miércoles, 28 de mayo de 2014

LA VIDA EN EL ESPÍRITU SANTO.- CATEQUESIS IV.- RECIBIRÉIS EL ESPÍRITU SANTO


En la aflicción gritaste y te salvé.
Te respondí oculto en el trueno,
te probé en las aguas de Meribá.
Escucha, pueblo mío, te conjuro:
¡Ojalá me escucharas, Israel!
No tendrás un dios extranjero,
no adorarás a un dios extraño.
Yo soy el Señor, tu Dios,
que te saqué del país de Egipto;
abre tu boca y yo la llenaré.
Pero mi pueblo no me escuchó,
Israel no me obedeció;
los abandoné a su corazón obstinado,
para que caminaran según sus caprichos.
¡Ojalá me escuchara mi pueblo
e Israel siguiera mis caminos,
abatiría al punto a sus enemigos,
contra sus adversarios volvería mi mano!
Los que odian al Señor lo adularían,
y su suerte quedará fijada,
lo sustentaría con flor de harina
y los saciaría con miel de la peña.
(Salmo 81, 8-17)

Nos recuerda la Palabra de esta semana el camino que llevamos recorrido: Hemos invocado al Señor en nuestra aflicción... Le hemos dicho "¡Señor, ven en mi auxilio, date prisa en socorrerme!", para reconocer nuestra debilidad y nuestra flaqueza, para CONVERTIRNOS A JESÚS... y queremos convertirnos para poder decir JESÚS VIVE Y ES SEÑOR, porque no tengo otros dioses extraños, no sirvo a dioses extranjeros, no hay nada que me aparte del Señor... porque el Señor me sacó de Egipto, como símbolo de esclavitud, de aquello que nos obliga a ser lo que no somos, nos limita o nos agobia, y ya nos prometió el Señor la primera semana que nos llevaría a nuestro solar, al sitio en el que seríamos nosotros mismos, seríamos libres y felices, es decir, descubrir en nuestro interior que DIOS NOS AMA.

Nos recuerda la Palabra que el Señor nos ha respondido oculto en el trueno, y si hace dos días la Palabra nos hacía decir, por medio del Salmo 139: "Abro bien mi boca y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandatos" como un deseo de nuestro corazón de dejarnos llenar del Señor, esta semana pareciera que nos responde, diciendo: "Abre tu boca, que yo la llenaré"... Y esta promesa del Señor, como ya adelantamos hace dos semanas es la venida del Espíritu Santo sobre nosotros: Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos  (Hechos 1, 8). Y nos dice la Escritura que los apóstoles, al recibir el Espíritu Santo, sintieron un gran estruendo, como de trueno, como de un gran viento, y quedaron llenos del Espíritu Santo... Un trueno, como una voz poderosa, escucharon también todos los presentes en el bautismo del Señor, o en su transfiguración, en el monte Tabor, que decía: "Este es mi hijo amado, mi predilecto, escuchadle"

El Señor llamaba a sus apóstoles, SANTIAGO y JUAN, con el mote de "hijos del trueno", por lo impetuoso de su carácter y su vehemencia... Estas catequesis han sido para cada uno de nosotros como un trueno, el de la Palabra de cada día, que ha rasgado la noche de cada uno de nosotros, para que en el breve instante de luz, el relámpago, que sigue al trueno, podamos escuchar la voz del Señor que nos dice: "Eres mi hijo amado, mi predilecto"...

Continúa el Señor diciendo que nos ha probado en las aguas de MERIBÁ. MERIBÁ es una región del desierto en la que el pueblo de ISRAEL se reveló contra MOISÉS, y murmuraba contra el Señor, porque les faltaban las fuerzas para seguir caminando por el desierto... El Señor hizo, para demostrarles que nunca les abandona, que MOISÉS hiciera salir agua de una peña, saciando así su sed y dando a su pueblo nuevas fuerzas para seguir caminando. Nuestras aguas de MERIBÁ, en las que el Señor ya nos ha probado, son las aguas de nuestro bautismo, por medio de las cuales el Señor nos dice "Eres mi hijo, mi amado, mi predilecto", que no nos abandona, y nos da fuerzas para caminar por la vida, por este desierto en el que nos asalta la enfermedad, la muerte, el pecado, la duda, la noche, el agobio, la desesperanza, la depresión....

El Señor manifiesta un deseo, dicho sobre su pueblo, y sobre nosotros, acompañado de una serie de promesas: ¡Ojalá me escuchase mi pueblo y siguiera mis caminos! Y eso es lo que estamos haciendo estos días por medio de la Palabra de estas catequesis, y empezando a vislumbrar la meta del camino: INVOCAR SOBRE NOSOTROS EL ESPÍRITU SANTO, no como un gesto, sino como una realidad.

Entonces se desatarán en nosotros, en plenitud, las promesas hechas por el Señor inmediatamente a continuación:

a) Los que odian al Señor lo adularían... Es una expresión un poco fuerte, ciertamente Israel era más duro, más desagradecido con el Señor que nosotros, no se puede decir que ninguno de nosotros odie al Señor, pero bien es cierto que aúnque todos nosotros creamos en él, lo hacemos de una forma puntual, cuando las cosas nos van mal, o débil, no sabemos relacionarnos con él... pero con la fuerza del Espíritu Santo, podremos adularle, es decir, cantadle, alzad nuestras manos al cielo reconociendo su poder, alabarle, orar dando gracias y no siempre pidiendo, manifestarle nuestra alegría con gestos nuevos, con oraciones nuevas, con cantos frescos, con baile, con risas, con gozo, con saltos... llenando nuestra boca de alabanza y acción de gracias...

b) Abatiría al punto a nuestros enemigos... Nuestros enemigos son la ira, el rencor, la enfermedad, la muerte, la tristeza, la soledad, la depresión... Y con la ayuda del Espíritu Santo aprenderemos una nueva forma de orar, la intercesión, capaz de obrar milagros si se ora con fe, nos preocuparemos más por las necesidades de nuestros hermanos, familiares o amigos que por las nuestras propias, tendremos la capacidad de retar al Señor y haced que con la oración se resuelvan hasta las situaciones más difíciles y descubriremos, de la misma manera, que hay un ejército de intercesores dispuestos a lanzarse a la conquista del corazón de Dios, en nuestro favor, cuando alguno de estos enemigos nos ande rondando...

c) Los saciaría con flor de harina y miel de la peña... Con la fuerza del Espíritu Santo descubrirás en tí toda una serie de dones que crees que no tienes, pero que son propiedad de todos los bautizados... y alimentado de esta forma, crecerás tanto en la fe, que no solamente serás capaz de dar palabra, como hasta ahora, sino que descubrirás que tú también puedes comentarla, se te desatará la lengua y el entendimiento, porque la experiencia del Señor brotará espontáneamente del fondo de tu corazón... descubrirás que tienes una palabra diferente para acoger y escuchar a quienes necesitan de ti, una nueva forma de aconsejar y resolver los problemas... descubrirás una nueva forma de orar en la que lo importante no es pedir perdón constantemente, o pedir por tus necesidades, sino que orarás simplemente porque te agrada hablar con el Señor y sentirte escuchado por él, como los niños pequeños se hartan de balbucear a sus madres, sin que éstas entiendan nada, sólo porque están felices y sus madres están ahí, delante de ellos, siempre presentes, siempre amorosas... descubrirás que brota en ti una nueva fuerza para que ni la enfermedad, ni la duda, ni la muerte, te puedan vencer nunca más...

Esto es, ni más ni menos, lo que el Señor nos tiene prometido, por el Espíritu Santo, cuya fiesta, PENTECOSTÉS está ya a la vuelta de la esquina, esto es lo que queremos celebrar, y lo que queremos descubrir, si no, en vano ha sido este caminar... este compartir de la Palabra... muchos de nosotros ya estamos ansiosos, ilusionados, contando los días, sólo falta el valor de una respuesta decidida por vuestra parte, un gesto sencillo que puede cambiar, renovar, para siempre vuestras vidas.