sábado, 10 de mayo de 2014

EL SALMO 151

En mi BIBLIA DE JERUSALÉN en la INTRODUCCIÓN A LOS SALMOS se lee lo siguiente "Finalmente, el Salmo 150, es una larga doxología que cierra el Salterio"... Evidentemente, el tesoro del LIBRO DE LOS SALMOS, si atendemos al carácter canónico de la Escritura, está definitivamente sellado y cerrado, en cuanto a Palabra de Dios, "palabra inspirada", por lo que no cabe, por ejemplo, que en el futuro, por más ungido, orado y logrado que nos parezca un poema religioso de CASALDÁLIGA, por ejemplo, éste llegue a ser considerado un Salmo, una oración inspirada que acreciente el acervo de este bello poemario-oracional que son los Salmos.

Hasta aquí estamos de acuerdo, supongo, sin embargo, algunos de los que me van conociendo, por el blog, saben cuán apasionado soy por la bíblica y la escriturística, es por ello por lo que he tenido conocimiento de la existencia de un Salmo, el numerado como 151, que sólo aparece recogido como canónico, es decir "inspirado" por las biblias ortodoxas y orientales, pero no por católicos, protestantes, ni judíos. Aparece por vez primera recogido en la llamada versión VETUS LATINA, es decir, algunos testimonios latinos de la Biblia, antes de la traducción latina oficial para toda la Iglesia, o VULGATA llevada a cabo por S. JERÓNIMO. Su carácter apócrifo es evidente, hasta el propio texto lo reconoce al afirmar "aunque esté fuera de número", pero no por ello, deja de ser un texto interesante para orar, sobretodo para reflexionar como Dios, al igual que hiciera con el propio DAVID, se escoge siempre para su triunfo, lo más pobre y pequeño a los ojos de los hombres:

SALMO 151, SALMO DE DAVID

Éste es el Salmo, de puño y letra de David,
aunque esté fuera de número,
que versa de su lucha con Goliat.

Pequeño era yo entre mis hermanos,
y el más joven de la casa de mi padre,
y pastoreaba las ovejas de mi padre.

Mis manos hacían instrumentos musicales,
mis dedos compusieron el Salterio,
¿Y quién le habló al Señor de mí?

Fue el mismo Señor, el que todo lo escucha,
que envió su ángel sobre mí,
y me retiró de pastorear las ovejas de mi padre,
y me ungió con el óleo de unción,
pese a que mis hermanos eran mayores y más robustos,
el Señor no se complació en ellos.

Yo salí al encuentro del filisteo,
y maldije sus ídolos,
yo, sin embargo, desenvainando mi espada
lo decapité y anulé la vergüenza de los hijos de Israel.

Sea como fuere, quiero decir, por su carácter apócrifo, no deja de ser bonito pensar que el más grande compositor, al menos sobre el papel, de himnos y cantos inspirados, como es DAVID en todo su Salterio, tuvo, al menos, un pequeño detalle al reconocer la obra de Dios en su propia vida.

Quizás fueran estos unos buenos deberes, que cada uno de nosotros, como DAVID en este Salmo "no oficialmente" el número 151, tomáramos conciencia de la obra de Dios en nuestra propia vida, y... ¿por qué no?, poniendo todo ello en oración, lo pusiéramos por escrito ("quedará estos escrito para la generación futura" -dice el Salmo 102,9) y así, cada uno de nosotros, compusiéramos nuestro propio Salmo 151, y lo tituláramos, el SALMO 151 de MARÍA, o de FERNANDO, o de LUÍS, o de JULIA, o de NOELIA, o de ANTONIO... el SALMO 151 de la VIDA DE CADA UNO DE NOSOTROS.

Y como dice el refranillo que "se predica con el ejemplo" aquí va mi Salmo 151:

SALMO 151 DE UN LOCO EN EL SEÑOR

Cumpliré al Señor mis votos,
mi juramento en medio de todo el pueblo:
-El profeta es un loco, el hombre inspirado delira-
No me importa, Señor,
por el Señor me torné loco, 
que sean otros los prudentes,
porque el Señor ya no me llama "extranjero", 
"peregrino en tierra extraña",
sino que ahora soy "peregrino en mi propia tierra",
para anunciar en medio de mi propio pueblo:
Mi risa subirá del jardín a toda la ciudad,
pero... ¿Acaso hay Pascua sin el aroma de los nardos,
puede haber lucha sin lamentos?
Lucharé para que la alabanza del Señor llene los campos,
no seré como los hipócritas,
que se lamentan sin haberlo intentado.
Como David, el rey bufón,
sólo yo seguiré haciendo cabriolas y piruetas,
en los campos del Señor,
en presencia del Arca del Señor,
en su Santo Santuario,
porque del Señor es también la risa,
que sube del mar, ascendiendo por los ríos,
llenando los campos,
convertiré el desierto en un jardín,
el yermo en un paraíso para el Señor,
donde habrá gozo y alegría.