domingo, 6 de julio de 2014

LA CORONILLA DEL LEÓN DE JUDÁ


Pocas veces me acuerdo de mis sueños, pero de vez en cuando sucede, en una ocasión soñé que me encontraba visitando una especie de museo, me llamó la atención un cuadro, más bien un icono –del que tenía, en el plano consciente el perfecto conocimiento de que “no existía”, es decir, que no lo había visto antes-, en el mismo se veían los siguientes personajes (todos ellos de tez morena y grandes ojos almendrados, al estilo de los iconos coptos-egipcios): Un rey que siguiendo las instrucciones de un ángel que le señalaba al cielo, miraba a lo alto y contemplaba un león, junto a un inciensario, en otra especie de escena, dentro de la composición principal, el rey estaba tocando un arpa.

Le compartí lo que había visto a nuestro artista de la casa, @cuartapobreza, quien me pintó dicho icono, siguiendo mis instrucciones, aquí tenéis el resultado:



Evidentemente, la interpretación del sueño, o del icono, si lo preferís, es tarea que debo hacer yo, como destinatario del sueño: Tengo claro que “un rey que toca el arpa” es sin duda el Rey DAVID, el arpista, músico y compositor de todos los Salmos; mientras que una vez leí que en un evangelio apócrifo, citado por uno de los Santos Padres, hay un dicho de Jesús, cuyo tenor es el siguiente: “El que se sorprenda, reinará, y el que reine, descansará”, yo lo entiendo como que el que tiene un encuentro personal con Cristo y el Evangelio “queda sorprendido”, es decir, su vida adquiere una nueva dimensión, sus valores se trastocan, al modo del Reino de Dios, por eso, de la misma forma “reina”, porque a todos nos compete colaborar a la construcción del Reino de Dios, y finalmente “descansa” que es esa paz que nos da el tener la conciencia limpia, poder dormir tranquilos, confiar en el Señor y decir humildemente: “pobres siervos somos, lo que teníamos que hacer, lo hicimos”. En cuanto al “león”, no cabe duda de que se trata del LEÓN DE JUDÁ, uno de los títulos de Jesucristo, en el Apocalipsis, cuya visión sorprende al rey, y el inciensario hace clara referencia a la oración, por aquello que dice el Salmo de “suba, Señor, mi oración, como incienso en tu presencia”.

Cuando coleccioné la colección de fascículos del rosario que salió hace unos años, me di cuenta de la gran cantidad de oraciones y tradiciones de “rosarios o coronillas” que hay, algunas las conocía como el “Rosario”, evidentemente, o el “Rosario Misionero” o la “Corona de la Divina Misericordia”, pero hay otras más desconocidas como “La Corona o Rosario Franciscano” (más largo, el que llevan a la cintura).

Animado por todo lo anterior, me atreví a componer una “coronilla” al hilo del icono y de toda mi reflexión en torno a él, la llamé la CORONILLA DEL LEÓN DE JUDÁ y se reza “como un rosario”, repitiendo diez veces en cada una de las vueltas de un rosario normal cada una de las jaculatorias propuestas; iniciándose cada una de las decenas con la recitación del “Shemá, Israel” la oración de profesión de fe del pueblo de Israel, y concluyéndolas con un “Gloria”. Se llama del LEÓN DE JUDÁ porque todas las jaculatorias van dirigidas a Jesucristo, reconociendo su carácter mesiánico, hasta su triunfo definitivo, y que es llamado “León de Judá” en el Apocalipsis (Apocalipsis 5, 5): “No llores; ha vencido el león de la tribu de Judá, retoño de David”

Todas las jaculatorias, aunque os resulten extrañas, están tomadas de pasajes bíblicos, concretamente de los “Cantos del Siervo” del profeta ISÁIAS, donde va desvelando, a pinceladas, las características del “Siervo de Dios”, esto es, del Mesías, a las que luego les dio cumplimiento, fielmente, el propio Jesucristo:

Primera Decena

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor.

“Hijo de David, como cachorro de león, que se lanza desde el corazón de Dios, eres alianza de las naciones y luz de los pueblos (Isaías 42,6) (Se repite diez veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Segunda Decena

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor.

“Hijo de David, como cachorro de león, que se lanza desde el corazón de Dios, los reyes te ven y se ponen de pie (Isaías 42,7) (Se repite diez veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Tercera Decena

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor.

“Hijo de David, como cachorro de león, que se lanza desde el corazón de Dios, tus heridas nos han salvado (Isaías 53,5) (Se repite diez veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Cuarta Decena

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor.

“Hijo de David, como cachorro de león, que se lanza desde el corazón de Dios, si el Señor nos salva ¿Quién nos condenará? (Isaías 50,9) (Se repite diez veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Quinta Decena

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor.

“Hijo de David, como cachorro de león, que se lanza desde el corazón de Dios, recibirás tu parte entre los grandes (Isaías 53,12) (Se repite diez veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Letanías

El rezo de la Coronilla del León de Judá termina también con una especie de letanías, a cuya invocación la respuesta siempre es la misma, se contesta diciendo siempre "Es el león de Judá":

I.- ¿Quién ruge y habla el profeta (Amós 3, 8)?                                    
II.- ¿Quién sale de caza y tiemblan los malvados (Ecclo 27,10)?             
III.- ¿Quién se echa en paz junto al cordero (Isaías 11, 6)?                    
IV.- ¿Quién no ataca al asno inocente (1 Reyes 13)?                             
V.- ¿Quién teme al canto del gallo[1]?                                  
VI.- ¿Quién no ataca al hombre postrado[2]?                         
VII.- ¿Quién romperá los sellos abriendo el libro (Apocalipsis 5,5)?              
VIII.- ¿Quién vela por nosotros aún si duerme[3]?                  
IX.- ¿Quién rescata a sus hijos de la muerte[4]?                    
X.- ¿Quién se escoge a los que le siguen[5]?                          

Y si queréis "rematar la faena" con algún canto de alabanza, os propongo éste, que es de la RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA y titulado, precisamente, EL LEÓN DE LA TRIBU DE JUDÁ. 



Esta coronilla que os propongo no pasa de ser una mera devoción particular que, no obstante, rezo casi todos los días, sobretodo cuando voy a trabajar, os la comparto por si al alguien más le ayuda en su oración personal, al fin y al cabo "abundar en la oración" no es malo, ni daña a nadie, aunque, en la modesta experiencia de intercesión de quien suscribe, atendiendo a lo dicho en el Apocalipsis (Cfr. 5,5) "No llores, mira que ha vencido el león de la tribu de Judá", lo cierto es que cuando la he rezado, confiando en su victoria, mi oración ha sido escuchada....




NOTAS.-

[1] Los antiguos "bestiarios medievales" (catálogos pretendidamente científicos de animales) creían que el león se asustaba tan sólo del canto de un gallo, era una forma de establecer una semejanza entre Jesucristo, como León de Judá, y la negación de Pedro, denunciada con el canto del gallo.
[2] Los antiguos "bestiarios medievales" creían que esto era así de la misma manera en que el Señor es “lento a la cólera, rico en clemencia
[3] Los antiguos "bestiarios medievales" creían que los leones dormían con un ojo abierto, siempre vigilantes, como de la misma forma estuvo Cristo, muerto, en el seno de la tierra.
[4] Los antiguos "bestiarios medievales" afirmaban que la leona paría muertos a sus cachorros, que revivían cuando su padre exhalaba un gran rugido sobre ellos, como Jesucristo resucitó al ser llamado por Dios Padre.
[5] Esta letanía está basada en el dicho de Jesús “Mi secreto para mí y para los de mi casa” que consta en una homilía de San CLEMENTE, 19, 20)