Dios de ISAAC, de JACOB y de ESAÚ era un Dios de vivos y no de muertos, y de la misma manera insistimos en que NADA HUMANO NOS PUEDE SER AJENO, o de lo contrario negamos la esencia del Dios que decimos confesar.

Los que vienen subiendo el MONTE CARMELO al modo sanjuanista saben que han de negarse a sí mismos, a todo deleite por lo creado y lo existente, de las criaturas, los gozos, las alegrías y los deleites, del saber, el tener, el poder y aún del ser, pero todo ello como condición y medio para poder alcanzar la cumbre, nunca como un absoluto; al contrario de los que se encuentran en la cumbre del Monte por haber gustado el amor de Dios sin su mérito, no estando dispuestos a renunciar a nada para conservar su puesto en la cumbre, por ello les urge deshacer el camino retornando a la realidad, para recuperar el paladar por las cosas del hombre, ya que "la mermelada de fresa" les ha embotado los sentidos. Para ellos, en este caso, es preciso, de nuevo, venir en gustarlo todo.