viernes, 27 de junio de 2014

INSTRUMENTUM LABORIS SÍNODO FAMILIA: ANÁLISIS Y COMENTARIO


Es bueno, no cabe duda, o al menos a mí me lo parece que la Iglesia debata y reflexione sobre sus propios posicionamientos ante los más diversos temas, pensemos, por ejemplo, en la interrogante lanzada por JUAN XXIII: “Iglesia ¿Qué tienes qué decir de ti misma al mundo de hoy?” y que tuvo como respuesta esa gigantesca reflexión eclesial, hacia dentro y hacia fuera, que tantos y fructíferos documentos generó, como fue el Concilio VATICANO II, claro que, cincuenta años después, aún hay quien se “rasga las vestiduras” ante las conclusiones del concilio… Y es que, ciertamente, no podemos pensar, salvo en lo dogmático, que la Iglesia deba de tener, en todo tiempo, todas las respuestas sobre ese misterio que es el ser humano, atadas y bien atadas, los que me tachen de relativista piensen, por ejemplo, que a Fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS le costó “sangre, sudor y lágrimas” convencer a sus coetáneos, desde un punto de vista puramente teológico, de algo que ahora se nos antoja evidente como que “los indios, son seres humanos y tienen alma”, luego debe ser cierto, como he leído recientemente a HANS KUNG afirmar que “la Iglesia no tiene una doctrina escayolada sobre muchos temas, sobre los que puede, y debe, ser flexible”.

Viene esta introducción a la reciente presentación del INSTRUMENTUM LABORIS, documento de trabajo, sobre el que debatirán los obispos convocados al SÍNODO EXTRAORDINARIO DE LA FAMILIA a celebrar en Octubre, porque me ha sorprendido la cantidad de críticas que ha recibido el Cardenal KASPERS, desde gran cantidad de medios de comunicación “que se dicen católicos” (olvidando que la ultraortodoxia también está fuera de la Iglesia, o que se lo pregunten a LEFEVBRE), por aquella que fue su primera intervención de presentación del Sínodo ante el resto de los cardenales y del propio Papa FRANCISCO, y de otros que “echando las campanas al vuelo” creen que el Sínodo ha de poner muchas cuestiones “patas arriba”, sea como fuere, antes de pecar de una u otra postura, quedémonos en el centro, con la voz mejor autorizada, la del propio Papa FRANCISCO que de la intervención del Cardenal KASPERS sólo afirmó una cosa “es bueno y refrescante descubrir que, por fin, alguien hace teología de rodillas, muchas gracias”.

He estado esperando el INSTRUMENTUM LABORIS con ilusión y esperanza, que yo también tengo, como creyente, que sabe pensar y tiene sus propias ideas, contrastando fe y razón (que es mucho más que ser “un borrego adocenado” como a muchos le gustaría en el seno de la Iglesia), mis esperanzas puestas en la forma en la que el Sínodo sea valiente y resuelva ciertas heridas dolorosas en la misión de la Iglesia en el mundo, sobre todo, en algunos de los temas espinosos sobre los que se preguntaba en los LINEAMENTA, la gran encuesta previa, sobre los que también, en su día, me permití la libertad de opinar y responder, como recuerda el prólogo del propio documento “también llegaron directamente a la Secretaría General respuestas —llamadas observaciones— de un número significativo de diócesis, parroquias, movimientos, grupos, asociaciones eclesiales y realidades familiares, así como también de instituciones académicas, especialistas, fieles y otras personas, todos ellos interesados en dar a conocer las propias reflexiones”.

A la pregunta sobre el conocimiento por parte de los fieles de la doctrina sobre la familia contenida en la propia Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia, respondimos:

Normalmente, para la mayoría de los fieles, la catequesis y la formación en temas familiares (aparte, como hemos dicho antes, de los pequeños grupos de matrimonios cristianos comprometidos) les es ofrecida sólo por medio de la homilía dominical o en jornadas especiales (como el Domingo de la Sagrada Familia), pero normalmente estas homilías se exponen sólo recalcando los aspectos negativos del tema que nos ocupa (los párrocos y sacerdotes parecen más interesados en focalizar la predicación en los aspectos negativos, como el aborto, la eutanasia, las rupturas matrimoniales, los homosexuales, etc, etc…) en vez de los aspectos positivos de la pastoral familiar de la Iglesia o el testimonio, abundante, de tantos matrimonios y familias cristianas.

Nos congratula el hecho de haber acertado y sentido igual que el resto de los padres sinodales y conferencias episcopales al afirmar (Instrumentum Laboris, nº 10):

En esta perspectiva, resalta cuán decisiva es la formación del clero y en particular la calidad de las homilías, sobre lo que recientemente el Santo Padre Francisco ha insistido (cfr. EG 135-144). En efecto, la homilía es un instrumento privilegiado para presentar a los fieles la Sagrada Escritura en su valor eclesial y existencial. Gracias a una predicación adecuada, se pone al pueblo de Dios en la condición de apreciar la belleza de la Palabra que atrae y conforta a la familia.

Respecto del acceso y conocimiento de los fieles al Magisterio Eclesial sobre la familia, dijimos:

El Magisterio de la Iglesia, ya sean en materia familiar, en este caso, como de cualquier otra clase, en general, son sólo leídos y estudiados por pequeños grupos de cristianos comprometidos (dependiendo del tema específico referido en cada documento, por ejemplo, en este caso, los matrimonios cristianos), pero no son normalmente accesibles al resto de la gran mayoría de los fieles que ignoran el contenido, profundidad, belleza y densidad de los documentos del Magisterio eclesial.

Aspecto en el que el documento se refiere en parecidos términos (Instrumentum Laboris, nº 10):

Sin embargo, al parecer estos textos no impregnan profundamente la mentalidad de los fieles. También hay respuestas que reconocen con franqueza que, entre los fieles, dichos documentos no se conocen en absoluto. En algunas respuestas, se observa que a veces los documentos se perciben como realidades un poco “exclusivas”, especialmente entre los laicos que no gozan de una preparación previa.

Sobre la pregunta del papel de la ley natural en la comprensión antropológica, religiosa y creyente del matrimonio y la familia respondimos:

Creemos que, en general, y de forma honesta, el conjunto de la sociedad entiende y comprende que, desde una perspectiva natural y antropológica, el matrimonio entre el hombre y la mujer constituyen el preludio de la célula social mínima, la familia, de cualquier unidad social superior (llámese clan, tribu, pueblo, aldea, ciudad y, finalmente, Estado).

Algo que el documento también refiere de la misma manera, teniendo en cuenta que por “ley natural” hemos de entender un conjunto de realidades y valores inherentes a la propia condición humana (Instrumentum Laboris, nº 26):

En las respuestas se pone de manifiesto la convicción generalizada del hecho que la distinción de los sexos posee un fundamento natural en la existencia humana. Existe, por tanto, gracias a la fuerza de la tradición, de la cultura y de la intuición, el deseo de mantener la unión entre el hombre y la mujer. La ley natural, pues, es universalmente aceptada “de hecho” por los fieles, aunque no se vea la necesidad de justificarla teóricamente.

A la pregunta sobre la importancia de la vida de oración en las familias, respondimos:

La experiencia nos dice que la mayoría de los fieles tienen el mismo recuerdo en lo que se refiere a su experiencia de oración en familia: Casi todos refieren la experiencia del rezo del rosario en familia (casi siempre dirigido por los abuelos), la bendición de la mesa antes de comer (de forma ordinaria o en fechas señaladas), y en algunas familias cristianas se mantiene la costumbre de orar, antes de irse a dormir, con los más pequeños de la casa (…) se podría aprovechar, desde las distintas Conferencias Episcopales, en sus respectivas comisiones de familia o liturgia, para editar algunos manuales o guías para “la celebración doméstica de algunos eventos familiares”.

Y el Sínodo, una vez más, coincide en su forma de resumir las respuestas recibidas de todas las partes del mundo (Instrumentum Laboris, nº 42):

Se subraya unánimemente la importancia de la oración en familia, como Iglesia doméstica (cfr. LG 11), donde alimentar una verdadera “cultura familiar de oración”. El auténtico conocimiento de Jesucristo, en efecto, se promueve en familia con la oración personal y, en particular, familiar, según las formas específicas y las ritualidades domésticas, que se consideran un modo eficaz para transmitir la fe a los niños. Asimismo, se insiste mucho en la lectura de la Escritura en común, así como en otras formas de oración, como la bendición de la mesa y el rezo del rosario.

Sobre el problema de los “divorciados civilmente vueltos a casar, o en situación de nueva convivencia” dijimos que el principal problema no es la doctrina de la Iglesia, al respecto, sino la relatividad con la que cada cual se lo toma, no sólo entre los cónyuges, sino entre los propios pastores, con lo que, como se suele decir “hecha la ley, hecha la trampa”:

En este, como en tantos otros temas morales, en las grandes ciudades, como dijimos antes "la oferta parroquial" (o "pastoral" si se prefiere) es más amplia: Todos tenemos la experiencia, por ejemplo, a la hora de confesar (si es que no tenemos un director espiritual estable) que hay determinadas cosas que es mejor confesar con el Padre MENGANO, que es más permisivo para según que temas, que con el Padre ZUTANO, que sin embargo es mejor esquivar para otros temas diferentes; y a nadie se le ocurriría, por ejemplo, siendo de izquierdas, confesar con un sacerdote del OPUS DEI, como de la misma manera es difícil pensar que un "carca eclesial" vaya buscando el consejo del nuevo sacerdote de su parroquia, que acaba de llegar de misiones, que es jesuita y que ha trabajado en la UCA.

Y es evidente que los padres sinodales saben que este problema, ciertamente, existe, que es posible vivir "una fe a la carta", en cuestiones matrimoniales o de cualquier otra índole (Instrumentum Laboris, nº 93):

Acerca del acceso a los sacramentos, las reacciones de parte de los fieles divorciados vueltos a casar son diferentes. En Europa (aunque también en algunos países de América Latina y Asia), prevalece la tendencia a resolver la cuestión a través de un sacerdote que condescienda a la petición de acceso a los sacramentos.

Sobre las uniones de personas del mismo sexo dijimos muchas cosas, entre ellas las más importantes fueron:

Existen personas homosexuales que viven su fe de una forma sana, madura y responsable y que, en virtud de ello, deciden compartir un proyecto vital junto con otra persona, para toda la vida, con los mimos componentes de fidelidad, mutua ayuda, socorro y entrega de las parejas tradicionales y que se sienten profundamente agredidos, cuando la Iglesia, carente de tacto, arremete contra todos ellos, sin minusvalorar la sinceridad en la fe y en la vida de cada uno de ellos, de sus realidades, individualmente consideradas. Pretender de la misma manera que estas personas vivan un "celibato perpetuo" o una "castidad perfecta" como si para ellos no existiera la misma comunión corporal, como puede haberla de espíritu y vida, es cuanto menos, por parte de la Iglesia, "un brindis al sol".

Opinamos que aquellas personas homosexuales, que deciden vivir en pareja, fiel y responsablemente, sea "de hecho" o como "unión de personas del mismo sexo" necesitan ser valoradas por la Iglesia, apreciadas y acompañadas, aunque sólo sea porque han optado por una vida ordenada (en vez de la promiscuidad sexual que se presume a este colectivo), entregada, en el mutuo auxilio, socorro y compromiso, material y espiritual

Y no estaría de más, aunque suponemos que esto es "un salto sin red" en la actual práxis pastoral de la Iglesia hacia los homosexuales, que estas parejas pudieran, teniendo en cuenta que el matrimonio conónico, en cuanto sacramento les está vedado, obtener de parte de la Iglesia, una especial bendición, a ojos de su comunidad parroquial, por el compromiso y fidelidad de su unión.

Entendemos y creemos profundamente que el matrimonio canónico en modo alguno puede ser equiparado a la unión (jurídica o de facto) de personas del mismo sexo, y así lo advierte el mismo documento sinodal de trabajo, aunque no menos cierto es que la Iglesia no puede decir, de la noche a la mañana, sobretodo desde el lastre de tantos años de condena y falta de misericordia, que “todo el monte es orégano” por lo que no cabe duda de que, el documento, aún pretendiendo ser respetuoso, misericorde y conciliador, deja mucho el tema en ambigüedades que deberán ser debatidas por los padres sinodales (Instrumentum Laboris, nºs 116, 118 y 119):

En relación a la posibilidad de una pastoral para estas personas, es preciso distinguir entre las que han hecho una elección personal, a menudo sufrida, y la viven con delicadeza para no dar escándalo a otros, y un comportamiento de promoción y publicidad activa, habitualmente agresiva. Muchas Conferencias Episcopales subrayan que, al tratarse de un fenómeno relativamente reciente, no existen programas pastorales al respecto. Otras admiten un cierto malestar frente al desafío de tener que conjugar la acogida misericordiosa de las personas y la afirmación de la enseñanza moral de la Iglesia, con una apropiada solicitud pastoral que incluya todas las dimensiones de la persona.

El gran desafío será desarrollar una pastoral que logre mantener el justo equilibrio entre acogida misericordiosa de las personas y acompañamiento gradual hacia una auténtica madurez humana y cristiana.

Al mismo tiempo, las observaciones demuestran que no existe todavía un consenso en la vida eclesial respecto a las modalidades concretas de la acogida de las personas que viven estas uniones. El primer paso de un proceso lento sería el de la información y la identificación de criterios de discernimiento, no sólo a nivel de ministros y agentes pastorales, sino también a nivel de grupos o movimientos eclesiales.

Y este es nuestro análisis del INSTRUMENTUM LABORIS DEL SÍNODO DE LA FAMILIA, aunque haya sido un poco sesgado, a la luz de nuestras respuestas de las que nos sentimos, en cierto modo, Iglesia que camina y reflexiona unida, pues como ya hemos dicho, nuestras respuestas fueron también remitias en su día a la Secretaría del Sínodo, por lo que nos mantenemos en la esperanza y en la ilusión acerca de la celebración del mismo y en su documento final, las “propositiones” que luego, si Dios quiere, el propio papa FRANCISCO hará suyas, enmendará o ampliará en la preceptiva “Exhortación Apostólica Post Sinodal” que sólo a él le compete redactar y promulgar.


Terminamos, por tanto, en comunión con el Papa FRANCISCO y con la Iglesia, representada en los padres sinodales, orando por los frutos del Sínodo con la oración de la SAGRADA FAMILIA propuesta por el Papa mismo:

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.