sábado, 16 de febrero de 2013

SÁBADO POST CENIZA: SAN AGUSTÍN EN EL CAMPO DE MARTE

El Misal Romano llamaba a esta estación cuaresmal como "de San TRIFÓN", que luego pasó a llamarse de San AGUSTÍN, por la iglesia del mismo nombre que se encuentra ahora en este lugar, y se complementa con el indicativo de EN EL CAMPO DE MARTE, ya que se encuentra en el corazón de lo que fue la ROMA más antigua. Es un lugar de muchas visitas por parte de los fieles, ya que en esta basílica se venera la imagen de "Nuestra SEÑORA DEL PARTO".

La antigua iglesia de San TRIFÓN (que tal vez pertenezca a las enmarañadas y pequeñas ruinas que se observan en la actual iglesia de San AGUSTÍN) fue construidoa como consecuencia del traslado de las reliquias de los mártires TRIFÓN, NINFA y RESPICIO, que se encontraban enterrados en las afueras de la ciudad.

La actual iglesia, dedicada con posterioridad a San AGUSTÍN, fue construída muy rápidamente, entre los años 1479 y 1483 por GIACOMO DI PIETRASANTA, gracias a la generosidad del Cardenal GUILLERMO D'ESTOTEUVILLE.
 
 
Su fachada e interior se encuentran entre los elementos más discutidos de antigüedad por parte de los expertos, sin embargo, esta iglesia es una de las más ricas en obras de arte: destacan las esculturas de SANSOVINO, de BERNINI (cuyo altar mayor, él mismo diseñó) y pinturas de RAFAEL, CARAVAGGIO y GUERCINO.
 
En esta iglesia, todo nos motiva y nos lleva a escuchar la voz de los siglos, cantando junto a la tumba de los mártires, el antiguo himno de la Iglesia  que recuerda a los mártires que "se liberaron de las ataduras del miedo" para ofrecer su vida y su muerte por CRISTO. En el pasillo de la izquierda, hay un altar que conserva los restos y tumba de Santa MÓNICA, madre de San AGUSTÍN, que había muerto y había sido enterrada primeramente en la ciudad de OSTIA y que se trasladó aquí en el siglo XV, esta tumba es parte de la enseñanza que nos ofrece la Iglesia en la estación cuaresmal de hoy: "Que Santa MÓNICA nunca abandonó a su hijo AGUSTÍN porque quería para él la salvación, de la misma manera en que la Iglesia nunca se siente abandonada por el sacrificio redentor de CRISTO".