lunes, 9 de junio de 2014

LA PAZ DE FRANCISCO


A veces, ciertamente, parece curiosa la forma en la que se hilvanan los acontecimientos para que casen con los textos de la liturgia. Acabamos de salir de este tiempo pascual, en el que tan intensamente hemos orado, desde este blog y en las redes sociales, invocando la presencia del Espíritu Santo, con sus dones, frutos y carismas, sobre nosotros y sobre la Iglesia, y el "Evangelio de Hoy" nos presenta el texto (Mt 5,1-12) de las BIENAVENTURANZAS, que en este caso se me antojan como una especie de propuesta de vida en el Espíritu Santo.

Entre las bienaventuranzas una de las más conocidas "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán hijos de Dios", cuando, ayer mismo, de la misma manera, asistíamos a ese otro gesto profético de la CONVOCACIÓN POR LA PAZ, llevada a cabo en los jardines vaticanos, por parte del Papa FRANCISCO, junto con los presidentes respectivos, de ISRAEL y PALESTINA, y la presencia del Patriarca Ecuménico BARTOLOMÉ I. 

Anoche los telediarios no sabían como definir el evento, una de las locutoras decía "al menos sabemos lo que no ha sido: no ha sido una mediación, no ha sido una declaración, no ha sido una celebración litúrgica..." y se hacía un lío queriendo explicar el gesto del Papa FRANCISCO, cuando era algo tan sencillo como afirmar que, simple y llanamente, tres creyentes de las tres grandes confesiones monoteístas del planeta, como "hijos de Dios" -dice la bienaventuranza- concernidos precisamente por su ser creyentes, se había puesto a "trabajar por la paz" y, en primera instancia, como dijo el propio Papa FRANCISCO en sus palabras, "por medio de la oración, como creyentes que somos".

El día 1 de Enero, como sabéis, es el día que la Iglesia dedica a la JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ, y en este blog, ese día, hicimos una breve reflexión sobre el verdadero sentido de la "paz franciscana", uno de los carismas específicos de la Orden de Frailes Menores, en quienes pensamos primero a la hora de evocar conceptos como pobreza, ecología, sencillez o, precisamente, la paz. Precisamente en aquel artículo decíamos, aunque refiriéndonos a la persona del "poverello" de ASÍS, esto es, del propio San FRANCISCO:

La coherencia está en el hecho de que FRANCISCO no es un pacificador en el verdadero sentido de la palabra. A él no le compete la obligación de negociar acuerdos, de equilibrar concesiones ni de recibir juramentos. Este papel es noble, pero no es el suyo. A él le corresponde crear las condiciones espirituales que permitan a cada cual tener el empujón necesario para optar por sí mismo a favor de la paz y la concordia. El Evangelio que alimenta esta meditación espiritual consiente también hacer frente a los acontecimientos.

No se me ocurre mejor definición para el evento histórico y para el gesto profético al que asistimos ayer, insisto: "crear las condiciones espirituales que permitan a cada cual tener el empujón necesario para optar por sí mismo a favor de la paz y la concordia" y mención expresa a la oración franciscana que se tuvo en dicho evento, por lo que, ahora sí, entendiendo de nuevo el verdadero sentido de la "Paz de FRANCISCO", ora el Santo, ora el Papa, podemos unirnos a la oración del Papa FRANCISCO por la Paz:

Señor, Dios de paz, escucha nuestra súplica.

Hemos intentado muchas veces y durante muchos años 
resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, 
y también con nuestras armas; 
tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; 
tanta sangre derramada; 
tantas vidas destrozadas; 
tantas esperanzas abatidas... 
Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. 
Ahora, Señor, ayúdanos tú. 
Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, 
guíanos tú hacia la paz. 
Abre nuestros ojos y nuestros corazones, 
y danos la valentía para decir: 
«¡Nunca más la guerra»; «con la guerra, todo queda destruido». 
Infúndenos el valor de llevar a cabo 
gestos concretos para construir la paz. 
Señor, Dios de Abraham y los Profetas, 
Dios amor que nos has creado 
y nos llamas a vivir como hermanos, 
danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; 
danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos 
que encontramos en nuestro camino. 
Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos 
que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, 
nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón. 
Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza 
para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, 
para que finalmente triunfe la paz. 
Y que sean desterradas del corazón de todo hombre 
estas palabras: "división, odio, guerra". 
Señor, desarma la lengua y las manos, 
renueva los corazones y las mentes, 
para que la palabra que nos lleva al encuentro sea siempre «hermano», 
y el estilo de nuestra vida se convierta en "shalom, paz, salam". 

Amén.