domingo, 10 de febrero de 2013

XXI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

 
Desde hace veintiún años la Iglesia nos viene ofreciendo el 11 de FEBRERO como día de reflexión y oración en torno al enfermo, sus necesidades y sus carencias, la aportación de "su dolor como imagen de Cristo sufriente que salvó al mundo" (JUAN PABLO II, año 1997), como llamada de compromiso y atención a todos los que trabajan por ellos y les sirven, y lo hace asociándolos a la Santísima Virgen MARÍA, cuya fiesta el día 11 de FEBRERO es NUESTRA SEÑORA DE LOURDES, reconocido lugar de esperanza para los enfermos, de sanación y curación, y del servicio de cientos de peregrinos y voluntarios.
 
Este año, Su Santidad BENEDICTO XVI nos invita a comportarnos, con los enfermos, a la imagen y semejanza del "Buen Samaritano":
 
La parábola evangélica narrada por san Lucas forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Pero además, con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo» (Lucas 10,37), el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos. Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Encíclica Spe salvi, 37).
 
Y nos recuerda el testimonio de todos aquellos que, en la enfermedad y el sufrimiento, se erigieron en auténticos Buenos Samaritanos para sus hermanos, y no con grandes heroísmos, sino confiando siempre en el Señor:
 
En este sentido, y para que nos sirvan de ejemplo y de estímulo, quisiera llamar la atención sobre algunas de las muchas figuras que en la historia de la Iglesia han ayudado a las personas enfermas a valorar el sufrimiento desde el punto de vista humano y espiritual.
 
Santa TERESITA DE JESÚS DE LISIEUX, «experta en la scientia amoris» (JUAN PABLO II, Carta ap. Novo Millennio ineunte, 42), supo vivir «en profunda unión a la Pasión de Jesús» la enfermedad que «la llevaría a la muerte en medio de grandes sufrimientos» (Audiencia general, 6 abril 2011).
 
El venerable LUIGI NOVARESE, del que muchos conservan todavía hoy un vivo recuerdo, advirtió de manera particular en el ejercicio de su ministerio la importancia de la oración por y con los enfermos y los que sufren, a los que acompañaba con frecuencia a los santuarios marianos, de modo especial a la gruta de LOURDES.
 
Movido por la caridad hacia el prójimo, RAÚL FOLLEREAU dedicó su vida al cuidado de las personas afectadas por el morbo de Hansen, hasta en los lugares más remotos del planeta, promoviendo entre otras cosas la Jornada Mundial contra la lepra.
 
La beata TERESA de CALCUTA comenzaba siempre el día encontrando a JESÚS en la Eucaristía, saliendo después por las calles con el rosario en la mano para encontrar y servir al Señor presente en los que sufren, especialmente en los que «no son queridos, ni amados, ni atendidos».
 
También santa ANA SCHAFFER de MIDLESTETEN supo unir de modo ejemplar sus propios sufrimientos a los de Cristo: «La habitación de la enferma se transformó en una celda conventual, y el sufrimiento en servicio misionero… Fortificada por la comunión cotidiana se convirtió en una intercesora infatigable en la oración, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en búsqueda de consejo» (Homilía para la canonización, 21 octubre 2012).
 


 
En el evangelio destaca la figura de la Bienaventurada Virgen MARÍA, que siguió al Hijo sufriente hasta el supremo sacrifico en el GÓLGOTA. No perdió nunca la esperanza en la victoria de Dios sobre el mal, el dolor y la muerte, y supo acoger con el mismo abrazo de fe y amor al Hijo de Dios nacido en la gruta de BELÉN y muerto en la cruz. Su firme confianza en la potencia divina se vio iluminada por la resurrección de Cristo, que ofrece esperanza a quien se encuentra en el sufrimiento y renueva la certeza de la cercanía y el consuelo del Señor.
 
Este año la JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO se celebra en el Santuario Mariano de ALTOTTING, en ALEMANIA, ya que cada año la jornada se celebra en LOURDES y en otra ubicación mariana, alternándose. Este es uno de los santuarios marianos más antiguos del país, en el que la Virgen siempre ha sido venerada como fuente de salvación y de sanación, como lo demuestran los numerosos exvotos, a modo de cuadros pintados, que adornan el santuario y que dan fe, histórica, de la devoción a esta imagen y de cuán sanadora ha sido su labor entre los habitantes de esta región de ALEMANIA. BENEDICTO XVI en su mensaje para este año, nos pone bajo "la intercesión de la Santísima Virgen MARÍA DE LAS GRACIAS, venerada en ALTOTTING, para que acompañe siempre a la humanidad que sufre, en búsqueda de alivio y de firme esperanza, que ayude a todos los que participan en el apostolado de la misericordia a ser buenos samaritanos para sus hermanos y hermanas que padecen la enfermedad y el sufrimiento".
 
Finalmente, para ayudar más a la gracia que supone la enfermedad, bien llevada, padecida, con humildad cristiana, "haciéndose uno con los sufrimientos de Cristo" por parte de los enfermos, y para estimular y agradecer el trabajo de cuantos familiares, amigos, y profesionales de la sanidad, médicos y enfermeros, así como de todas las congregaciones religiosas volcadas con la atención a los enfermos, la Iglesia ha concedido INDULGENCIA PLENARIA a todos los que, con las consabidas prescripciones (confesar, comulgar y orar por las intenciones del sumo pontífice) además, desde los días 7 al 11 de FEBRERO:
 
Los fieles que en los hospitales públicos o en cualquier casa privada asisten caritativamente, como el Buen Samaritano, a los enfermos y, por razón de su servicio, no pueden participar en las funciones arriba indicadas, obtendrán el mismo don de la Indulgencia plenaria si en esos días prestan generosamente al menos por alguna hora su caritativa asistencia como si lo hicieran al mismo Cristo Señor (cf. Mateo 25, 40) y rezan el Padre Nuestro, el Credo y una pía invocación a la Santísima Virgen María, teniendo el ánimo desprendido de cualquier pecado y el propósito de cumplir, lo antes posible, las condiciones requeridas para lucrar la Indulgencia plenaria.
 
Finalmente, los fieles que por enfermedad, por edad avanzada o por otra razón similar estén impedidos para participar en la ceremonia arriba indicada, lucrarán la Indulgencia plenaria con tal de que, teniendo el ánimo desprendido de cualquier pecado y proponiéndose cumplir lo antes posible las condiciones acostumbradas, participen espiritualmente en las funciones sagradas en los días determinados, particularmente mientras se transmitan por televisión y por radio las celebraciones litúrgicas y el Mensaje del Sumo Pontífice, recen devotamente por todos los enfermos y ofrezcan a Dios, por medio de la Virgen María, Salus infirmorum, sus sufrimientos físicos y espirituales.
 
y también Indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que dirijan a Dios misericordioso, con corazón contrito, en los días arriba indicados, oraciones devotas en ayuda de los enfermos en el espíritu del presente Año de la fe.
 
 
No pensemos en las indulgencias, falsamente, como premios a cambio de un comportamiento por nuestra parte, como se suele criticar, pensemos que es una forma en la que la Iglesia, sabiéndose siempre ayudada por la intercesión de JESUCRISTO, en la Gloria de Dios Padre, con el Espíritu Santo, con la Virgen MARÍA, todos los santos y los fieles difuntos que ya nos han precedido, nos hace conscientes de que toda esa intercesión nos ayuda, a los que aún seguimos caminando por esta tierra, siempre hacia la patria celestial, como algo que nos ayuda, nos sustenta y nos sostiene.