domingo, 16 de febrero de 2014

#FranciscanStyle


Muchas veces, cuando en los medios de comunicación, se habla de la "revolución del Papa FRANCISCO" o cualquiera de sus palabras, en las homilías de la capilla de SANTA MARTA, se convierten automáticamente en titulares que dan la vuelta al mundo, perdonadme, no puedo evitar el esbozar una sonrisa picarona, porque me pregunto mentalmente: "Si este hombre lo único que hace es hablar de Evangelio, puro y duro... ¿No será que es nuestra propia incoherencia la que hace que todo nos parezca nuevo?"
 
Permitidme, tan sólo, un ejemplo:
 
Se considera afortunada por muchos, y el Papa no hace sino insistir en ello, la expresión de que "hemos de salir a las periferias a anunciar el Evangelio", lo cual no me sorprende nada, ni puede hacerlo, a quienes de hecho ya vivimos en la periferia, y no me refiero a una periferia social, pues ciertamente vivimos en un barrio periférico, de esos dejados de la mano de Dios, como del ayuntamiento, a partes iguales, y que ha pasado, en palabras de vecinos de aquí de toda la vida, de ser "un barrio obrero" a un "barrio de parados"; también vivimos en la periferia laboral, ninguno de nosotros está viviendo su vocación, es decir, aquello para lo que se preparó y estudió, confiando poner sus mejores dones al servicio del Señor y de sus hermanos; de la mano de la anterior circunstancia viene también la periferia económica en la que nos encontramos, pues ya sabemos cómo andamos en este aspecto... y finalmente la propia periferia eclesial, quizás la que más duele, porque hay muchos hermanos nuestros, incluidos nosotros, por qué no decirlo, que no han descubierto en la Iglesia, y no me cansaré de decirlo el rostro de una "madre y maestra" (en esa bella definición dada por JUAN XXIII), sino más bien la experiencia de una "madrastra" o que han quedado heridos en su fe por el "antitestimonio" de aquellos que se dicen de Iglesia, y porque mucha de nuestra labor evangelizadora se da, precisamente, intentando rescatar, como una especie de retaguardia a todos esos hermanos nuestros, que de una forma u otra, se van quedando tirados en la cuneta del paso de la Iglesia por la historia de sus vidas.
 
 
Evidentemente para nosotros, "salir a las periferias a anunciar el Evangelio" no es una propuesta innovadora, arriesgada o revolucionaria del Papa FRANCISCO, es una realidad en la que ya nos encontrábamos insertos desde hace mucho tiempo, por eso ahora, más que sentirnos reconocidos por el Papa, o consolados por sus palabras, no podemos dejar de sonreírnos mientras nos decimos "¡pues vaya novedad!"
 
Aunque no cabe duda de que el Papa FRANCISCO está empezando a instalar en la Iglesia, con sus palabras y, sobretodo, con sus gestos y su propia forma de ser y su vida, un auténtico #FranciscanStyle, sin embargo, como suele suceder con esto de los estilos y las modas, es que al mismo tiempo sirven de -permitidme la expresión del célebre anuncio- para darnos cuenta de que "el algodón no engaña", es decir, que los fieles y el pueblo cristiano -como bien decía el propio Papa "tienen un olfato muy fino para darse cuenta de qué pastores y sacerdotes dan la vida por sus ovejas de verdad", por lo que muy pronto empezaremos a darnos cuenta de quienes se suben a este carro del "estilo franciscano" de hacer y ser Iglesia de forma postiza y accidental, por no "perder el tren" y quienes, por el contrario, no tienen por qué seguir una moda, o parecer artificiales, ya que venían viviendo este estilo y esta forma de ser de mucho antes, porque simplemente les brotaba de sí, era su forma de ser de siempre...
 
Y con ello quiero aprovechar para traeros y compartiros las palabras de Monseñor SANTIAGO AGRELO MARTÍNEZ, Arzobispo de TÁNGER, y a la sazón franciscano, sobre los recientes acontecimientos acaecidos en CEUTA. Porque como veníamos diciendo aquí no hay postizos franciscanos de ningún tipo, sino la voz clara y certera de un pastor, que denuncia con toda la fuerza del Evangelio una situación dramática (el trato que hemos dado a los inmigrantes y las muertes producidas), pero que no suena a oportunista, superficial, o forzada, sino que brotan de una clara vivencia del Evangelio, puro y duro, sin adornos, y que sin duda alguna nos interrogarán a muchos:
 
 
Dios nos reclamará la vida de su Hijo...
 
Mi hermano me dice que los han deportado; me lo dice en su castellano con acento de POLONIA: “Con tristeza se llevaron a nuestros hermanos africanos, horrible…”.
 
La tristeza no era de quienes se los llevaron, sino de los deportados y de mi hermano.
 
Es necesario gritar: Los han llevado al sur, hacia la frontera. Allí los han abandonado. Helena entrecomilla palabras de un hombre que clama en el desierto: “Os suplico que nos rescatéis. No podemos continuar andando. Vamos a morir en este desierto. Os lo suplico de nuevo. Estamos cerca de la frontera mauritana; vemos la barrera mauritana y los soldados”.
 
Es necesario gritar, pero no sabría dar nombre a los responsables de esta violación de derechos. Es necesario gritar, aunque puede que haya de considerarme a mí mismo cómplice de quienes han puesto manos sacrílegas sobre la vida de los pobres. Es necesario dejar que vuelen palabras mensajeras de justicia para los inmigrantes, pero no se me oculta que por ello puede verse restringida o anulada la libertad que ahora tenemos de socorrerles en su necesidad.
 
Entonces no gritaré. Me limitaré a leer el Evangelio: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mateo 5, 23-26)
 
Mucho me temo que las misas de este DOMINGO SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO van a durar más de lo acostumbrado, pues antes de poner la ofrenda sobre el altar, todos habremos de pasar por la frontera de MAURITANIA para que nos perdonen los negros entregados allí, con nuestro dinero, a un destino de muerte.
 
Si te fijas en el canto de comunión de este domingo, hallarás en él palabras de revelación que llenan de alegría el alma: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

Pero verás que son también palabras de advertencia: Nosotros podemos ignorar el sufrimiento de los pobres y matarlos en las fronteras. ¡Dios nos reclamará la vida de su Hijo!
 
Este año de 2014, antes de poner nuestra ofrenda sobre el altar, todos habremos de pasar por la frontera de CEUTA por si pueden perdonarnos los muertos.