lunes, 26 de mayo de 2014

LA VIDA EN EL ESPÍRITU: CATEQUESIS II.- JESÚS VIVE Y ES EL SEÑOR


Tus dictámenes son maravillas, por eso los guarda mi alma. 
Al manifestarse, tus palabras iluminan, dando inteligencia a los sencillos.
Abro bien mi boca y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandatos.
Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo con los que aman tu nombre.
Afirma mis pasos en tu promesa, que no me domine ningún mal.
Rescátame de la opresión humana, y yo tus ordenanzas guardaré.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo y enséñame tus preceptos.

(Salmo 119, 129-135)

Los apóstoles, tras los terribles hechos de la muerte y de la crucifixión de Jesús, quedaron atónitos y desconcertados ante el acontecimiento extraordinario de su resurrección, y aunque seguían estando temerosos de anunciar el mensaje del Señor, pese a haber visto sus milagros, perdieron todo ese temor y obtuvieron nuevas fuerzas, crecieron en la fe, gracias a la fuerza, el poder y el empuje definitivo del Espíritu Santo, prometido por el Señor y recibido en la fiesta de Pentecostés.

Ya no tuvieron miramientos humanos en compartir con todos los presentes el gran anuncio de la muerte y resurrección de Jesús, y en reconocerle como Señor ¿De qué otra cosa iban a dar testimonio si no? Sólo podían hacerlo de Jesús, y éste vivo, cuya Palabra no muere, y además como Señor, dueño, eje y centro de sus vidas:

"Por lo tanto, todo Israel esté en lo cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías". (Hechos 2,36)

Este es el testimonio del apóstol PEDRO, inmediatamente después de Pentecostés, a todos los presentes: Este anuncio, tan sencillo y escueto, es lo que se denomina κήρυγμα, "anuncio" en griego. Y eso es lo que pobremente anunciamos a todos nuestros hermanos, eso es lo que vosotros debéis anunciar a quienes os pregunten por la causa de vuestra alegría, de vuestra esperanza, de vuestra fe... QUE JESÚS VIVE, Y ES EL SEÑOR...

Dice el Salmo, que el Señor nos ha regalado hoy que: Al manifestarse, tus palabras iluminan, dando inteligencia a los sencillos, y eso es lo que hacemos, con el compartir de la Palabra cada semana, cada Domingo, los sencillos somos nosotros, NOSOTROS, hay que insistir en que cuando la Palabra nos toca, seamos capaces de no dejar el comentario a los demás, sino hacer nuestro propio comentario, compartir lo que esa Palabra nos dice al corazón, si escuchas con atención, algo te dirá... esa es tu forma de decir "Jesús es el Señor" reconocer que Jesús está vivo, tiene palabra en tu vida, no es una idea, ni un personaje histórico, ni un eslogan, ni un proyecto publicitario.... sino que para ti, en tu vida, lo mismo que tus amigos, tu esposo, tu pareja, etc, etc... JESÚS VIVE, Y ES EL SEÑOR...

Y dice también el Salmo de esta semana que: Abro bien mi boca y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandatos, y es que no podemos decir que Jesús es el Señor si lo decimos con la boca chica, es decir, sin compromiso, esto es lo que debemos entender por mandatos, pero no mandatos al estilo de órdenes, mandamientos o doctrinas que obedecer, sino someternos al señorío de Jesús en nuestras vidas, esto es, reproducir en nosotros sus mismas actitudes, su relación de confianza con Dios Padre, su oración, su preocupación por los que sufren, su estar atento a las necesidades de los demás, su compartir la vida... Si vives al estilo de Jesús, le reconoces como Señor y entonces vives, valga la expresión vulgar, como Dios manda, es decir, reconociendo que Dios te ama, que es tu Padre, como dijimos ayer, con un amor tan grande que te ha dado a Jesús, vivo y presente en tu vida, entonces afirmarás, con cada gesto de tu vida, ya sea llorar, reír, trabajar, hacer la compra, compartir la Palabra con tus hermanos, tomarte una cerveza con tus amigos, o ir a misa, da igual, que con todos tus gestos los demás noten y perciban que, para ti, JESÚS VIVE, Y ES EL SEÑOR.

Dice, igualmente, el Salmo de hoy: Afiánzame en tu promesa, y el Señor sólo hizo una promesa a sus discípulos, a modo de despedida, en el momento de su Ascensión al cielo, cuando les dijo: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos"  (Hechos 1, 8), lo que se cumplió en Pentecostés con la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, lo que ya se ha hecho realidad en tu vida, el día de tu bautismo, como niño, o de tu confirmación, como adulto, y lo que los grupos de oración de la Renovación Carismática Católica celebran todos los días de Pentecostés, renovando -de ahí el nombre- la venida del Espiritu Santo sobre nosotros, para poder decir, que JESÚS VIVE, Y ES EL SEÑOR, y ser sus testigos, porque como bien dice el apóstol Pablo: "Y nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor ! si no es movido por el Espíritu Santo." (1 Corintios 12, 3)