sábado, 16 de noviembre de 2013

CARTA CRISTIANA (PAPIRO OXIRRINCO Nº 1161) DE UNA ENFERMA.

 
Sea debido a la crisis, o a una forma ideológica de lesgislar, o a la conjunción de ambos factores, lo cierto y real es que estamos asistiendo a la destrucción, a pasos agigantados, del llamdo "Estado de Bienestar", uno de cuyos pilares básicos es la protección de los individuos más débiles de la sociedad, entre la que se encuentran los menores, los ancianos, los enfermos y los dependientes, todos los cuales se encuentran actualmente desasistidos, por el Estado, por mor de los recortes presupuestarios "inevitables" -se nos dice-.
 
Quizás, por lo acostumbrados que hemos estado a los derechos y coberturas del "Estado del Bienestar" (y ello no quiere decir que sea malo) hemos olvidado el tiempo en que la asistencia a las viudas, los huérfanos, los enfermos, los dependientes, los ancianos... lejos de hacerse por parte del Estado, se hacía no sólo por sus familias, sino también por sus amigos, y por la totalidad de la comunidad eclesial... Si uno sólo de sus miembros padecía, toda la comunidad padecía con él; si uno de sus miebros pasaba hambre, toda la comunidad se volcaba con él; si uno de sus miembros lo pasaba mal, toda la comunidad se comprometí con su caso... Por eso, aunque sea motivados por esta crisis desalmada, no está mal que recordemos que, si el "Estado del Bienestar" se ha destruído, no puede conseguirse lo mismo del llamado "tejido social", es decir, el que integramos todos nosotros: Recuperemos, iba a decir "la vieja costumbre", mejor dicho el mandato evangélico de "vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, visitar al que está enfermo o en prisión, acoger al peregrino y al forastero, instruir al ignorante..." seguro que, mientras las cosas se arreglan, y pasa la tormenta económica, no encontraremos a nadie desasistido a nuestro alrededor.
 
Por eso os compartimos hoy uno de los llamados "Papiros de OXIRRINCO", antiguos documentos cristianos encontrados en 1.897, por los arqueólogos BERNARD PYNE GRENDELL y ARTHUR SURRIDGE HUNT en un antiquísimo yacimiento de la antigua ciudad del mismo nombre, en este caso el número 1161, que contiene una carta escrita por una enferma cristiana a otro hermano de comunidad, demostrándonos cuán antigua, y piadosa era, en las primeras comunidades cristianas, el atender, socorrer, orar y preocuparse por sus miembros enfermos.
 
DESCRIPCIÓN

Pequeño fragmento 7 x 8’8 cms de una carta cristiana, escrita por una mujer enferma, bastante deteriorada, pero de cuya caligrafía se deduce deba ser datada en torno a principios del Siglo III, y es uno de los primeros ejemplos de correspondencia cristiana.
 
TRANSCRIPCIÓN LITERAL
 
El texto se presenta en una sola columna de la anchura del fragmento:
 
(...)
(...) aV kai
tw agaqw emwn swthri
kai tw oiiw autou tw hga-
phmenw otwV outoi
5panteV bohqhswsin hmwn
tw swmati th yich tw pneumati
pneumati tauta de soi egraya
nosousa dinwV ecousa pa-
nu mh dunamenh anasth-
10nai ek thV koithV mou oti pa-
nu dinwV ecw peri de ou moi
egrayaV diamenin oti epi-
ge auton twn eikosi hmerwn
h neh au prin noshsw uph-
15gen kai e(...)
 
TRADUCCIÓN.
 
La traducción dada por el editor Arthur Hunt, op. cit. es la siguiente:
 

(…) a nuestro Señor, nuestro misericordioso salvador y a su Hijo amado, que ellos puedan socorrer nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu, te escribo esto desde la enfermedad, estando muy enferma y postrada, incapaz de levantarme de la cama, porque estoy muy enferma. Con agradecimiento de que me hayas escrito (…)
 

COMENTARIO
 
Entrañable y familiar carta, de indudable carácter cristiano, por la que una mujer enferma agradece al destinatario de la carta el que le haya escrito preocupándose por su salud. Se observa la confianza que pone la buena mujer en “nuestro Señor, nuestro misericordioso salvador y su Hijo amado” que pueden venir en auxilio de “nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu”.
 
Aunque poco más se puede comentar de esta carta, sírvanos al menos para llamar la atención sobre esta primera correspondencia cristiana.
 
Se observa –en estos primeros atisbos de correspondencia cristiana- la gran preocupación existente, en las primeras comunidades, de preocuparse por la salud de sus miembros, ya que en este tipo de cartas abundan referencias al estado de salud, el avance de la enfermedad, la mejora o el empeoramiento de los destinatarios, a los que se anima a padecer, con la esperanza de sentirse acompañados por la oración de sus respectivas comunidades, o de aquellos que les escriben.
 
Esto demuestra como en las primeras comunidades cristianas resuenan aún con fuerza las palabras del Señor (Mateo 25, 37-40) Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, inmigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteisque hicieron de las primeras comunidades cristianas comunidades vivas y auténticamente preocupadas por la salud física y espiritual de sus miembros, de la que la enfermedad, es una muestra más, y como las comunidades se volcaban con sus enfermos (Santiago 5, 14) ¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor”, mucho más de lo que, desgraciadamente, se puede decir de nosotros en la actualidad.