viernes, 24 de enero de 2014

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS: DÍA 7

Vamos concluyendo esta SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, que en verdad es un octavario, ya que se celebra del 18 al 25 de Enero de cada año, por lo que, ciertamente, concluirá mañana, en la fiesta de la CONVERSIÓN DE SAN PABLO, el apóstol de los gentiles, el gran perseguidor de la Iglesia, que desde su encuentro con el Señor "Saulo, Saulo... ¿Por qué me persigues?" se convirtió en su máximo defensor, en el más apasionado y "sufrido" de los apóstoles.
 
A lo largo de esta semana, con toda humildad, os hemos propuesto cada día un gesto, un detalle, un pensamiento, una oración que os ayudara a imbuiros en el sentimiento que es el lema de este año "¿Es qué Cristo está dividido?".
 
Juntos, a lo largo de estos días, nos hemos puesto en el centro, en el lugar de Cristo, y le hemos invocado sobre los cuatro puntos cardinales, como queriendo abrazar simbólicamente a toda la cristiandad, dispersa a occidente y oriente, norte y sur, para que retornen al centro, que es Cristo, como dice la escritura "una sola fe, un solo bautismo, un solo Señor" (Día 1); hemos recitado juntos el CREDO NICENO, el que era común a todos los cristianos antes de la ruptura con la ortodoxia, con la esperanza de retornar a ese punto en la fe, y hemos acogido, pese a la división los dones de cada una de las comunidades cristianas (Día 2); siguiendo el consejo de San IRENEO de LYON en virtud del cual "La Gloria de Dios es que el hombre viva", creemos que antes que cristianos, hacen falta seres humanos, íntegros, con todas sus necesidades cubiertas, las materiales y las espirituales, y hemos rezado, sintiéndonos miembros de la familia humana, por los llamados "objetivos del milenio", propuestos por la ONU, como expresión de la gran familia humana (Día 3); nos hemos hecho solidarios con nuestros hermanos cristianos en minoría en aquellos países en los que son perseguidos a causa de su fe, especialmente de los cristianos en TIERRA SANTA, para que su presencia no se pierda en los lugares en los que real y ciertamente vivió Jesús (Día 4); hemos bajado a lo concreto, a nuestra cotidianeidad, aprendiendo que cada hermano nuestro, que se cruza con nosotros, en esta aventura de la vida, es para nosotros un auténtico "Don de Dios" (Día 5); y finalmente hemos reflexionado sobre la ruptura de Cristo y cómo podemos sanarla, pidiendo ser enviados para ello (Día 6).
 
Así que concluimos esta SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS con el último momento de la ceremonia ecuménica propuesta por la Iglesia de CANADÁ, el envío:
 
¡Que el amor del Señor Jesús os lleve a él,
que el poder del Señor Jesús os fortalezca en su servicio,
que la alegría del Señor Jesús os llene vuestro espíritu,
y que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y permanezca siempre! 
 
Podéis ir en paz,
para amar y ser amados,
para acoger y pertenecer,
para servir y ser nutridos.
 
¡Demos gracias a Dios!