domingo, 1 de diciembre de 2013

PREGONEROS DE LA ESPERANZA

 
Trabajar en un centro comercial en época navideña (que para ellos comienza el 24 de Octubre) tiene el riesgo añadido de que cuando llega la Navidad de verdad, uno ya se encuentra saturado de adornos navideños, de anuncios, de consumismo y sobretodo, de los villancicos del hilo musical... que al final uno llega a su casa, después de escuchar villancicos durante ocho horas seguidas (¡que si encima fueran "bonicos", pero no, son de esos comerciales estilo "los pitufos cantan la navidad"!) y lo que menos le apetece es que alguien en casa, encima, ponga un villancico...
 
Pero, a veces, sólo a veces, pese a que los villancicos son siempre los mismos, uno descubre "la perla escondida", que es lo que me ha sucedido a mí, este año, con uno de ellos que no había escuchado nunca en mi vida, y eso que la versión musical es horrible (que más que niños parecen un coro de gatos hambrientos maullando) pero que me ha parecido bellísimo en su letra, que es lo que me ha gustado y lo que motiva el título de este artículo: PREGONEROS DE LA ESPERANZA, y es que, precisamente, el villancico se titula: EL PREGONERO:
 

Lo anunció, pregonándolo en la Plaza Mayor,la venida al mundo del Niño Dios,
el pregonero fue y lo anunció.
 

Sí, se enteró, todo el pueblo pudo así conocer
que algo grande acaba de suceder
en la cueva de Belén.
 


Sí, lo anunció, el pregonero se enteró y lo anunció,
Dicen porque un ángel a él le informó
y que venía enviado por Dios.
 
Lo pregonó, él no sabe lo que va a suceder,
pero cumple siempre con su deber,
y la nueva anunció.
 
Y me ha llamado la atención el hecho de "enamorarme" de  nuevo de un villancico, en estas fechas en las que el Papa FRANCISCO hace pública su exhortación apostólica postsinodal sobre la Nueva Evangelización, titulada "GAUDIUM EVANGELII", esto es, "LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO", porque aunque no me la haya leído aún condetenimiento, ejemplar recién comprado que tengo sobre mi mesa de noche, lo cierto es que se me antoja que este villancico sintetiza perfectamente lo que el Papa ha hecho en 145 páginas (en la edición de EDIBESA que es la que yo tengo), porque "andamos revolucionados" dicen, "con los gestos y palabras de este Papa", y yo a fuer de ser sincero no le veo el carácter revolucionario por ningún lado, es decir, no debería ser revolucionario, para ningún cristiano, por más que el ejemplo lo de el propio Papa, de reproducir en nosotros, como cristianos que nos decimos ser, las actitudes, gestos y palabras de Jesucristo, ya que ¡debería ser lo normal, lo cotidiano, lo ordinario de un cristiano!, no algo que tachemos de revolucionario.
 
Y me vienen entonces a la mente las actitudes del pregonero: "Se enteró y lo pregonó en la Plaza Mayor", y me doy cuenta de que el Evangelio, el anuncio de Cristo, muerto y resucitado, es una noticia tan grande, tan esperanzadora, tan alegre que deberíamos estar gritándola a los cuatro vientos, cada uno con la sordina de que disponga (con altavoces, medios de comunicación, blogs, redes sociales, perfiles de twitter.... lo que haga falta) en la Plaza Mayo de cada uno de nosotros (familiares, amigos, trabajo, lugares de reunión, la asociación de vecinos, el partido político, cualquier levadura en la que haya personas reunidas) para que todo el mundo conozca, en efecto "la alegría del Evangelio".
 
Y añade el villancico diciendo que el pregonero "no sabe lo que va a suceder" pero insiste en su anuncio porque "cumple siempre con su deber" y es que no sabemos los resultados de nuestro anuncio del evangelio, como en la parábola del sembrador, pero no menos cierto es que "no podemos sustraernos a nuestra misión de evangelizar", ya lo sijo el propio Jesucristo a los sacerdotes en su entrada triunfal en Jersualén "pues yo os digo que aunque éstos callaran, las piedras mismas lo gritarían" (Lucas 19,40), o como dijera San Pablo "¡Ay, de mí, si no anunciara el Evangelio!" (1 Corintios 9,16) y es que, hasta donde mi pobre saber alcanza, el único mandato que dejó Jesucristo a la Iglesia en el momento de su Ascensión fue: "Id y predicad por todo el mundo el Evangelio" (Marcos 16, 15).
 

Seamos pues, como el pregonero del villancico, como el profeta JEREMÍAS al que el Señor le dijo que "como vara del almendro, estaría punto a cumplir su Palabra" (cfr. Jeremías 1,11-12), puesto que el almendro, al ser el primero en florecer se considera como "centinela, guardían o pregonero de la primavera", o como decía MARÍA EMILIA RIQUELME, religiosa y fundadora granadina, de su estancia, de joven, en el cuartel de NAVARRA, donde quedó impresionada por el grito de la guardia y que ella siempre recordaba a sus religiosas "¡Centinela, alerta! ¡Centinela, alerta está!", o como San JUAN BAUTISTA, auténtico pregonero de la esperanza cristiana hecha realidad en Jesucristo, porque esto, y no otra cosa es anunciar el evangelio (ahora y siempre, por mucho que se llame ahora "nueva evangelización") decir a todo el mundo "Mirad, ese es el Cordero de Dios".