domingo, 13 de julio de 2014

LA CARTA DEL DOMINGO - INTRODUCCIÓN


La llamada “Carta del Domingo” es un texto apócrifo que, sin embargo, ha tenido muy poco predicamento entre los estudiosos y los expertos, debido, sin duda alguna a lo curioso de su origen, pues se puede afirmar que es el único texto apócrifo existente de origen hispano –como más adelante se verá- pese a la gran difusión que tuvo desde su aparición. Quizás por su origen tan poco exótico, o por su contenido tan poco sensacionalista, frente a esos otros sensacionalistas descubrimientos de otros textos apócrifos, más interesantes o reveladores, como los de las cuevas del QUMRÁM (los famosos "rollos del Mar Muerto"), o los papiros de la localidad egipcia de NAG-HAMMADI (muchos de ellos de contenido gnóstico), o de pretendidas textos ocultos y misteriosos contrarios a la doctrina eclesial oficial (pensemos en el sensacionalismo de la existencia de "El Evangelio de MARÍA MAGDALENA" o "El Evangelio de JUDAS"no haya suscitado el interés que se merece, siendo así que salvo AURELIO DE SANTOS OTERO, en su obra "Los Evangelios Apócrifos" de la editorial BAC, son pocas las referencias y estudios que encontramos de este texto.

Si curioso es su origen, es decir un apócrifo de redacción genuinamente hispana, más curioso es su contenido, ya que este texto se podría titular, perfectamente, “Apología del Domingo”, ya que la finalidad de su redacción y pretendida aparición milagrosa, no es sino inculcar en los fieles la devoción por el Domingo, la observancia del descanso dominical y el debido respeto a la Santa Misa y otros sacramentos, todo ello mezclado con otras prescripciones (algunas de un contenido social muy avanzado), bajo la constante amenaza de toda una serie de calamidades y maldiciones, no sólo para quien no se crea el contenido de esta carta, sino también para quienes no la pongan en práctica, la copien y la difundan.

No obstante, pese a la escasa atención recibida por parte de los expertos y los eruditos bíblicos, no menos cierto es que su difusión y conocimiento, en su época fue sorprendente. Ya que de esta carta se encuentran versiones en griego, en latín, en siríaco, en copto, en lenguas orientales y eslavas, en inglés medieval y en gaélico (el dialecto irlandés) y aparece en gran cantidad de códices y documentos antiguos de uno a otro confín de la cristiandad. Se podría decir que en este caso la “tradición apócrifa” busca siempre explicar un “aquí” y un “ahora” para dotar al Misterio cristiano de dosis nuevas de emoción y estremecimiento que mantuvieran vivo el interés de los fieles, y los ayudara, en tiempos difíciles de herejías, guerras y convulsiones sociales, a mantenerse fieles en la ortodoxia.

Hemos adelantado antes que quizás esta “Carta del Domingo” sea el único testimonio que se conserva de un texto apócrifo, entendido como tal, en su sentido más académico, de origen hispano. Aunque para poder aseverar esta afirmación debemos retrotraernos a uno de los episodios más curiosos de la historia eclesiástica española:

Un tal VICENTE, identificado como Obispo de IBIZA, habría tenido conocimiento de la existencia en su diócesis de “una carta bajada del cielo” y, emocionado y conmovido por este hecho milagroso, lo pone en conocimiento de LICINIANO, Obispo de CARTAGENA, quien le responde en una carta de forma airada, criticando de forma despiadada el contenido de dicha carta, y aunque ciertamente no se sabe a qué carta es la que ambos obispos refieren en su correspondencia, no cabe duda, entre los autores e investigadores, de que se trata de “La Carta del Domingo”, en primer lugar por lo que menciona LICINIANO en su respuesta: “al principio de la misma carta se dice que trata del domingo” y en segundo lugar, que antes de esta correspondencia cruzada entre los mencionados obispos nada se sabe de dicho texto, pero a partir de este incidente se extiende (nos encontramos a mediados del Siglo VI), como reguero de pólvora, por toda la cristiandad.

El motivo de esta rápida difusión se encuentre en el texto mismo de la carta que conmina “dichoso el sacerdote que posea y lea esta (carta) ante el pueblo y la copie para (que llegue a) otras ciudades y países; en verdad os digo que encontrará su recompensa en el día del juicio y la remisión de sus pecados(Carta Domingo 8,26-27), de tal suerte que todos aquellos que se la creyeran pondrían en práctica dicho mandato, a fin de evitar las maldiciones y castigos inherentes al mismo, hasta el punto de poder afirmar que se trata de una de esas “cartas encadenadas” que más transcendencia ha tenido hasta nuestros días, pues, de hecho, sigue siendo publicada, copaiada y reenviada hasta hace bien poco, en muchos países, donde aún circula.

No obstante lo anterior, se ve que LICINIANO, obispo de CARTAGENA, no debía temer las amenazas de la carta dirigidas contra los incrédulos, ya que consta que mandó una enérgica respuesta al obispo VICENTE en la que le recriminaba por su credulidad, aunque hay que señalar que lo que enerva más a LICINIANO no es tanto la credulidad del obispo ibicenco –pues esto no pasaría de ser una mera devoción personal-, sino el que se haya leído en público incluso desde la misma cátedra de VICENTE, porque lo peor de todo es el contenido judaizante del texto por el rigorismo con que ensalza el Domingo y el descanso dominical, de forma análoga a como lo hacen los judíos con su "Shabbat", ya que es, en este punto, en el que centra sus críticas más furibundas.

Precisamente por la ausencia de referencias a esta carta, antes de este episodio epistolar entre LICINIANO y VICENTE, y su difusión posterior, es por lo que los autores consideran que la génesis y origen de este texto es genuinamente española, algunos afinan aún más el lugar, apuntando, por ser de VICENTE, Obispo de IBIZA, la primera carta que hace referencia a la "Carta del Domingo", que sea pues IBIZA el lugar de redacción de la misma, así como por otras circunstancias contextuales que analizaremos más adelante.

Una vez defendida la tesis de su origen hispano, como el único texto apócrifo de producción hispana que se conserva, no se puede decir lo mismo de su difusión y copias posteriores, que circularon a una gran velocidad por toda la cristiandad, denotando el uso y abuso –según qué autores- de nuestro texto en otras iglesias locales.

Si atendemos al origen hispano de este texto, su idioma de redacción será el latín, aunque su inmediata difusión posterior se realizó en casi todos los idiomas, así se pueden encontrar versiones (que difieren más o menos en su literalidad, por el efecto del deterioro que del texto original se hace por las sucesivas e indiscriminadas copias, movidas por el “efecto llamada” entre los fieles de las maldiciones para quien no se la crea, la copie y la difunda) griegas, siriacas, armenias, etíopes, árabes, latinas, rusas, rumanas, británicas, irlandesas y hasta flamencas, en BÉLGICA. Y hasta hace un par de siglos aún se podía comprar dicha carta, en formato folleto, en ATENAS y en JERUSALÉN, para los turistas y los fieles para su uso y devoción particular.

El texto griego, bastante contaminado por el paso del tiempo, y por la reiterada copia indiscriminada, no obstante, es coincidente y ha perdurado hasta nuestros días en tres grandes familias redaccionales, que abarcan siete textos, que son las siguientes: 

La “Redacción A” que comprende el Códice III.3 de la BIBLIOTECA BARBERINI (del año 1.497) y el Códice 925 de la BIBLIOTECA NACIONAL DE PARÍS (del Siglo XV).

La “Redacción B” que comprende el Códice G.VI.7 de la BIBLIOTECA CASANITENSE (ROMA, Siglo XVI) y el Códice Huntington 583 de la BIBLIOTECA BODLEIANA de la Universidad de OXFORD.

La “Redacción C” que comprende el mencionado folleto-souvenir existente en ATENAS, y que es del año 1.984. Y que aún se sigue vendiendo, por internet, al módico precio de 0’50 euros en la actualidad, como lo demuestra la portada del mismo que se ofrece en la página en la que se vende:

Como detalle curioso ya adelantamos que se trataba de uno de los fenómenos de “carta encadenada” más antiguo de la historia, que se puede rastrear, incluso, en los albores del nacimiento, ni más ni menos, que de los ESTADOS UNIDOSs, o sea, al otro lado del mundo conocido donde naciera la carta. Así, está atestiguada la existencia de gran cantidad de cartas y folletos, titulados como “Una copia de la carta escrita por nuestro Dios y Señor”, entre los años 1.761 y 1.815. Hay que indicar que muy pocas variantes se observan en el núcleo del texto, pese a las adherencias históricas del mismo, y sucesivos errores o añadidos de los copistas, así, por ejemplo compárese la incitación a la copia que se hace en nuestro texto (Carta Domingo 8, 23-28):

Maldito el sacerdote que no lea esta (carta) en público, pues cierra a los hombres el reino de Dios y ni entra él ni deja entrar a los que quieren. Dichoso el sacerdote que posea y lea esta (carta) ante el pueblo y la copie para (que llegue a) otras ciudades y países; en verdad os digo que encontrará su recompensa en el día del juicio y la remisión de sus pecados.

Con esta otra incitación a la copia contenida en una carta norteamericana del año 1.890:

Y el que tiene una copia de esta carta es como si me tuviera a mí mismo, lo que he escrito con mi propia mano, y lo que he hablado con mi propia boca, y quien no la publique y difunda no prosperará, pero quien la publique y la difunda a los demás, será bendecido por mí, y aunque sus pecados sean en número como las estrellas del cielo, si cree en esta carta, será perdonado, y si no cree en este escrito, y este mandamiento, yo le enviaré mis plagas sobre él, y le consumiré a él y a sus hijos, y sus ganados.

Según algunos autores, expertos en este fenómeno de las “cartas en cadena”, en ALEMANIA ya existía una pretendida “carta caída del cielo”, incluso anterior a nuestro texto, denunciada por HIPÓLITO DE ROMA en el Siglo III. Aunque para este autor la más antigua de la que se conserva su texto completo es la titulada como “Carta del Cielo sobre la observancia del día del Señor” (o sea, nuestra “Carta del domingo”), y todavía en el Siglo VI, habría sido denunciada por San BONIFACIO como  un "trabajo chapucero de un loco o del mismo diabloLo que demuestra el increíble alcance y difusión que mereció este humilde, aunque apócrifo, y un tanto apocalíptico, texto de origen español.

Esperamos haberos suscitado la suficiente curiosidad, como para compartiros, mañana, el texto íntegro de la así llamada "Carta del Domingo", insistimos, único apócrifo de origen español.