domingo, 12 de enero de 2014

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ


En nuestros estatutos sociales se dice, entre otros, que uno de nuestros fines sociales es “PROMOVER y FAVORECER entre nuestros socios el conocimiento de los Derechos Humanos y la Doctrina Social de la Iglesia”, llegados a este punto hemos de señalar que el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 10 de Diciembre de 1.948, en su preámbulo, reza de la siguiente manera: “Considerando (…) el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” y siempre me ha gustado hacer notar a los profanos en la materia que ésta declaración solemne de la “dignidad intrínseca” del ser humano no puede brotar sino de aquella otra expresión contenida en el libro del Génesis “Hombre y mujer los creó, a su imagen y semejanza los creó”, es decir, dignos, por participar de la dignidad de Dios mismo.
 
Sólo por la Declaración Universal de los Derechos Humanos podemos decir que vale la pena la existencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y no nos engañemos, no es que la ONU haya conseguido el que era su objetivo por excelencia, esto es, evitar las guerras y desastres como los que propiciaron su existencia, ambas guerras mundiales por más señas, pero no podemos sustraernos a la idea de que como cualquier institución humana adolece de sus carencias, amén de que no debe de ser nada fácil aunar los intereses, objetivos, políticas e ideologías de un ágora tan extensa como es la de todos los países y territorios del mundo, pero, insistimos, su mayor logro sigue siendo, al menos, haber arrancado consensos más o menos universales, más o menos generales, de todo este “guirigay internacional” en cuestiones clave que afectan a la centralidad misma del ser humano.
 
 
El otro día hice referencia, en TWITTER, a que el año 2014 ha sido declarado por la ONU, entre otros eventos, como “AÑO INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR” con una de nuestras consabidas postales, y me sorprendió que entre los comentarios hubiera quien me dijera que “esa es la imagen que dan de la cara a la galería, pero la ONU sólo está por la labor de imponer la teoría de género”, he de reconocer que me sorprendió tal respuesta, me sorprende la gente que se empeña sólo en ver lo malo, lo oscuro, lo conspiranoico de las cosas, en vez de ver sus aspectos positivos… Yo le respondí, en tono sarcástico, que “si lo prefería podía ponerle la foto de una pareja de campesinos gays”, a lo que se me respondió con un vídeo de YOUTUBE denunciando no sé yo qué extraños tejemanejes de la ONU dejándose presionar por presuntos lobbys y grupos de presión…
 
Y sí, por qué no decirlo, soy un optimista en toda regla, creo que la ONU, pese a su inoperatividad en cuestiones como la paz, es útil en otros muchos campos, que ha hecho posibles logros humanos, al menos sobre el papel, como la Declaración de los Derechos Humanos, y que realiza una labor muy importante en cuestiones como alimentación, ayuda internacional, socorro, protección de los débiles, etc, etc… que no sería posible sin cierta coordinación internacional.
 
No debe de ser, finalmente, tan mala la ONU, cuando, quizás imitando al apóstol San PABLO predicando el Evangelio en esa Asamblea multicultural y agnóstica, como el ágora de los griegos, ante su Asamblea General han desfilado los últimos Papas del Siglo XX, llevando casi siempre el mismo mensaje:
 
Así PABLO VI, en su discurso de 4 de Octubre de 1.965, dijo:
 
"Nuestro mensaje desea ser ante todo una ratificación moral y solemne de esta augusta Organización. Este mensaje nace de nuestra experiencia histórica. Es como "experto en humanidad" que aportamos a esta Organización el sufragio de nuestros últimos predecesores el de todo el episcopado católico y el nuestro, convencidos como estamos de que esta Organización representa el camino obligado de la civilización moderna y de la paz mundial”
 
Por su parte JUAN PABLO II, en su discurso de 5 de Octubre de 1.995, manifestó:
 
“Es un honor para mí tomar la palabra en esta Asamblea de los pueblos, para celebrar con los hombres y mujeres de todos los países, razas, lenguas y culturas, los cincuenta años de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas. Soy plenamente consciente de que, hablando a esta respetable Asamblea, tengo la oportunidad de dirigirme, en cierto sentido, a toda la familia de los pueblos de la tierra. Mi palabra, que quiere ser signo de la estima y del interés de la Sede Apostólica y de la Iglesia Católica por esta Institución, se une de buen grado a la voz de quienes ven en la ONU la esperanza de un futuro mejor para la sociedad de los hombres.”
 
BENEDICTO XVI, en su discurso de 18 de Abril de 2.008:
 
"Saludo a los Embajadores y a los Diplomáticos de los Estados Miembros, así como a todos los presentes: a través de ustedes, saludo a los pueblos que representan aquí. Ellos esperan de esta Institución que lleve adelante la inspiración que condujo a su fundación, la de ser un «centro que armonice los esfuerzos de las Naciones por alcanzar los fines comunes», de la paz y el desarrollo (cf. Carta de las Naciones Unidas, art. 1.2-1.4). Como dijo el Papa Juan Pablo II en 1995, la Organización debería ser "centro moral, en el que todas las naciones del mundo se sientan como en su casa, desarrollando la conciencia común de ser, por así decir, una ‘familia de naciones'"
 
Todo ello sin olvidarnos de que el VATICANO, aparte de ser miembro de la ONU (con voz pero sin voto, desde el año 2.004, aunque era de antes Estado observador), tiene a su vez representación en los siguientes organismos menores de la misma: En la UNESCO, la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Alimentación (FAO), en la Organización Mundial del Turismo, el Comisionado Internacional para los Refugiados (ACNUR); y ha firmado gran cantidad de tratados internacionales y de cooperación con esta entidad, especialmente todos los que se refieren a cooperación humanitaria, derechos humanos, protección de menores, derechos laborales, narcotráfico, armas, transparencia fiscal…
 
Lo dicho, siempre que pensemos en cualquier institución humana, por más falible que nos parezca, aprendamos a mirar lo bueno y como se dice en ANDALUCÍA “echémonos a la espalda, cual fardo, las cosas malas… ¡y a seguir caminando!” todos juntos, tras los pasos de esa utopía, promesa del Reino “bienaventurados los que trabajan por la paz” que es esta familia humana en paz que queremos construir.