miércoles, 9 de julio de 2014

TODO SALDRÁ BIEN

Santa JULIANA DE NORWICH (1342-1416) es una mística inglesa de la que muy poco se sabe y que pasa desapercibida a la gran mayoría de los cristianos, pero que nos ha legado una de las manifestaciones más grandes de la esperanza, sus palabras "Al final todo saldrá bien" que le fueron reveladas por Jesucristo, durante una cuaresma en la que estuvo muy enferma, y de cuyos apuntes personales escribió su única obra "Revelaciones del Amor de Dios" en el año 1393, que tiene el mérito, aparte del teológico, de que es la primera obra en lengua inglesa escrita por una mujer. Ella vivía como anacoreta y ermitaña en la celda anexa a un convento, lo que solía ser bastante frecuente en la Edad Media. 

Hay que decir que no tuvo más revelaciones, ni visiones, salvo la mencionada, a lo largo de toda su vida, y que en su obra se destila, pese a que nos encontramos en el medievo, una visión teológica de Dios muy alejada a la de sus contemporáneos, en la que hay una visión esperanzada y optimista de la acción de Dios en el mundo y la pobre respuesta humana; a ella no le preocupa tanto la existencia del infierno o el castigo divino porque considera que hay un misterio mayor que lo anula todo, que es la infinita misericordia de Dios y es la primera que se refiere muchas veces, siendo por ello considerada como pionera del feminismo, al amor de Dios como el amor de una madre.

Paradójicamente, la Iglesia católica la venera como santa por la claridad de sus visiones, su experiencia mística y el contenido de su obra; mientras que, precisamente, por los aspectos poco ortodoxos de su obra -como hemos dicho diametralmente opuesta a la teología condenatoria y de infierno existente en la Edad Media- también es venerada por los anglicanos y los protestantes ingleses, como precursora de la Reforma, motivo por el que se encuentra una imagen suya en la fachada de la Catedral de NORWICH.

Os comparto, de "Las Revelaciones del Amor de Dios", por tanto, su texto más célebre, el que hace referencia a la promesa de Jesucristo, de que "pese al pecado, pese al sufrimiento, al final, todo saldrá bien":

TODO SALDRÁ BIEN

El Señor Jesús me repite con mucha frecuencia estas palabras: “¡Soy yo! ¡Soy yo! ¡Soy yo el Altísimo, Soy yo al que tú amas, Soy yo el que es tu felicidad, Soy yo al que tú sirves, es por mí por quien suspiras, Soy yo el que tú deseas, es en mí en quien tú piensas, Soy yo tú todo, Soy yo el que la Santa Iglesia te predica y te enseña, Soy yo que me he mostrado aquí a ti”.

El número de palabras que entendí sobrepasa mi entendimiento y mis facultades, pero sé que eran sublimes y la alegría que experimenté al escucharlas supera todo lo que el corazón podría anhelar y el alma desear. Por eso que no puedo referirlas aquí, pero que cada uno, según la gracia que Dios le dé en el entendimiento y el amor, las reciba con el sentido que nuestro Señor quiere.

Después de esto el Señor me recuerda el intenso deseo que yo tenía de poseerlo y vi que sólo el pecado podía ser obstáculo. Volví entonces la mirada hacia todos nosotros en general y pensé: "Si el pecado no hubiera existido, entonces todos hubiéramos sido puros y semejantes al Señor, tal como él nos creó”.

Así, en mi simplicidad, me había preguntado con frecuencia en el pecado por qué la sabiduría previsora de Dios no había impedido la irrupción del pecado en el mundo, porque entonces todo hubiera sido bueno. Hubiera debido rechazar esta preocupación que me sumergía en una tristeza y un abatimiento poco razonables y exagerados.

Pero Jesús, que me manifestaba en esta visión todo lo que me convenía conocer, me respondió con estas palabras: “El pecado era necesario, pero todo saldrá bien, sí, todo saldrá bien, absolutamente todo saldrá bien”.

Con esta sola palabra, pecado, el Señor trajo a mi espíritu todo lo que no es bueno; el desprecio infamante, el anonadamiento completo que soportó por nosotros en esta vida y hasta su muerte; pensé en todas las penas, todos los sufrimientos de espíritu y de cuerpo soportados por todas sus criaturas; porque todos nosotros somos en cierta medida aniquilados, lo seremos siguiendo a nuestro maestro, Jesús, hasta que no seamos enteramente purificados, nuestra carne de muerte y todos nuestros malos afectos del alma.  Pensando en todo esto y en todos los sentimientos que han existido siempre y existirán, comprendo cuanto la Pasión de Cristo los supera a todos.

Todo esto se me presentó en el espacio de un instante, después se cambió rápidamente en consolación porque nuestro Buen Señor no quería que el alma se espantase con este terrible espectáculo.

Pero no fue el pecado lo que vi porque estoy convencida de que el pecado no tiene substancia ni existencia propia y no puede conocerse sino es por la pena que causa. Pero la pena sí existe por un tiempo, en mi opinión porque nos purifica, nos hace conocernos mejor a nosotros mismos y pedir perdón.

La Pasión de Nuestro Señor nos da fortaleza contra el pecado y el sufrimiento por la bendita voluntad de Dios. Debido al tierno amor que nuestro Buen Señor siente por sus elegidos, nos reconforta prontamente diciéndonos con dulzura: “En verdad el pecado es causa de todo este sufrimiento pero todo saldrá bien”.

Estas palabras fueron pronunciadas muy tiernamente, sin mostrar el menor reproche ni hacia mí, ni hacia ninguno de sus elegidos. En consecuencia, sería de una enorme ingratitud reprochar a Dios mi pecado o asombrarme de él puesto que él no me lo reprocha.

Y en estas palabras vi un misterio maravilloso y profundo, oculto en Dios, misterio que nos revelará plenamente en el cielo y en esta revelación veremos la razón por la que permite el pecado y con esta visión nos alegraremos sin fin en Dios nuestro Señor.

Sin embargo, al considerar todas estas cosas me quedé inquieta y triste y expresé mi preocupación a Nuestro Señor con gran temor: “¡Ah! Mi buen Señor ¿cómo puede acabar todo bien después del gran mal que ha sufrido la criatura por el pecado?”. Al decir esto yo ansiaba, mientras me atrevía a preguntarle, recibir una explicación más clara sobre este tema para reconfortarme.

Entonces Nuestro Señor respondió dulcemente con un aire muy animoso. Me enseñó que el pecado de Adán era el mayor mal que se había cometido o pudiese ser cometido hasta el fin del mundo. Me enseñó también que este pecado es abiertamente reconocido por toda la Santa Iglesia sobre la tierra. Además me invitó a considerar la gloriosa satisfacción hecha por este pecado, satisfacción incomparablemente más agradable y que le daba más gloria que la pena causada por el pecado de Adán.

Después el Señor me hizo comprender que sería bueno retener esto: “Puesto que, dijo él, he reparado el mayor mal, quiero que sepas así, que repararé también el menor”.

ACOTACIÓN MUSICAL

Os dejo, finalmente, con esta canción, típica del folklore de la región inglesa de NORWICH, del músico y floklorista SIDNEY CARTER, titulada "Bells of Norwich" ("Campanas de Norwich") que traducen al lenguaje musical, al folklore y al sentir popular la teología y al experiencia vital de Santa JULIANA DE NORWICH:



La letra y la traducción son la que siguen:


Loud are the bells of Norwich
and the people come and go.
Here by the tower of Julian,
I tell them what I know.

Ring out, bells of Norwich,
and let the winter come and go
All shell be well again, I know.

Love, like the yellow daffodil,
is coming through the snow.
Love, like the yellow daffodil,
is Lord of all I know.

Ring for the yellow daffodil,
the flower in the snow.
Ring for the yellow daffodil,
and tell them what I know.

All shall be well, I'm telling you,
let the winter come and go
All shall be well again, I know.

Loud are the bells of Norwich
and the people come and go.
Here by the tower of Julian,
I tell them what I know.

All shall be well, I'm telling you, let the winter come and go.
All shall be well again, I know.
Altas suenan las campanas de Norwich
y la gente viene y acude.
Aquí, a los pies de la torre de Juliana,
les compartiré lo que yo sé.

Sonad, campanas de Norwich,
Y dejad que llegue el invierno,
y todo saldrá bien, otra vez, lo sé.

Amad, como el narciso amarillo,
que se abre paso entre la nieve.
Amad, como el narciso amarillo,
es el Señor de todo, lo sé.

Tocad, por el narciso amarillo,
la flor en medio de la nieve.
Tocad, por el narciso amarillo,
y entonces os contaré lo que sé.

Todo saldrá bien, os lo estoy diciendo,
dejad que llegue el invierno,
y todo saldrá bien, lo sé.

Altas suenan las campanas de Norwich
y la gente viene y acude.
Aquí, a los pies de la torre de Juliana,
les compartiré lo que yo sé.

Todo saldrá bien, os lo estoy diciendo,
dejad que llegue el invierno,
y todo saldrá bien, lo sé.