domingo, 26 de enero de 2014

"SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA"

Ante la polémica suscitada por las palabras del Cardenal electo FERNANDO SEBASTIÁN, que no vienen sino a "añadir más leña" a un fuego cual es la situación y consideración, en la Iglesia, de las personas homosexuales, a las que no olvidemos, el mismísimo Mons. REIG PLÁ, en plena celebración del Viernes Santo (precisamente el día en que Cristo murió para salvación de todos) tuvo la misma osadía de "condenarlos al infierno", aseveración que, por otra parte, la Iglesia nunca se ha atrevido a hacer, ni siquiera de JUDAS, o de HITLER, por citar los más evidentes; y ante el daño hecho a cristianos homosexuales, hermanos y hermanas nuestros, que quieren vivir su fe, y por qué no decirlo, sin ambages, también su vida de pareja, común, en lo espiritual y en lo material, en el socorro mutuo, la mutua comprensión y la ayuda (en vez de caer en las garras de ese otro tópico cual es la pretendida promiscuidad de este colectivo), y que viven de buena fe esa "comunión de sustento, techo, y lecho" que dice el aforismo, es por lo que nos vemos en la obligación, de socorrer a todos estos hermanos nuestros para que tengan argumentos con los que defenderse ante tan descarado, inhumano, falto de sentimiento ataques gratuitos.

Vamos a fijarnos en el relato del milagro de la sanación del "siervo" del centurión, que narran MATEO y LUCAS, observamos que la traducción que se hace del griego al castellano es la siguiente en ambos textos:
 
Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión, suplicándole: «Señor, mi siervo está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.»
(Mateo 8, 5-6)
 
Había allí un centurión que tenía un sirviente muy enfermo al que quería mucho, y que estaba a punto de morir.
(Lucas 7, 2)
 
Sin embargo, el texto griego usa dos palabras diferentes, en MATEO y LUCAS,  para lo que los autores han traducido por siervo en las traducciones al castellano, como se observa:
 
Mientras MATEO usa el vocablo griego "paiV" (que significa exactamente "niño, muchacho", y que con esta significación es usado todas las veces que aparece este término usado en los evangelios de MATEO, MARCOS y LUCAS, por citar sólo los sinópticos; o si se prefiere, ese es el sentido de dicha palabra en el griego "koiné", la variante griega para escribir el evangelio),
 
por su parte, LUCAS se ha decantado por el término "douloV" que aparece siempre con el significado de "siervo, sirviente" en su uso por parte del griego bíblico).
 
Por tanto la traducción literal de MATEO debería ser:
 
"Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente"

 
Lo que ya empieza a plantear los primeros problemas interpretativos, dado que no es lo mismo que el centurión romano sienta amor por "su muchacho" en MATEO (lo que sería lógico y comprensible, si creyéramos que con esta expresión se refiere cariñosamente a un hijo suyo, por ejemplo), que por "su siervo" en Lucas (sobretodo si tenemos en cuenta que en el contexto del derecho romano un siervo no valía nada, ni siquiera era considerado persona y no era más que una propiedad más de su titular, en este caso el centurión). Además, si los evangelistas están narrando un mismo acontecimiento, no se entiende porque se usa una palabra por MATEO distinta de la LUCAS (máxime cuando éstas presentan significados tan opuestos), de hecho, tampoco se entiende que ambas palabras hayan terminado por traducirse como "siervo" en ambos evangelistas, de esta manera BONNARD en su obra “El Evangelio de Mateo” señala:
 
"El hecho de que el vocablo usado por Mateo se haya contaminado de la significación servil dada por Lucas en su Evangelio es un problema que, en modo alguno, se puede dar por zanjado".
 
Tan sólo una traducción (“Evangelio Trilingüe”, de la Editorial BAC) traduce de forma más o menos acertada el texto de MATEO cuando dice:
 
«Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente
 
Aunque se apresura a poner el contexto previo para interpretar el sentido de este "muchacho" que traduce literalmente, cuando, antes, ha titulado la perícopa (es decir, esta sección narrativa) como "la curación del siervo del centurión".
 
Pero quedémonos con esta traducción de muchacho y hagámonos la siguiente pregunta: ¿Quién es este muchacho al que el centurión quiere tanto?
 
Una primera respuesta sería pensar que pudiera ser un hijo suyo, por eso la expresión griega usada por MATEO al escribir  "o paiV mou" se podría traducir por "mi niño" sin ningún tipo de problema. Sin embargo esta tesis la contradicen dos elementos: Por un lado que la expresión "o paiV mou" no es, a su vez, la usada por LUCAS, que le da a dicho término en su paralelismo sinóptico un tono más servil "criado, siervo" al usar la palabra "douloV". Además, si era su hijo de verdad ambos autores podrían haberlo dicho así, y era muy raro, por no decir absolutamente inexistente, el hecho de que un militar se trasladara en misión, máxime a una zona tan convulsa como PALESTINA, cargando con su familia.

 
Tampoco puede ser este "muchacho" un "siervo "cualquiera, ya que lo niega el uso de la expresión "mi muchacho, mi siervousado por MATEO, ya que, precisamente, el querer a un siervo no es lo más frecuente desde la óptica del derecho romano y su consideración sobre los siervos y esclavos (ni siquiera en un ámbito con otros valores, díganse cristianos, pues hasta el mismo PABLO ha de pedir a FILEMÓN, pese a ser cristiano, que acoja con cariño a su esclavo huido y no lo maltrate por haber escapado), y a pesar de ello LUCAS añade más confusión al asunto, pues pese a identificarlo como "un siervo" a continuación insiste añadiendo que dicho siervo le era "entimoV", es decir, muy íntimo, muy amado, muy cercano.
 
La única forma de resolver el dilema interpretativo de la palabra "paiV " en MATEO, o por qué pese a ser un "siervo" en LUCAS se dice que le es muy querido, sería pensando en la pederastia militar o en las prácticas homosexuales en ROMA.
 
Hemos de señalar que, en la moral romana, no había un juicio de disvalor ético o moral sobre la homosexualidad, solamente en la conducta homosexual había algo reprochable, que en todo caso el rol activo lo tomase el ciudadano romano libre, el patricio; lo inmoral, lo reprobable es que un ciudadano libre de roma, y por ello digno, se dejase vejar por un esclavo, un colono o un liberto adoptando el papel pasivo. Ante esta perspectiva adquiere un nuevo horizonte interpretativo la afirmación del centurión romano ante Cristo: "Señor, cura a mi muchacho" (esto es, "cura a la persona con la que mantengo una relación homosexual"), y que no se nos antoja en nada descabellada. Pensemos que MATEO, como evangelista, es decir, autor de un evangelio, es menos culto en su uso del griego, por ello no tiene ningún reparo en usar la expresión "o paiV mou", así, a las claras, con plena conciencia de que sus lectores sacarán rápidamente conclusiones acerca del tipo de relación existente entre el centurión romano y "su muchacho", ya que la intención del EVANGELIO DE MATEO es proclamar a Jesús como Mesías ante los judíos, que lo tuvieron delante y no lo supieron reconocer (por eso se alaba tanto -en este mismo episodio- la fe del centurión, pese a no ser judío, sino pagano).
 
Por su parte, LUCAS, que es un autor más cultivado y que conoce mejor el griego, y que se dirige a unos lectores más cultos, se da cuenta de que la expresión usada por MATEO es "demasiado evidente" ("políticamente incorrecta", diríamos ahora) y decide por ello usar un eufemismo ante sus lectores usando para ello "douloV" "siervo" en su lugar, aunque –con posterioridad- pareciera que LUCAS se sintiera un poco tergiversador ante la realidad de los hechos y por eso, o de lo contrario no se explica, añade al final de dicho versículo que dicho siervo "le era muy querido" (con lo que disimula lo primero y crea la dificultad de intentar comprender ahora cómo era posible que un centurión romano pudiera sentir afecto por un siervo, y encima reconocer esa debilidad ante los judíos que le acompañaban a presencia de Jesús).
 
Lo importante es que, en ambos casos (sea en el evangelio de MATEO, o de LUCAS), Jesucristo no condena (pues él mismo, como receptor de la petición, también capta la relación existente entre el centurión y su muchacho) la homosexualidad del centurión, sino que, al contrario, alaba su fe. No cabe duda alguna que si Jesucristo hubiera querido hacer algún reproche explícito lo habría hecho como cuando, por ejemplo, denuncia a JUDAS su traición, o le descubre a la samaritana que tiene trato sexual con cinco hombres, confirma la indisolubilidad del matrimonio a los judíos o –después de perdonar a la adúltera- le dice expresamente: "anda, vete y no peques más", y nada de esto sucede en el presente caso.
 
Teniendo en cuenta, esa afirmación contenida en la EVANGELIUM GAUDI del Papa FRANCISCO de que "la Eucaristía no es premio de los perfectos, sino remedio de los pecadores", resultaría del todo curioso, una especie de "venganza poética" que, precisamente, las palabras del centurión, presuntamente homosexual, sean las que decimos todos, en la liturgia, al acercarnos a comulgar: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa".