domingo, 18 de mayo de 2014

BEATIFICACIÓN DE ROBERT SCHUMAN, PADRE DE LA UNIÓN EUROPEA


Nos encontramos en plena campaña de las elecciones europeas, mucho se dice acerca del desconocimiento por parte de los ciudadanos del funcionamiento de las distintas instituciones europeas, o del miedo a la alta tasa de abstención, por la desidia creada en la ciudadanía por el quehacer de nuestros políticos, los más consideran que estas elecciones no son más que “una  prueba de ensayo” de lo que sucede en nuestro propio orden interno, de cara a unas elecciones generales.

Lo que yo quiero hacer es recordaros el testimonio europeista de San JUAN PABLO II en su visita a ESPAÑA en el año 1982, pronunciado en SANTIAGO DE COMPOSTELA:

Yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos;

Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo.

Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes”.

“Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces” son las palabras de San JUAN PABLO II sobre EUROPA, y es que, si hemos de volver a las raíces de la UNIÓN EUROPEA nos llevaremos agradables sorpresas, que sin embargo, hoy en día han sido completamente borradas, diluidas, eliminadas, del ideario de casi todos los partidos políticos europeos, ya sean nacionales o del resto de la unión.

Vayámonos a la raíz misma de la UNIÓN EUROPEA al primer tratado europeo, firmado entre FRANCIA y ALEMANIA (las grandes enemigas desde la II GUERRA MUNDIAL) el llamado TRATADO DE PARÍS, firmado el 18 de Abril de 1951, al que luego se adhirieron BÉLGICA, ITALIA, LUXEMBURGO y los PAISES BAJOS, dando lugar a la COMUNIDAD EUROPEA DEL CARBÓN Y EL ACERO. Aunque quizás muchos desconocen que, para llegar a esto, fue fundamental la actuación e intervención del Ministro de Asuntos Exteriores francés, ROBERT SCHUMAN, del que puede que muchos ignoren que se encuentra en proceso de beatificación, como testimonio de político cristiano, servidor público, esperanzado en una EUROPA unida capaz de “servir a la paz (…) conseguir las bases de un desarrollo económico justo (…) cambiar el destino de las regiones, primeras víctimas de la guerra (…) aumentar el nivel de vida y las obras por la paz” (Declaración SCHUMAN, 9 de Mayo de 1950)

En su proceso de beatificación, contamos con el testimonio de una religiosa, de la comunidad de HERMANAS SERVIDORAS DEL SAGRADO CORAZÓN, que residían en METZ, en frente de la casa de ROBERT SCHUMAN:

Era un hombre muy sencillo, se detenía muchas veces en la floristería, ya que era muy aficionado a las flores, había muchas en su jardín, que tanto amaba; se le encontraba a menudo en la parte inferior de su jardín, cultivando o quitando malas hierbas. Mientras estuvo enfermo y fuimos a asistirle descubrí la simplicidad de su casa, de su cocina, en la que él comía siempre con su ama de llaves. A menudo nos encontrábamos en el autobús,  nos sentábamos en la parada del autobús, en plena campiña y charlábamos. Me sorprendía que estaba al tanto de todo, sabía hasta la apertura de nuevos comercios en el pueblo. Una vez le pregunté: "¿Por qué no te coge usted el coche oficial?” su respuesta fue “Nada de coche, en el autobús estoy bien, entre la gente y así puedo charlar con ella”. Fue muy amado y querido en el pueblo, porque tenía una manera de hacer las cosas muy simple, amable y gentil hacia todos los demás. Era un gran hombre, todo un ministro ... y ello no le impedía saludar a todos educadamente a la salida de nuestra capilla.

Sin embargo, era más bien tímido, aunque muy abierto: Todo el que hablaba con él se daba cuenta de su gran sencillez. Él era un buen hombre que no hacía las cosas ni mirándose a sí mismo en ellas, ni buscando la aprobación de la galería. Él era muy agradable y siempre tenía una sonrisa, incluso cuando hablaba. Era generoso con nosotras y nos dio dinero para los niños; incluso me envió dinero a ÁFRICA, para los leprosos, cuando fui destinada allí por mi congregación.


Un día le pregunté: "¿Reza usted mucho, Sr. SCHUMAN?” y él me respondió “Sí, mucho, en una ocasión le pedí al Santo Padre que me permitiese retirarme a un monasterio de clausura, y él me dijo: “Harás más bien estando fuera que permaneciendo encerrado” Era un hombre de Dios. Todos los días, antes de bajar a METZ, rezaba por las mañanas en nuestra capilla, y vimos que siempre ocupaba el último banco. Nunca le vimos orar de pie o sentado, siempre de rodillas. Y lo que más recuerdo es su forma de orar, él estaba imbuido de algo, transido por su oración, se le notaba en la expresión de su rostro. Nunca faltó a la Adoración al Santísimo Sacramento todos los primeros viernes de cada mes. También no dejó de rezar nunca el rosario.


Ahora, viendo una EUROPA al borde del conflicto por culpa de RUSIA con el asunto de UCRANIA y CRIMEA; que ha destruido al socaire de la crisis económica todo su tejido social, las esperanzas de los jóvenes, el trabajo digno, el desarrollo de las regiones, que hace oídos sordos al llamado desesperado de los inmigrantes que mueren a sus puertas, en la que nuestros políticos ignoran lo que es el “servicio público”, en los que abundan las corrupciones y las rencillas, es bueno que, en efecto, “redescubramos las raíces de EUROPA” y regresemos a los objetivos primeros, al testimonio de los hombres y mujeres que, como ROBERT SCHUMAN, supieron tener un ideal de EUROPA que transcendía los horizontes de sus aspiraciones personales o de partido… y si como creyentes hemos de rezar, por un milagro, para la causa de beatificación de ROBERT SCHUMAN, que sea que, en efecto, EUROPA REDESCUBRA SUS RÁICES.