lunes, 21 de julio de 2014

BENEDICTO XV: EL PAPA DE LA PAZ


He visto la TDT en la DISCOVERY MAX, que a partir de hoy lunes se van a emitir una serie de documentales históricos sobre la I GUERRA MUNDIAL, de la que se "conmemora" ahora el primer centenario, toda vez que principió en el año 1914. He puesto "conmemora" entre comillas porque me suscita la siguiente pregunta:

¿Qué se "celebra" en la "conmemoración" del aniversario de una guerra? Evidentemente no podemos conmemorar, ni celebrar, el hecho de la guerra en sí, porque ese no es motivo de festejo alguno, más bien de sufrimiento y dolor, podríamos, y eso sería legítimo, y hasta muy bueno, conmemorar y celebrar que hemos aprendido del acontecimiento, como se suele decir, para no repetirlo en el futuro, porque eso significaría que ya no hay más guerras, ya hemos escarmentado... pero no es así, porque si echamos la vista atrás, hacia el desolador panorama de la primera Gran Guerra Mundial y luego miramos a presente, seguimos encontrando guerras y conflictos a nuestro alrededor: GAZA, IRAK, UCRANIA, VENEZUELA, SIRIA... por mencionarlas de las más recientes a las más alejadas en el tiempo, o sea que nada hemos aprendido.

Hemos asistido, con esperanza y hasta cierta incredulidad, humana, o no habríamos rezado tanto, al acontecimiento profético llevado a cabo por el Papa FRANCISCO, en unión con el Patriarca Ecuménico BARTOLOMEO I, a una jornada de oración mundial por la paz, presidida por él e invitando a las máximas autoridades de PALESTINA e ISRAEL, intercediendo, con lo mejor de la oración de intercesión de cada una de las tres grandes religiones monoteístas, implorando "al único Dios verdadero" por la paz en JERUSALÉN (y lo que ella implica, por extensión, todo ORIENTE MEDIO), la más santa de las ciudades. Y al ver que los acontecimientos se desbocaban hasta la situación actual de conflicto, un auténtico enfrentamiento entre DAVID y GOLIAT, o no se explica la disparidad de medios y de muertos en cada uno de los bandos en conflicto, con imágenes que laceran cualquiera de las conciencias medianamente de bien de los espectadores anodadados de esta nueva guerra, nos preguntábamos, quizás como ABRAHÁN inquiriendo a Dios sobre la suerte de SODOMA y GOMORRA "¿Ha servido de algo nuestra oración?"... No hay respuesta o es difícil aventurarla, debemos mantener "la esperanza que no defrauda" y unirnos al grito unánime de la humanidad, que gime diciendo "desde lo hondo a ti grito, Señor", en el firme convencimiento de que, con todo, como dice el Salmo "mucho le cuesta al Señor, la muerte de sus hijos" (Salmo 115,15).

Por eso quiero hablaros de la figura de BENEDICTO XV, un Papa del que pocas veces se habla, se dice nada o se recuerda su magisterio (salvo cuando fue elegido BENEDICTO XVI, por aquello de querer buscar conexiones e influencias); quizás ahora, al socaire de estas conmemoraciones de la Primera Guerra Mundial se haga más mención de su figura, no en vano, fue el Papa que tuvo que enfrentar el problema, inaudito, de una guerra a escala mundial, y hemos de decir que supo responder con creces, con humanidad y misericordia, no sólo como se esperaba de la Iglesia, sino como se esperaba de su propia humanidad.

El inicio de su pontificado coincidió prácticamente con el inicio de la propia guerra, lo que motivó que su primera Carta Encíclica "AD BEATISSIMI APOSTOLORUM" analizara las causas del conflicto, denunciara los intereses y egoísmos de las partes en conflicto y sobre todo anunciase la más absoluta imparcialidad de la Iglesia en el conflicto, lo que disgustó a los países en conflicto, y es que él se marcó desde siempre tres principios de actuación: Absoluta imparcialidad, socorro y ayuda a las víctimas e iniciativas en pro de la paz.

Fue el inspirador de la llamada "Tregua de Navidad", idea que lanzó el 7 de Diciembre de 1914 y que propugnaba que, al menos, durante el 24 de Diciembre, día de Navidad, no se disparara en las trincheras, lo que fue secundado, al menos oficiosamente, pues lo cierto es que los soldados, tanto británicos como alemanes, que tantas vidas se dejaban defendiendo posiciones y trincheras, dejaron ese día las armas, para celebrar juntos la navidad: Hay fotos de soldados jugando al fútbol, cocinando juntos, intercambiando direcciones, fotos y recuerdos, cantando villancicos, incluso enterraron conjuntamente a los difuntos que no habían podido recoger hasta la fecha... en algunas trincheras este ánimo de paz se mantuvo durante meses incluso...

...y en este punto es en el que me doy cuenta de cuán absurda es la guerra, no hago sino preguntarme ¿Cómo es posible que a quien antes disparaba ahora esté sentado conmigo a la mesa? ¿Cómo es posible que la persona con la que he estado compartiendo las fotos de mis hijos sea la misma a la que he de disparar mañana? ante este absurdo, esta paradoja de la condición humana, capaz de lo más bajo y rastrero, como también de lo más sublime, llego a la conclusión de que los soldados no querían matar, ni luchar, que como siempre son peones inocentes de sus mandos, de sus jerarquías de sus gobiernos... Al final hay que matar u disparar porque "lo mandan los de arriba" que si por nosotros fuera, seguiríamos aquí, tan amigablemente, charlando de nuestras cosas... Una prueba de ello es que, a partir de esta tregua de Navidad de 1914, los mandos de ambos ejércitos dispusieron que "una vergüenza así (vista desde el punto de vista militar, claro está) no podía volver a repetirse" por lo que se estipuló que si la guerra duraba más, de hecho duró hasta 1918, en la víspera de Navidad se recrudeciesen los bombardeos y los ataques sobre las ciudades, para que nadie olvidara que, en efecto, se estaba en guerra.

En otro orden de cosas, BENEDICTO XV promovió y ayudó también a iniciativas como los intercambios de prisioneros, la asistencia de capellanes en todos los bandos, favoreció y alentó la labor de la CRUZ ROJA, que también tuvo que emplearse a fondo por aquellas fechas, aunque llevaba varios años ya fundada. Posteriormente en su Carta Encíclica "PACEM, DEI MUNU PULCHERRIMUM" del año 1920 sentó las bases que, al sentir de la Iglesia, debían tenerse en cuenta para que una guerra de esas dimensiones no se volviera a producir, y antes, en el año 1919, había mandado observadores de la Iglesia a la conferencia de paz del TRATADO DE VERSALLES.

No estaría mal, aparte de seguir rezando, redescubrir la figura de BENEDICTO XV, el Papa de la Paz, sobrenombre con el que ha pasado a la historia y releer, aunque sea por encima, someramente, los documentos anteriormente indicados, para ver si, al menos en nosotros vamos construyendo las bases de la paz, para poder ser mensajeros de paz y portadores de paz en el mundo.