domingo, 8 de junio de 2014

PENTECOSTÉS:
LA TIERRA DEL SEÑOR ES SU PUEBLO DE ALABANZA


La fiesta que celebramos hoy, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos con MARÍA, aconteció históricamente el día de la fiesta judía de PENTECOSTÉS (que en hebreo se dice SHAVUOT), conforme nos dice la Escritura "al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos" (Hechos 2,1), de ahí que el nombre litúrgico de esta fiesta cristiana haya conservado su nombre judío, fiesta en la que, por cierto, el pueblo judío celebraba la fiesta de los primeros frutos. 


El Señor, que es un pedagogo excelente, escogió esa fecha para entregar a su pueblo, la Iglesia naciente, de la misma manera, los primeros frutos de la resurrección de Jesucristo, esto es, el cumplimiento de la venida del Espíritu Santo para que toda la Iglesia,como conjunto de los bautizados, pudiese decir a una sola voz "Jesucristo es el Señor para Gloria de Dios Padre" (Filipenses 2,11).


Si hemos de motivaros de alguna manera para vivir este día de Pentecostés, y que nos prepare para renovar en nosotros la efusión del Espíritu Santo, no es preciso innovar, ni decir cosas nuevas, si ya tenemos el testimonio de los que nos precedieron, es decir, "nuestros hermanos mayores en la fe", ya que el pueblo judío, tiene la costumbre en esta fiesta de leer íntegramente el Libro de Rut, la espigadora, una bella narración de fidelidad, entre una suegra, NOEMÍ y su nuera, RUT, que transcurre durante el tiempo de la cosecha. Por eso vamos a ser fieles a lo que es válido, y vamos a usar esta bella historia como hilo conductor de este artículo.

En una ocasión, en la que asistí a una Asamblea Nacional de la Renovación Carismática Católica (RCC), uno de los ponentes, en su enseñanza, dijo una cosa que me tocó el corazón, y sobre la que insistió en varias ocasiones, y que quiero compartir con vosotros. Ciertamente que él la decía refiriéndose a la RCC, aunque qué duda cabe de que podía ser dicho sobre la totalidad de la Iglesia: "La tierra del Señor es su Pueblo de Alabanza". 

Reflexionemos ahora sobre la idea de "pueblo", sabido es que en la Palabra de Dios, sobre todo en el Antiguo Testamento, constantemente ISRAEL se refiere a sí misma como el "pueblo de Dios, el pueblo escogido", pero este es un concepto absolutamente excluyente en la mentalidad judía veterotestamentaria, en efecto, esta conciencia de ser "el pueblo de Dios" hacía de los israelitas los más nacionalistas, los más integristas, con tanta conciencia de ser el "pueblo escogido por Dios" que todas las demás razas, pueblos o
naciones no significan nada, ni a los ojos de Dios, y por supuesto, a sus propios ojos como nación, por eso evitan todo tipo de contagio y contacto con el resto de los pueblos, a los que consideran como meros paganos y extranjeros, de esta manera se entiende que sea pecado tocar a un pagano, o que sea un delito, penado incluso con la muerte, el casarse con mujeres extranjeras.

Sin embargo, la historia de RUT  y NOEMÍ, por vez primera en la historia de ISRAEL, suaviza esta tensión con los pueblos extranjeros, hasta el punto de que una extranjera, de la región de MOAB, por nombre RUT, viene a formar parte del pueblo de ISRAEL, gracias a la fidelidad y el amor que siente por su suegra, NOEMÍ. NOEMÍ ha perdido, como consecuencia de una hambruna que se extendía en la región, a su esposo y a sus dos hijos. Quedan viudas pues, la suegra y las dos nueras, sin hombres que traigan sustento a casa, y sumidas en la pobreza y la soledad. NOEMÍ tiene parientes en BELÉN, y decide regresar a su pueblo, aconsejando a sus nueras que hagan lo mismo. Una de ellas acepta, pero la otra, RUT, entre sollozos le dice:

A donde tú vayas, iré yo,
donde tú vivas, viviré yo,
tú pueblo es el mío,
tú Dios es mi Dios,
donde tú mueras, allí moriré yo,
Y allí me enterrarán.

(Rut 1, 16-17)

Estas palabras son de una belleza tan estremecedora y ponen de manifiesto un compromiso de vida tal entre dos personas que, en las primeras comunidades cristianas, éstas eran las palabras que usaban los novios, en la celebración del matrimonio cristiano, para intercambiarse los votos esponsales.

¿Y cómo se llega a formar parte de esta tierra del Señor, que es su pueblo de alabanza? Si pensamos en la RCC, como pueblo de alabanza del Señor, como corriente de gracia del Espíritu Santo para la Iglesia (en definición de la RCC dada por el Cardenal SUENENS, y recordadas hace poco por el propio Papa FRANCISCO en su encuentro con la RCC Italiana) ciertamente, nadie llega a este pueblo porque le haya llegado una invitación formal, nadie ha recibido una carta en su buzón, tampoco ha visto una convocatoria en la puerta o el tablón de anuncios de su parroquia, ni nos hemos enterado por los medios de comunicación, entonces…. ¿Cómo hemos llegado cada uno de nosotros hasta aquí, a ser parte de este pueblo de alabanza? Sencillamente porque, en un momento dado de nuestra vida, se cruzó en nuestro camino una NOEMÍ, que nos invitó a acompañarla a su pueblo. Alguien, que nos amaba sobremanera, quiso compartir con nosotros su tesoro más preciado, porque nosotros le importábamos y nos mostró aquello que tenía: Su fe y su vivencia personal y real de que "Jesús es el Señor, lo que no puede afirmarse sino es  por el Espíritu Santo" (1 Corintios 12,3).


Dediquemos unos minutos a recordar y rezar por nuestra NOEMÍ particular, la persona que nos trajo de la mano para que  también nosotros formáramos parte de este pueblo de alabanza, que es la tierra del Señor, ya sea la RCC, o la misma Iglesia. Pensemos en ese catequista, en ese sacerdote, en ese religioso o esa religiosa, en ese amigo, en nuestros padres, o en nuestros abuelos, o en ese vecino, o compañero del trabajo: ¿Quién te enseñó a amar y vivir de verdad de forma comprometida en la Iglesia? Os invito a que hoy, día en el que la luz y el fuego son símbolo por excelencia, cada uno de nosotros, encendamos una vela, y la coloquemos en casa en un lugar bien visible, para recordar a cada una de nuestras NOEMÍS particulares, de esta forma, podremos hacer realidad las palabras de San Pablo: “Y así, pues, rodeados de una nube tan densa de testigos, desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala” (Hebreos 12, 1), porque estos testigos son los que nos trajeron a esta tierra del Señor, que es su pueblo de alabanza, los que nos mostraron y nos enseñaron a vivir de verdad como Iglesia, como RCC.

NOEMÍ, una vez en BELÉN, se muestra como una mujer inteligente y sagaz, en el buen sentido de la palabra. Sabe que, aunque haya sido acogida por sus parientes, junto con RUT, su nuera extranjera, carecen de medios, están solas y pasan hambre. Por eso le dice a su nuera: "Vete a los campos, donde siegan los hombres, y vete detrás de ellos, espigando lo que se les quede sin recoger, así al menos nos sustentaremos" (cf. Rut 2, 22). No nos debe extrañar este consejo: era una norma, del levítico, que los huérfanos y las viudas, en tiempo de cosecha, pudieran ir detrás de los segadores, espigando aquellas espigas que se escapaban a la siega principal, era una forma de garantizar su sustento.

El Señor nos ha dado, de la misma manera, campos llenos de trigo, de frutos de toda clase, en la tradición hebrea, los frutos de esta fiesta son los higos, el trigo, la cebada, las aceitunas, las granadas, los dátiles, para que sean recogidos por los hombres a manos llenas, este es el sentido primigenio de esta fiesta. Y desde aquél primer fruto, en PENTECOSTÉS, que fue el nacimiento de la Iglesia, la Iglesia no ha dejado de dar sus frutos, pensemos por ejemplo, en los más recientes y contemporáneos:

-Este pueblo ha conocido "campos llenos de alabanza", ya sea en la RCC, en sus comienzos en la Universidad de PITTSBOURGH, en estadios llenos de gente con las manos alzadas alabando a su Señor, ya sea en la Iglesia, con el increíble testimonio orante, por ejemplo, de los jóvenes durante la JMJ de MADRID, orando, alabando, adorando, impasibles bajo aquella terrible tormenta que a todos nos sobrecogió.

-El Señor ha dado a este pueblo "campos llenos de música", en sus ministerios de música, como el más potente y conocido de todos ellos, el de Maranathá de la RCC en MADRID, y para la Iglesia autores como Monseñor MARCO FRISINA, cuyas obras verdaderamente "tocan el corazón y conmueven el alma", o en cantautores cristianos como la conocidísima Hermana GLENDA.

-El Señor ha dado a este pueblo "campos llenos de palabra", de enseñanza y de predicación, valgan el testimonio de PEDRO REYERO, o CHUS VILLAROEL, en el caso de la RCC, y en la Iglesia universal, predicadores como RAINIERO CANTALAMESSA, o las célebres catequesis de CHIARA LUBICH, o las cartas de ROGER DE TAIZÉ.

-El Señor ha dado a este pueblo "campos llenos de profetas" que constantemente nos interpelan en nuestra fidelidad al Evangelio: la Madre TERESA DE CALCUTA, Monseñor OSCAR ROMERO, el niño asesinado IQBAL MASIH, el poeta y obispo PEDRO CASALDÁLIGA...

Siguiendo con el paralelo de la historia de RUT, cabría preguntarnos: ¿Quiénes son los hombres que siegan? ¿Por qué vamos ahora, detrás de ellos, como Rut, espigando los restos de aquellos campos llenos de frutos?

El Señor me ha dado entender, o no hubiera preparado esta catequesis, con toda claridad, que "estos hombres que espigan", por delante de nosotros, son la primera generación de la RCC y de la propia Iglesia, la que ya ha recogido a manos llenas todos estos frutos de alabanza, intercesión, adoración, música, predicación, palabra y enseñanza… pero no nos engañemos, esta primera generación consiguió todos estos frutos a manos llenas de su Señor, en esta tierra nueva que les regalaba, que es su pueblo de alabanza, porque se lo curraron y trabajaron por ello. Ahora, por el contrario, toda aquella generación ha pasado, los campos ya han sido sobre trillados, explotados al máximo, y se impone el relevo generacional, no podemos contentarnos con ir detrás de aquellos, a remolque, espigando los restos de aquellos que nos precedieron.

¡Basta ya de lamentarnos de la gloria que conocimos en los tiempos pasados! ¡Basta ya de ir mendigando espigas encontradas por casualidad en el camino! ¡Basta ya de echar la culpa, para justificar la agonía de la Iglesia, la esterilidad de nuestros grupos, la pobreza de nuestro propio testimonio, a los problemas o circunstancias de la actualidad! ¡Basta ya de mirar atrás! El Señor nos exige fuerza, valentía, compromiso, ardor, energía, cambio generacional y, sobretodo, nos exige una y otra vez, y no queremos escucharle, alabanza, alabanza, y alabanza

La Iglesia, y esto es algo que constantemente nos recuerda el Papa FRANCISCO en sus homilías de Santa Marta, no es estricta y necesariamente un ejercicio de caridad y misericordia, para ello ya existen las ONG's; la Iglesia no es estricta y necesariamente un constante ejercicio apologético "contra el mundo y frente al mundo"; la Iglesia no es estricta y necesariamente un pueblo que "ve demonios por doquier";  la Iglesia no es estricta y necesariamente un pueblo de enseñantes, ni de predicadores... La Iglesia sólo tiene una tarea: MOSTRAR A CRISTO AL MUNDO, y ello, "bautizando, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", y la Iglesia sólo puede anunciar, a boca llena, con la alegría del día de hoy "parecía que estaban borrachos", JESUCRISTO ES EL SEÑOR, si no es acogiendo primero el Espíritu Santo.

NOEMÍ le dice, más adelante, a su nuera: "Vete al campo, con los hombres que siegan, y cuando caiga la noche, y los hombres cansados, se acuesten en el mismo campo, échate a los pies de BOAZ, mi pariente, cuando se despierte con el frío del relente de la mañana, y vea que abrigas sus pies con tu propio cuerpo, te recompensará" (Rut 3, 2). 

RUT así lo hace, y cuando BOAZ despierta, por el frío de la noche, y descubre a RUT, acostada a sus pies, abrigándoselos con su propio cuerpo, le impone la mano en la cabeza y le promete recompensa, incluso una palabra de matrimonio. Nuestros mayores, todos aquellos que nos han precedido en este pueblo de alabanza, sea la RCC (pensemos que se acercan sus bodas de oro a nivel mundial) o la Iglesia (pensemos también en el aniversario de esa bendición renovadora que fue el CONCILIO VATICANO II), lo mismo que los segadores de la historia de RUT, están cansados y fatigados de trabajar en los campos del Señor. Es normal, son mayores, en el sentido real de ancianos, algunos de ellos ya, incluso, han fallecido… y yo me pregunto, de la misma manera en que ELISEO tomó de ELÍAS su manto a modo de testigo, haciendo incluso milagros mayores que aquel: ¿Nos hemos acostado a los pies de nuestros mayores para que impongan sus manos sobre nosotros y se produzca el relevo generacional?

Acaso nos resulta más cómodo seguir importunando a nuestro párroco, a nuestro consiliario, a nuestro catequista de siempre para que nos predique cualquier o tal retiro, acontecimiento o acto comunitario que queremos realizar; nos gastamos el dinero en pos de cualquier retiro que se celebre "en el quinto pino" de la geografía nacional, si es que lo da o lo dirige "alguno de los antiguos", y no somos capaces de organizar nada en nuestro propia localidad, con nuestra propia gente; acaso nos resulta más práctico para eludir nuestra propia responsabilidad en la agonía de las parroquias, de los grupos de oración, de las diócesis, de la Iglesia, en suma, echar la culpa a que los grupos son mayores de edad, que estamos llenos de achaques y enfermedades por todas partes; nos compramos cancioneros en los que cantamos las canciones que brotaron de la experiencia y la vivencia de la fe de terceros, ¿hasta cuando seguiremos cantando "pescador de hombres"? y no somos capaces de componer, en nuestro grupo, en nuestro coro parroquial, en nuestra familia, ni un pequeñito canon o canto, con el que podamos decir, esta es la experiencia de este grupo, Señor. 

Y así, podemos constatar, en muchos casos, que nuestras parroquias, nuestros grupos de oración, nuestros movimientos, toda estructura eclesial, se mueren en disensiones internas, entre los jóvenes que no queremos hacer nada, o perdemos la ilusión ante el desencanto de los mayores, y los mayores que se desencantan porque creen que su tiempo ha pasado y se niegan a dejar paso al relevo generacional. 

Cuando JUDAS se ahorcó, por los remordimientos de haber entregado al Señor, lo primero que hicieron los discípulos fue suplir su falta y ausencia entre los doce, y eligieron a MATÍAS y le impusieron las manos, para que no se perdiera el tesoro del testimonio del Señor, y éste resucitado, y como un cuerpo íntegro, unido, en torno a la madre de su Señor, aguardaron el cumplimiento de las promesas: La venida del Espíritu Santo, en el que solamente podemos decir Jesucristo es el Señor, para Gloria de Dios Padre. Se hace preciso, pues, y el Señor no hace sino reclamarlo, una y otra vez, que todos arrimemos el hombro, que todos trabajemos, que todos alabemos, que todos adoremos, que todos construyamos, que todos edifiquemos, que todos hagamos dar fruto a la tierra del Señor que es su pueblo de alabanza, insisto, que cada cual entienda por "pueblo de alabanza" su grupo, su parroquia, su diócesis, su movimiento, su familia, su porción de Iglesia y la Iglesia universal.


Finalmente, BOAZ, conmovido por la piedad y la fidelidad de RUT, la moabita, la extranjera, la humilde espigadora, hacia su suegra, NOEMÍ, y su propio pueblo de adopción, se casa con ella -y aquí es donde el Libro de Rut rompe con el nacionalismo judío y abre las perspectivas mesiánicas a todos los pueblos- y la hace miembro del pueblo de ISRAEL de pleno derecho. Todos los comentaristas bíblicos nos dirán que este universalismo, esta unidad de los pueblos y esta promesa de un salvador universal, se harán realidad en la persona de Jesucristo, nuestro Señor, entre cuyos antepasados (genealogía de Cristo, en el Evangelio de Mateo 1,5) tiene a una extranjera, a RUT, la moabita, la bisabuela de DAVID, el rey de todas las promesas.

Por tanto, dispongámonos a celebrar este Pentecostés, impetrando del Espíritu Santo los frutos nuevos para esta tierra que es su pueblo de alabanza, y que estos nuevos frutos, para este nuevo año de vida de este pueblo, que inauguramos hoy, se muestren en la alabanza, en la unidad y en el compromiso, como dice el Señor, en una promesa dada para este pueblo, para esta fiesta y para todos nosotros, y lo comparto con una palabra que me ha dado el Señor (entiéndase una intuición del corazón, para esta fiesta, que se intenta verbalizar de alguna manera):

Así dice el Señor:
La risa subirá del jardín a toda la ciudad.
¿Acaso hay Pascua sin el aroma de los nardos,
o puede haber lucha sin lamentos?
Luchad para que mi alabanza llene los campos
no seáis como los hipócritas,
que se lamentan sin haberlo intentado.