martes, 4 de febrero de 2014

ANTIGUO HIMNO CRISTIANO: "QUE SE HAGA EL SILENCIO"

Hace unos días, el Papa FRANCISCO, en una de sus homilías en Santa MARTA, nos decía que en nuestra vida de oración personal "no nos conformáramos sólo con pedir, sino que también era preciso que practicáramos la oración de alabanza y de acción de gracias". Como todo lo que dice el pontífice, en seguida se convirtió en un titular que dio la vuelta al mundo, sin embargo, ni qué decir tiene, la oración de alabanza ha estado siempre en la vida litúrgica y de oración, tanto de la Iglesia, como en la vida de los fieles.
 
A modo de ejemplo, y como curiosidad histórica, compartimos con vosotros el llamado PAPIRO OXIRRINCO 1786, que contiene un antiguo himno cristiano, encontrado entre los papiros y legajos hallados en el siglo pasado en la localidad egipcia del mismo nombre.
 
 
DESCRIPCIÓN
 
Este texto, contenido en un fragmento 29,6 x 5 cms de papiro, presenta la particularidad de que se puede considerar como el himno cristiano más antiguo, en torno al Siglo III, con notación musical de cuántos se conservan. Ya que encima del texto, donde se contendría la letra del himno, en una caligrafía más pequeña y cursiva, se incluyen las letras griegas de la notación musical.  

TRANSCRIPCIÓN LITERAL

1(faltan 31 letras) omou pasai te qeou logimoi
a (...) ar (...)
2(faltan 28 letras) prutanhw sigatw med astra
faesfora leipe
3sqwn (...) lei (...) r (...) potamwn roqiwn pasai umnoun
ton d hmwn
4patera c uion c agion pneuma pasai dunameiV epifwnountwn amhn
amhn kratoV ainoV
5(...) dwthri monw pantwn agaqwn amhn amhn

TRADUCCIÓN

La traducción, que no es dada por el editor Arthur Hunt, op. cit. podría ser la siguiente:

Que se haga el silencio, que las estrellas no brillen, que los vientos (…) y los ríos caudalosos se detengan, mientras cantamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, que todos los poderes se unan al “amén, amén”, que todo el imperio, alabe y glorifique siempre a Dios, el único que concede todas las cosas buenas “amén, amén”

PARTITURA

Pese a no ofrecernos la traducción de este himno, curiosamente, lo que sí hace el editor Arthur Hunt, op. cit. es ofrecernos la reconstrucción de la partitura obra de H. Stuart Jones de dicho himno, cuyas características musicales son las siguientes:
 
La música está escrita en notación vocal griega James W. Mc Kinnon, «Christian Church, Music of the Early. §II: Special Issues, 8. The Musical Character of Early Christian Song», año 1980, que utiliza letras para ello, según el editor Arthur Hunt, op. cit. se identifican las siguientes notas musicales en nuestro texto: r f s o x i z e.

 
La notación musical es de modo Hipolidio escala de Fa, y es de tipo diatónico Pöhlmann, Egert y Martin L. West, “Documents of Ancient Greek Music: The Extant Melodies and Fragments”, Oxford, año 2001. El texto se marcará en gran medida silábicamente, con unos melismas técnica de cambiar la altura de una sílaba musical mientras es cantada cortos. El himno es esencialmente anapéstico pie formado por tres sílabas, las dos primeras breves y la tercera larga, aunque hay algunas irregularidades. Los expertos Levy, Kenneth: «The Byzantine Sanctus and its Modal Tradition in East and West», año 1958 están de acuerdo en considerar que es el himno cristiano más antiguo de cuántos se conservan, y que tendría ciertos paralelismos con la melodía del “sanctus” clásico, cuya composición se conoce ya desde el Siglo IV, ya que es similar a la del himno en su textura en gran medida silábica y en la melodía diatónica, con ligeras diferencias 

 
COMENTARIO 

Es evidente que el himno es una invitación que se hace, al coro, o a la comunidad, a la alabanza universal doxología a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que concluye con el canto del “Amén” de forma reiterada, aunque para ello es preciso, previamente, que todo el universo se una a esta alabanza permitiendo el silencio necesario para ello. 

Hay que indicar que el tema del silencio universal, o reverente, ante una intervención divina, una ofrenda, o un acto litúrgico, no es desconocido ni en la literatura griega clásica, ni en la tradición cristiana. De esta forma, por ejemplo, encontramos en Homero “La Iliada”, 9.171 un llamamiento al silencio, antes de hacer una oración: “Traed agua y llamad al santo recogimiento, porque debemos elevar una oración a Zeus, hijo de Cronos, para que tenga misericordia con nosotros”; y de la misma manera este silencio, se encuentra también en la tradición cristiana: “¡Silencio todos ante el Señor, que se levanta en su santa morada!” (Zacarías 2, 17), “¡Silencio en presencia del Señor!, que se acerca el día del Señor.” (Sofonías 1,7), “En cambio, el Señor está en su santo templo: ¡silencio en su presencia todo el mundo!” (Habacuc 2, 20). Se observa también el silencio como algo que acontece, con carácter previo, a una manifestación divina, a una participación de la naturaleza y de todo lo creado en el misterio de Dios, o su alabanza, como parece sugerir el texto “Que se haga el silencio, que las estrellas no brillen, que los vientos (…) y los ríos caudalosos se detengan”, lo que se puede encontrar por ejemplo, en el Apocalipsis (Apocalipsis 8, 1-3): 

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo en el cielo un silencio de media hora. Vi a los siete ángeles que estaban delante de Dios: les entregaron siete trompetas. Otro ángel vino y se colocó junto al altar con un incensario de oro; le dieron incienso abundante para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro, delante del trono. 

Aunque sin duda, el ejemplo más impactante de silencio cósmico, de reverencia de todo lo creado ante el misterio de Dios, lo encontramos en el Protoevangelio de Santiago, en el que se relata la escena de José, que ha abandonado la cueva para buscar una partera, que observa como todo se detiene a su alrededor, en el instante mismo de verificarse el nacimiento de Jesucristo (Prot. Ev. Santiago, XVIII, 2): 

Y yo, José, avanzaba, y he aquí que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y veía el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo veía inmóvil, y los pájaros detenidos. Y las bajé hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que tenían los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanecían quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vacío. Y contemplaba la corriente del río, y las bocas de los cabritos se mantenían a ras de agua y sin beber. Y, en un instante, todo volvió a su anterior movimiento y a su ordinario curso. 

Y, asociado al momento de la resurrección, se sigue insistiendo en esta pausa cósmica, en este impás de la naturaleza, en la Tradición Apóstólica atribuida a San Hipólito de Roma, que al hablar de la oración de medianoche, refiere lo siguiente Tradición Apostólica, (41, 15): 

Porque es tradición enseñada por nuestros mayores, lo que os cuento, de que a esta hora todas las criaturas callan para alabar al Señor. Los árboles, las estrellas y los ríos se detienen por un momento. Y todos los ángeles del Señor y las almas de los justos alaban al Señor. Por eso es muh importante que se conserve entre los creyentes la tradición de orar a esta hora, porque así lo dice el Señor: “Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” y añadió “Velad, porque no sabéis cuándo viene la hora”. 

A continuación se invita a que “todos los poderes” se unan a la doxología y al canto del “amén”. Sin embargo, habría que precisar qué poderes son éstos, dado que la expresión griega usada en el himno “pasai dunameiV” puede entenderse de varias maneras: 

Puede entenderse al modo del himno paulino (Filipenses, 2, 10): “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” Así, a esta invitación universal a la alabanza se estaría invitando, no sólo a todo lo creado, a todos “los poderes del cielo” sino también a los “poderes del reino contrario”, incluyendo los demonios, el inframundo y todo lo que contiene. 

Sin embargo, hay otra serie de autores “An ancient christian hymn with musical notation”, Charles H. Cosgrove, Studien und Texte zu Antiche und Cristentum, nº 65, Editorial Mohr Siebeck que consideran que esta llamada a los “poderes” se refiere más bien a los coros angélicos solamente. Ello se debe a que la clasificación tradicional de los coros angélicos (cada uno de los cuales tiene una misión específica) como “Ángeles, arcángeles, querubines, serafines, dominaciones, tronos y potestades” que aparece en la llamada Constición Apostólica se refiere a esta última categoría de seres angélicos “potestades” (lo que hemos venido traduciendo como “poderes”) de la misma manera, como “dunameiV” en griego. De hecho, el texto referido Constituciones Apostólicas, VII, 35, 4, dice así: “Israel, tu asamblea terrena en medio de las naciones, se une a las potestades del cielo, cantando día y noche, con un corazón sincero y un alma bien dispuesta”. 

Está igualmente documentada la incesante actividad litúrgica de los ángeles en el cielo, llamados también “dunameiV” (como “poderes del cielo”) en la traducción griega llamada Septuaginta: “Alabadlo, todos sus ángeles(Salmo 148,2) o también “Potencias todas del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente(Daniel 3,61). Esta comunión entre la liturgia del cielo y la alabanza en la tierra, que en el pensamiento cristiano alcanza, sin duda alguna su culmen en la liturgia celestial mostrada en el Libro del Apocalipsis,  queda explicada, igualmente, en la mentalidad judía, anterior a la cristiana, como lo señala, por ejemplo, el propio Talmud: “Más aún, el ministerio de los ángeles no comienza, ni sus cantos, ni su alabanza, hasta que Israel comienza a cantar, abajo, en la tierra” Talmud de Babilonia, sección Hullin, 91b. 

Sigue el canto reiterado del “amén, amén”, pese a que esta expresión no es desconocida en la tradición evangélica, pues con el “amén” concluye todas las doxologías evangélicas, especialmente en las cartas de San Pablo, y curiosamente, al final del rezo del Padrenuestro (Mateo 6,9-15), en algunos manuscritos del Evangelio de San Mateo, en el que se concluye diciendo: “Porque tuyo es el poder y la gloria, por siempre, amén”, aunque los autores creen que se trate de una interpolación del rezo liturgico del padrenuestro, conocido por el escriba, que lo añadió por la costumbre de su recitación, aunque otros autores lo consideran una traza de un pretendido evangelio judaizante de Mateo, anterior al canónico, al ser una fórmula de cierre típica de la doxología judía.  

Lo curioso en este caso es la reiteración del término que hace nuestro himno “amén, amén”, que sólo aparece, por ejemplo, en el Evangelio de San Juan cuando introduce las mismísimas palabras del Señor, así por ejemplo, “Amén, amén, te digo que el que no nazca de nuevo no puede entrar en el Reino de los Cielos” (Juan 3,3), lo que no es casual, ya que esta doble invocación del “amén”, por la que Jesucristo remacha la veracidad de su enseñanza La autoridad de Jesús”, Juan Arregui aparece hasta 35 veces en el Evangelio de San Juan. Y en el Antiguo Testamento la doble cita del “amén” es completamente desconocida, salvo en el Salterio, donde aparece, curiosamente, como elemento divisor de las tres grandes partes del Salterio: “¡Amén, amén!” (Salmo 41, 13 – Septuaginta Salmo 40,14), “¡Amén, amén!” (Salmo 72,19 – Septuaginta Salmo 71,19) y “¡Amén, amén!” (Salmo 89,53 – Septuaginta Salmo 88,53). Más frecuente, no obstante, es la doble invocación del “amén” en la literatura de la comunidad esenia de Qumrán, así en la Regla de la Comunidad (Papiro 1QS) se dice “Éstos que entran en la Comunidad repetirán después de aquéllos: ¡Amén, amén!”, y en la Canción del Sabio (Papiro 4Q511): “Que toda tu obra sea bendita por siempre. Que tu nombre sea bendecido por siglos sin término. ¡Amén, amén!”, o en los Salmos apócrifos (11Q11): “Así te ensalzará y te mostrará misericordia ¡Amén, amén!”. Pero, aparte del texto que nos ocupa, no se encuentra ninguna traza o vestigio de este uso litúrgico del doble “amén” en la iglesia naciente hasta bien entrado el Siglo V, donde aparece como confesión litúrgica del sacerdote sobre la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo en las ofrendas consagradas “Y cuando levante la copa, que diga amén dos veces, como símbolo del cuerpo y de la sangreTestamentum Domini, Libro I, 23. De todo lo anterior se deduce la originalidad de nuestro himno en hacer esta doble invocación del “amén”, no atestiguada hasta entonces, o a la inversa, el documento más antiguo que aseveraría su uso litúrgico en ciertos himnos primitivos de la comunidad. 

Recopilando todos los elementos anteriormente señalados, de forma dispersa, el himno se comenta, de forma resumida de la siguiente manera, que incide en todo lo expuesto hasta el momento, de forma magistral por su principal estudioso Charles H. Cosgrove “An ancient christian hymn with musical notation”, Studien und Texte zu Antiche und Cristentum, nº 65, Editorial Mohr Siebeck: 

En resumidas cuentas, la llamada al silencio universal de nuestro himno aparece como un préstamo de los antiguos himnos griegos clásicos, aunque también aparece en la tradición cristiana de la medianoche (en la Tradición Apostólica). El himno describe una especie de liturgia compartida entre la Iglesia y los ángeles, lo que al menos es citado por dos Santos Padres asociados a Alejandría (San Clemente de Alejandría y Orígenes), que nos muestran como los ángeles están presentes cuando los fieles oran, y especialmente en el momento de la medianoche. A partir del Siglo IV se generaliza la idea, por ejemplo, en San Juan Crisóstomo, que los ángeles bajan del cielo para asistir al santo sacrificio de la Eucaristía. La llamada a todo lo creado, a los ángeles y a las potestades, del cielo y de la tierra, para cantar la alabanza de la Santísima Trinidad e invocar el “amén, amén” le dan a este himno unas resonancias de dimensiones cósmicas y universales.
 
Y finalmente, si os estáis preguntando "cómo sonaría este himno" me ha sido posible encontrarlo en YOUTUBE, lo que comparto con vosotros, gentileza, según reza el vídeo de GREGORIO PANIAGUA, interpretado por el ATRIUM MUSICAE de MADRID, en su disco "Musique de la Grece Antique":