sábado, 19 de abril de 2014

SÁBADO SANTO

CRISTO YACE EN EL SEPULCRO

"Los cipreses se alegran, 

porque desde que mi Siervo yace en tierra, 
no ha venido el leñador a buscarlos"

(Cf. Isaías 14,8)



La vida se encuentra en el sepulcro,
donde fue sepultado Cristo, Señor mío,
y los ejércitos de los ángeles se asombran desconcertados,
dando Gloria a Dios por tu humildad y tu obediencia.

Tú, que eres la vida
¿Cómo es que mueres?

¿Cómo es que moras en el sepulcro,
disolviendo el reino de la muerte
y resucitando a los muertos?


Te ensalzamos, Jesús, nuestro rey,
y honramos tu sepultura y tu pasión
que nos salvan de la corrupción.

Digno eres de alabanza,
creador del Universo,
pues por medio de tus padecimientos
estamos exentos de nuestras pasiones,

y hemos sido librados de ser depositados,
igualmente, muertos en la tierra.

Se maravillan los serafines
al contemplarte en el cielo,
junto a la Gloria de Dios Padre,
a la par que sepultado
entre nosotros en el sepulcro.

Todas las generaciones ofrecen alabanzas
a tu sepultura, Señor mío,
porque hoy José de Arimatea,
bajándote de la Cruz,
te ha puesto en un sepulcro,
a donde acudimos, con las mujeres,
a ungirte con el perfume de nuestro lamento.
 

Nuestros hermanos ortodoxos tienen la costumbre, desde que concluyeron los ritos del Viernes Santo, de cubrir el altar con el llamado "epitaphios", un icono -pintado en tela, a modo de mantel- que representa el cuerpo de Cristo en la sepultura, y con el que se cubre el altar, imagen del sepulcro de Cristo sobre el que se deposita su cuerpo.

Durante el oficio de la mañana del Sábado Santo, se tiene una pequeña celebración en la que se cantan varios himnos y salmodias, entre ellos el texto que acompaña, mientras el sacerdote esparce sobre el "epitaphios" hojas de laurel, mientras que los fieles lo aspergen con agua de rosas, simbolizando la unción del cuerpo de nuestro Señor, como preparación, antes de ser depositado en el sepulcro.