miércoles, 13 de febrero de 2013

MIÉRCOLES DE CENIZA: SANTA SABINA


Después de la reforma de San GREGORIO, el Grande, en el siglo VII, la Cuaresma comienza con el "Miércoles de Ceniza". Originalmente comenzó el domingo "in capite jeiunii" con la estación (probablemente una "vigilia", es decir, por la noche) en la "catedral" de ROMA, que es San JUAN DE LETRÁN.

La imposición de las "cenizas" era un rito reservado primero a los penitentes públicos, que habían pedido ser "reconciliados" durante la Cuaresma. Después, por humildad, reconociendo que todos estamos necesitados de esta "reconciliación" con Dios, el Papa, los sacerdotes y todos los fieles quisieron unirse a este ritual de recibir la imposición penitencial de la ceniza.

¿Por qué se eligió para esta primera estación cuaresmal la Iglesia de Santa SABINA? Algunos autores creen que, antiguamente, el Papa, en vista del inicio de la Cuaresma, y posteriores celebraciones de la Semana Santa, se retiraba allí, al estar bastante alejada, a descansar para retomar fuerzas. También podría haberse elegido porque, para llegar desde allí, hasta la siguiente estación cuaresmal, es necesario hacer un gran esfuerzo, ya que el camino transcurre cuesta arriba, de esta forma sería un símbolo adecuado para expresar los esfuerzos que necesita también el alma para subir "arriba", hacia la perfección espiritual.

La basílica de Santa SABINA indica en su entrada, en una inscripción, que "fue construida por el sacerdote PEDRO de ILIRIA, en la época del Papa CELESTINO I (422-432)." Y se sabe que el nombre de "BASÍLICA SABINA" le viene porque seguramente fue construída sobre las ruinas de una antigua casa romana, de la que es más que probable, el dueño, quien donó los terrenos a la Iglesia, se llamara precisamente SABINO.
 

La basílica del siglo V, fue restaurada y modificada en varias ocasiones, ya que, como casi todas las iglesias antiguas de Roma, sufrió incendios, terremotos, invasiones, estilos de moda, y demás avatares de la historia. Entre los años 1914 a 1918, un nuevo arquitecto A. MUÑÓZ, le dio su aspecto y estilo definitivo, aprovechando muchas piezas y partes del original, que afortunadamente  no se habían perdido, y es la basílica que se admira en la actualidad.