viernes, 8 de febrero de 2013

MANOS UNIDAS: MISIÓN DE RAFAI

 
Hoy se celebra la cuestación y día del AYUNO VOLUNTARIO de MANOS UNIDAS, el lema de esta campaña, la número 54, es "NO HAY JUSTICIA SIN IGUALDAD", dirigida a concienciarnos sobre el problema de pobreza, explotación y marginación, que si ya de por sí, son endémicos en los países de misión, destinatarios de las ayudas de esta ONG, se ceban mucho más en las mujeres, y con ellas los niños, la parte más débil siempre de este tipo de países y de sociedades.
 
Sin embargo, desde nuestro compromiso, estatutariamente establecido, de vivir en la Asociación de una forma, modo y estilo franciscano, nos unimos a la reflexión, importancias y gestos de este día, trayendo a vuestra consideración el testimonio de los hermanos franciscanos destinados en la ciudad de RAFAI, mediante una carta escrita en el año 2.010, por MONSEÑOR JUAN JOSÉ AGUIRRE, de origen cordobés, actual Obispo de BANGASSOU, en cuya localidad los franciscanos llevan un proyecto de escolarización, constantemente atacado por los integristas islámicos del LRA (autodenominado Ejército de Resistencia del Señor), aunque la presencia de los franciscanos, y el apoyo prestado por MANOS UNIDAS, lo mismo que en la terrible película de LA MISIÓN, en muchas ocasiones supone para las gentes de RAFAI la diferencia entre la vida y la muerte. Aunque el testimonio es antiguo, ya que es del año 2.010, lo compartimos porque, desgraciadamente, no es que la situación, a día de hoy, haya mejorado mucho en la zona.
 
 
Si RAFAEL significa “medicina de Dios”, RAFAI se convirtió el domingo pasado en la antesala de la brutalidad y el desquiciamiento. Otra vez los rebeldes de la LRA (Ejército de Resistencia del Señor) que, como ya he dicho otras veces, no son ejército, ni resisten a nada más que a su chiflada andadura, ni son del Señor porque son simplemente unos bárbaros criminales que pisotean a mi gente, secuestran niños, violan seres indefensos y matan en la más completa impunidad.
 
 
Ya el 17 de febrero (AÑO 2010) pasado atacaron RAFAI, saquearon la misión, vaciaron los cuartos de los franciscanos (aunque ya de por si su ajuar suele ser raquítico) y aterrorizaron la pareja de cooperantes franceses que estaban dando dos años de su vida en la enseñanza. Les robaron todo, incluso el traje de novia que ella se había bordado con telas africanas para casarse el Jueves Santo. Ambos, noqueados y hundidos, se fueron a pasar la noche en una sala parroquial, en el suelo, hechos un ovillo, hasta que al amanecer del día siguiente los evacuamos de allí. Hastiados de tanta violencia gratuita, abandonaron el colegio y se volvieron a PARÍS.
 
Lo del domingo 21 de marzo (2010) fue mucho peor: un ataque lleno de crueldad sin límite contra una población indefensa. Cuando el pequeño grupo de gendarmes locales vio llegar a media tarde tres docenas de exaltados ugandeses, tatuados con máscaras, tocados de gri-gris (ahuyenta-balas) mágicos y gritando a todo pulmón, se les vino el alma a los pies y el poco ánimo de resistir al ataque se evaporó con el miedo. El LRA arrasó RAFAI como una apisonadora machaca la hierba del camino. Robaron graneros, a intervalos de ráfagas de metralla dura, quemaron las casas, acabaron a machetazos con los heridos y dejaron RAFAI humeante de fanatismo agresor y de impotencia local.
 
La noche de histeria colectiva y llanto fue horrorosa. Los pocos que no huyeron a la selva no sabían si los desaparecidos se habían escondido o eran víctimas de un secuestro. Al día siguiente, el padre de la misión, lleno de rabia y desamor, contaba los muertos y organizaba el entierro, católicos y protestantes juntos en la misma tumba porque los pastores de las respectivas iglesias seguían huidos en la selva. Un funeral en la intimidad, poblado de sombras de los familiares desaparecidos en la selva. Ayer vi de refilón en la T.V. el entierro de un gendarme muerto en suelo francés por terroristas de Eta. El presidente francés asistió a la ceremonia y el español también. Un solo gendarme congregó dos presidentes. El padre franciscano enterró los 8 cadáveres en una discreta soledad, con una suave brisa meneando los árboles por todo acompañamiento de banda militar, tragándose las lágrimas y mirando reojo por si había movimientos sospechosos. Por supuesto, ni un solo funcionario acudió al sepelio, ni un simple subsecretario de algo, imaginemos a alguien del Gobierno, inmerso en otros quebraderos de cabeza. Tan sólo los franciscanos, los muertos y Dios. Este último, tal vez, profundamente compungido.
 
 
Mandé otra vez el coche para sacar de aquel infierno a las 5 hermanas congoleñas de la misión. Es la segunda vez en pocas semanas. Llegaron a BANGASSOU noqueadas y tristes. Los padres se quedaron allí para dar coraje a la población. Ellos, el coraje, lo reciben de lo Alto. La escuela se cerró provisionalmente hasta que quiera el LRA o quien sepa arreglar este desaguisado que nos lleva poniendo de rodillas de hace 3 años. Ya se hacen quinielas para pronosticar la siguiente misión que será saqueada. Yo me inquieto mucho por el personal religioso, los sacerdotes autóctonos y la pobre gente que puede ver perdido en un instante el fruto de años de esfuerzos, o peor aún, la vida. No me recuerden el refrán “al perro flaco todo son pulgas”. Piensen mejor a la última escena de la película “La misión”, cuando el eclesiástico español se mira al reflejo de la ventana, espoleado por el embajador portugués que le está contando como la misión entre los guaraníes ha sido aniquilada y dice: “¡Así es la vida, así la hemos hecho, así la he hecho!”.
 
BANGASSOU, 24 Marzo 2010
Monseñor JUAN JOSÉ AGUIRRE
Obispo de BANGASSOU (Centroáfrica)