jueves, 15 de mayo de 2014

EL ICONO DEL CRISTO DE MARYKNOLL


Os comparto la historia de este icono, llamado por su autor "EL CRISTO DE MARYKNOLL", porque lo he compartido varias veces, para denunciar nuestra hipocresía en el tema de la inmigración ilegal, especialmente en lo que hace a lo vergonzoso de nuestras vallas y alambradas en CEUTA, citando esa frase demoledora de Cristo en el Evangelio: "Lo que hicisteis a cualquiera de estos pequeños mis hermanos, a mí me lo hicisteis", y habéis sido muchos los que me habéis preguntado por su historia origen y significado.

Su autor en un franciscano norteamericano, llamado ROBERT LENTZ, que pinta iconos, aunque les da un tratamiento al estilo de los iconos ortodoxos, algunos autores puristas no le consideran un "iconógrafo al uso" ya que sus temas no suelen ser los iconográficamente al uso, ya que ha pintado, de este manera, gran cantidad de santos y figuras preclaras de la Iglesia del Siglo XX, como por ejemplo, Mons. OSCAR ROMERO, Madre TERESA DE CALCUTA, San DAMIÁN de MOLOKAI, o algunos no cristianos como GANDHI, también ha tratado en sus iconos temas como la injusticia, la ecología, la guerra, la teología de la liberación.




En el caso del icono que nos ocupa, el propio autor lo describe de la siguiente manera:

"He nombrado este icono "CRISTO DE MARYKNOLL" porque Maryknoll significa mucho para mí. Ellos tratan de ver a Cristo entre los más desfavorecidos, y sirven a Cristo que vive y se encuentra en las marginalidades de este mundo. Sacerdotes de Maryknoll, religiosos y religiosas, y sus laicos han sido encarcelados en CHINA y en otros lugares del mundo  por su trabajo entre los más pobres, los desheredados, los oprimidos... 

Espero que este icono inspire a todos aquellos que comparten esta visión del servicio y del Evangelio. El icono, sin embargo, no deja claro de qué lado de la valla nos contempla Cristo. ¿Está encarcelado y nosotros le visitamos a el, o somos nosotros los encarcelados y él viene a vernos? En efecto, nosotros estamos igualmente atrapados en nuestros prejuicios, nuestras instituciones, nuestros lastres sociales, culturales o personales, como una barrera de todo lo que nos separa de la plenitud y de la felicidad. De la misma manera, a través de nuestros prejuicios, nuestras instituciones y nuestros lastres pretendemos encarcelar, amoldar, aprisionar a Cristo en nuestros propios esquemas, metas e ideales."