martes, 6 de mayo de 2014

VIVIR EN LA PERIFERIA


"Tenemos que salir a las periferias" nos repite incansable, una y otra vez, siempre que tiene ocasión el Papa FRANCISCO, porque siendo, como es, un buen pastor, sabe que sólo "del lado de la gente, y especialmente la necesitada" es como se toma un buen contacto con la realidad, se mete a fondo, por así decirlo, el termómetro en la temperatura de la fe del pueblo sencillo, de sus afanas de cada día, de sus alegrías y tristezas, de sus éxitos y sus fracasos, de sus necesidades vitales, de sus lugares de marginación, enfermedad, pobreza... búsqueda de Dios.

Este es un homenaje, a la par que una denuncia, de los barrios de la ZONA NORTE, de GRANADA, que en esta ciudad, al contrario de lo que siempre se ha dicho del eje Norte-Sur de la pobreza, sucede lo contrario, que el Norte de la ciudad es la periferia, la zona marginada, la de los escasos recursos, la del abandono escolar, la de la dejadez municipal, la de la delincuencia, etc, etc... mientras que el Sur de la ciudad ¡no digamos ya el centro! es la zona rica, la de las oportunidades, la del comercio, la de las autoridades, la de la pompa y el boato...

¿Es esto realmente así? ¿Qué significa vivir en la periferia real, no metafórica? Hace un par de días, contándoos el éxito de solidaridad de nuestro proyecto UN CHAVICO PARA LA SANTA CRUZ, os decía que los ancianos del lugar, al traernos su aportación, solían tener el mismo comentario o queja "antes éste era un barrio obrero, modesto, pero honrado... ahora somos un barrio de parados" Es verdad, el panorama es desolador... Ha cerrado la mercería, ha cerrado la joyería, de los dos supermercados nos queda el SUPERSOL, que el SPAR se convirtió en una tienda de chinos, que además, ha terminado agotando y fagocitando a "la tienda de los veinte duros" del barrio de siempre, de los dos bares -se rumorea- parece que uno de ellos anda teniendo problemas, los colegios (tanto públicos como privados o concertados) se quejan del menor número de niños cada año, la frutería, la carnicería, la pescadería o la panadería del barrio cambian de dueño cada dos por tres, y las peluquerías se han convertido en un artículo de lujo, lo mismo que la tienda de fotos, mientras que las copisterías luchan por hacerse un hueco entre los estudiantes universitarios que nos queda.

Hay elementos para la esperanza, ha abierto una gestoría, parece que uno de los fruteros, al que le va bastante bien, se va a atrever con una pescadería, mientras que la tienda de congelados, después de que la franquicia los dejara tirados, parece que remonta, y se ha abierto una nueva mercería... y cuando contemplo estos establecimientos, con la ilusión y la juventud de sus propietarios, al pasar por delante me digo "¡Señor, bendícelos por su valentía en estos tiempos!" Y no hagáis mucho caso a esos documentales tremendistas, que siempre enseñan lo malo, o aquello en lo que a ellos les interesa poner el foco, como el mal dado CALLEJEROS de CUATRO (todos sabéis a qué me refiero), porque hay mucho de bueno en la periferia: 

En qué otro lugar, pese a que la población joven ha emigrado a barrios mejores o a otros pueblos, por la presión fiscal del Ayuntamiento, y hay una gran tasa de inmigración, especialmente musulmana y rumana, los vecinos que quedan te saludan, siempre con un "¡buenos días o buenas tardes!" sentido de verdad, no como un mero formalismo; en qué otro lugar la parroquia, la mezquita y el salón del reino de los Testigos de Jehová comparten casi la misma manzana, desde los comienzos mismos del barrio, sin que haya habido jamás ningún altercado, roce o problema; en qué barrio las abuelas se arremolinan en torno a los bancos, por las mañanas, y se pasan horas compartiendo la vida, las noticias o la situación de sus nietos o nietas; en qué otro lugar aún te fían, porque te conocen, en la tiendecilla de ultramarinos y chuches; en qué otro lugar se avisa a la policía si te ausentas un par de días, porque todos notan tu ausencia; o en qué otro lugar encontramos tanta solidaridad para todos los proyectos que hemos iniciado "¡esto es inaudito, pobres ayudando a más pobres!" -según otro de los comentarios más generalizados... y en plan de broma, aunque sea un tópico, en qué lugar -como me decía la otra noche la dependienta de la panadería, al encontrármela de noche tirando la basura, ella en pijama y yo, igualmente, paseando al perro, puedes hacer algo así (¡o lo mismo por la mañana, si descubres que no tienes leche en la nevera, en el supermercado y en pijama con el chaquetón!) como decía ella: "¡Éste es un lujo que no se pueden permitir las pijas del centro!"

Pues mira tú, tiene razón, porque parafraseando la letra de las célebres sevillanas, bien podemos afirmar que "la periferia tiene un color especial, la periferia sigue teniendo su duende" y ese "duende" de la periferia, a la que el Papa FRANCISCO alude tanto, es precisamente eso: la familiaridad, la cercanía, la convivencia, la solidaridad, la ayuda, el socorro mutuo... ¡y ojalá que no se pierda!