viernes, 30 de mayo de 2014

LA VIDA EN EL ESPÍRITU.- CATEQUESIS VI.- VIVID EN EL ESPÍRITU SANTO


¡Vosotros, sordos, oíd!
¡Ciegos, mirad con atención!
¿Quién está ciego, sino mi siervo?
¿Y quién tan sordo, sino mi mensajero?
¿Quién es tan ciego como el enviado,
y tan sordo como el siervo del Señor?
Mucho has visto, pero sin hacer caso,
abrías los oídos pero no escuchabas.
El Señor, por su justicia, se interesó 
por engrandecer y dar lustre a su Ley.
Pero es un pueblo saqueado y robado,
atrapados todos ellos en cuevas,
encerrados todos en mazmorras.
Los despojaban y nadie los salvaba,
los saqueaban y nadie decía: "¡Devuelve!"
¿Quién de vosotros escuchará esto,
atenderá y hará caso para el futuro?
¿Quién entregó al pillaje a Jacob,
y a Israel a los saqueadores?
¿No fue el Señor contra quien pecamos,
rehusando andar por sus caminos,
y no escuchando sus instrucciones?
Vertió sobre él el ardor de su ira,
lo expuso a la violencia de la guerra,
lo abrasó por doquier y no se apercibía,
lo consumió, sin que él reflexionase.

(Isaías 42, 19-25)

Los sordos y los ciegos de los que habla el profeta en esta larga acusación somos nosotros... En efecto, dice esta Palabra que el Señor se interesa por su justicia, por engrandecer y dar lustre a su Ley, por la que debemos entender su Palabra, esta Palabra, la misma que sostienes entre tus manos, la que te alienta y te anima cada semana, haciéndote que descubras al Señor de una forma nueva, fresca, diferente...

Ha llegado la hora de CRECER EN EL ESPÍRITU, es decir, empezar a ver de verdad y empezar a escuchar en serio... Esto es, convertir todas estas palabras en VIDA...

Y el Señor, que nos conoce muy bien, se adelanta a nuestras excusas... y lo dice bien claro: Somos un pueblo saqueado y robado, atrapados todos en cuevas, encerrados en mazmorras... es decir, en nuestras excusas, en nuestros impedimentos, en nuestras comodidades... 

Nos explicamos, se acerca PENTECOSTÉS, para que recibáis la EFUSIÓN del ESPÍRITU SANTO, como hemos venido diciendo en las catequesis anteriores: Que no leáis que DIOS OS AMA, sino que lo viváis y lo sintáis de verdad en vuestras vidas; que no digáis JESÚS ES EL SEÑOR porque lo repetís de haberlo leído en otra catequesis, sino que brote como una alabanza continúa desde vuestro corazón, con una viveza y una intensidad tal que no podáis contenerlo; que no queráis CONVERTIROS A JESÚS, porque es un sentimiento que os brota de una lectura de una palabra bonita, sino porque de verdad sentís que debéis amoldar vuestra vida a la del Señor, porque las dos son una sóla; que no RECIBIRÉIS EL ESPÍRITU SANTO porque es el tema de otra catequesis de estos días, sino porque para ello es preciso que lo queráis, y este quererlo depende de los hermanos, porque solos no podemos, porque los hermanos han de orar sobre nosotros, debemos arroparnos todos juntos en este paso y así podamos VIVIR EN EL EL ESPÍRITU con todas las promesas que hemos ido recibiendo estos días.

Pero en cuanto surge la palabra compromiso, encuentro, nos encerramos en nuestras mazmorras y en nuestras cuevas, empezamos con nuestras excusas: Es que este fin de semana vienen mis hijos a comer, es que mi madre está mayor y enferma, es que el domingo es el único día que descanso, es que no sé que planes tengo, es que, es que.... Al Señor ya no le valen nuestras excusas, en una ocasión le dijo a uno: "Sígueme" y él le respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre" pero la respuesta del Señor fue tajante: "Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios", por supuesto que el Señor sabe y entiende nuestras vidas, nuestras limitaciones, se adelanta a nuestras excusas, pero no se las anda con chiquitas cuando se trata de escurrir el bulto del compromiso, porque sin este compromiso ¿podemos decir que somos Iglesia? ¿podemos afirmar que somos hermanos? Ciertamente, no.

Por eso bien puede decirnos la Palabra de hoy que somos un pueblo despojado y saqueado, porque dejamos que todas estas excusas nos roben al Señor, con todas las maravillas que nos tiene prometidas, y con ello su palabra queda en nada, sus milagros en fuegos de artificio, su Gloria oscurecida por nuestra pobreza y nuestra nada... Verdaderamente somos ciegos y sordos, ni nos creemos la Palabra que compartimos, ni vemos los hermanos que el Señor nos regala...

Esta Palabra es muy dura, dice el Señor que de todos el más ciego es su enviado, y el más sordo su mensajero, estas palabras están dichas entonces sobre nosotros, que hemos sido mensajeros y enviados del Señor y su Palabra para vosotros en estas catequesis, confiando en que las recibís con alegría, con ilusión, que os cuestionan, que os animan y, en última instancia, os comprometen... si no es así, entonces lo hacéis por compromiso, por cumplimiento, sin sentir nada, haciendo paripé, y así resultará que nosotros hemos sido los principales sordos y ciegos... porque no hemos sabido ver que nos os interesaban en nada.