miércoles, 12 de febrero de 2014

TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SANTA BERNARDETTE

Por mediación de un tuit he tenido acceso al siguiente texto, se trata del TESTAMENTO ESPIRITUAL DE BERNARDETTE, la santa vidente de las apariciones de la Virgen de LOURDES, y que quiero compartir con vosotros porque, ante todo, me ha conmovido su humildad, y su forma constante de dar las gracias por muchas cosas por las que, el resto de los mortales ¡será por eso que no somos santos! al contrario, no hacemos más que quejarnos ante Dios. Santa BERNARDETTE murió a la edad de 35 años, el día 16 de Abril de 1.879.
 
Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá,
por los fracasos que tuvimos,
porque se arruinó el molino,
por haber tenido que cuidar niños,
vigilar huertos frutales y ovejas
y por mi constante cansancio...
 
Te doy gracias, Jesús.
Te doy gracias, Dios mío,
por el fiscal
y por el comisario,
por los gendarmes
y por las duras palabras del padre Peyramale...
No sabré como agradecerte, si no es en el paraíso,
por los días en que viniste, María,
y también por aquellos en los que no viniste.
Por la bofetada recibida
y por las burlas y ofensas sufridas,
por aquellos que me tenían por loca,
y por aquellos que veían en mí a una impostora;
por aquel que trataba de hacer un negocio...
 
Te doy gracias, Madre. 
Por la ortografía que jamás aprendí,
por la mala memoria que siempre tuve,
por mi ignorancia
y por mi estupidez...
 
Te doy las gracias.
Te doy las gracias
porque si hubiese existido en la tierra
una niña más ignorante y estúpida,
tú la habrías escogido.
Porque mi madre haya muerto lejos.
Por el dolor que sentí cuando mi padre,
en vez de abrazar a su pequeña Bernardita,
me llamó "Sor María Bernarda"...
 
Te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado,
tan delicado y sensible,
y que colmaste de amargura.
Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada,
te doy las gracias.
Por el sarcasmo de la madre maestra,
por su dura voz,
por sus injusticias,
por su ironía
y por el pan de la humillación ...
 
Te doy las gracias.
Gracias por haber sido como soy,
porque la madre Teresa pudiese decir de mí:
"¡Ésta no da más de sí!"
Doy las gracias
por haber sido una privilegiada
en la indicación de mis defectos
y que otras hermanas pudieran decir:
"¡Menos mal que no soy Bernardita!". 
Agradezco haber sido la Bernardita
a la que amenazaron con llevar a la cárcel
porque te vi a ti, Madre...
 
Agradezco que fui una Bernardita
tan pobre y tan miserable
que cuando me veían, la gente decía:
"¿Esa cosa es ella?"
La Bernardita que la gente miraba
como si fuese el animal exótico. 
Por el cuerpo que me diste,
digno de compasión y putrefacto,
por mi enfermedad que arde como el fuego
y quema como el humo,
por mis huesos horadados,
por mis sudores y mi fiebre,
por los dolores agudos y sordos que siento...
 
Te doy las gracias, Dios mío. 
Y por el alma que me diste,
por el desierto de mi sequedad interior,
por tus noches y tus relámpagos,
por tus rayos... por todo.
 
Por ti mismo, Señor,
cuando estuviste presente
y cuando faltaste...
 
Te doy las gracias, Jesús.