martes, 13 de mayo de 2014

ET PORTAE INFERI NON PRAEVALEBUNT ADVERSUM EAM


En ese increíble "maremagnum" o "totum revolutum" que es el impresionante fresco del "JUICIO FINAL" que MIGUEL ÁNGEL pintara para la CAPILLA SIXTINA, el espectador se siente conmovido ante la expresión de los personajes involucrados en la escena, y el dramatismo de la misma, pues se supone que, como juicio universal, el fresco relata la escena narrada en Mateo, cuando el Señor separe buenos y malos de forma definitiva; de hecho, hace poco, con motivo del cónclave que eligió al Papa FRANCISCO, me acuerdo que en una entrevista de la televisión con el cardenal AMIGO, éste decía: "Si alguien duda de que al Papa lo elige el Espíritu Santo, y no los intereses humanos de la Iglesia, de los cardenales, o las intrigas, que se siente ante el JUICIO UNIVERSAL, ahí se dará cuenta del panorama que nos observa mientras decidimos y votamos ¿Cómo no tomar una decisión en conciencia ante esa constante interpelación que te hace el fresco?"

Hay muchas anécdotas sobre el JUICIO FINAL, la más conocida de ellas, el encargo que hiciera el Papa PÍO V al pintor DANIELE DA VOLTERRA, para que cubriera los genitales de la gran mayoría de las figuras del JUICIO UNIVERSAL original de MIGUEL ÁNGEL, al parecerle poco adecuado con un recinto sacro, y que le valió al pobre pintor el apodo sarcástico entre sus compañeros de "IL BRAGHETTONE"; o aquella otra en la que, hallándose el propio MIGUEL ÁNGEL ejecutando la obra, el ceremoniero del Papa JULIO III, llamado BAGGIO DE CESENA fue a comentarle al Papa que MIGUEL ÁNGEL le había pintado como uno de los condenados en el infierno, llevándole a contemplarlo, y se cuenta que el Papa al verlo le dijo: "¡Si te hubiera pintado en el purgatorio aún podría rezar e interceder por tí, pero como lo ha hecho en el infierno, ya nada se puede hacer!".

Sin embargo, hoy quiero llamaros la atención sobre un pequeño detalle:

En medio de la lucha titánica entre los ángeles y los santos contra los demonios por las almas de los fieles, los que son condenados que caen al infierno, y los salvados que son rescatados del mismo, apenas pasa desapercibida una figura.

Se trata, parece, de una mujer, que ora, escondida detrás de una nube, desde el lado de los salvados, mientras contempla el prodigio de los esfuerzos titánicos de santos y ángeles por atraer hacia sí las almas de los definitivamente rescatados por la Gloria y la Resurrección de Cristo, que domina el centro de la escena.

Y entonces pienso que esa es la única vocación de esta pobre comunidad de vida: Orar, para que los hombres y mujeres se encuentren con el Señor, que es, en suma, quien salva, quien rescata, quien libera y quien redime. Oramos pues, desde lo oculto de nuestra nada, de nuestra nube, para que Aquel que es más fuerte que nosotros, con su brazo fuerte, haga el resto, y tire de nuestros hermanos, atrayéndolos hacia sí.

Y si a alguien le queda duda de ello, de este anonadamiento, abajamiento y nada que somos nosotros, solamente unas palabras, porque por encima de la Asociación, de las redes sociales, esta forma de vivir es lo más parecido, para mí, a una vocación, en los términos antes dichos, y contamos con una Palabra del Señor, dicha sobre su Iglesia, y todos los bautizados somos Iglesia: 

"Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" 

(Mt 16, 18)