martes, 1 de enero de 2013

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

 
Como FAMILIA EUCARÍSTICA POBRES DE NAZARET tenemos un cariño especial a la advocación de MARÍA DE NAZARET de la Virgen María, cuya foto, la imagen que preside la vida de la Asociación, compartimos con todos vosotros, no podemos dejar de celebrar esta solemnidad que nos ofrece la vida litúrgica de la Iglesia en el día de hoy, SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS.
 
Por eso queremos compartir con vosotros dos testimonios antiquísimos de la devoción a la MADRE DE DIOS:
 
 
Por un lado, este pequeño graffiti (antiguamente los peregrinos tenían la costumbre de dejar testimonio de su peregrinación en los santos lugares, lo que no deja de ser un acto de vandalismo, lo mismo que ahora cuando lo hacemos con rotulador en aquellos sitios que visitamos, dejando constancia de "yo estuve aquí", sólo que en la antigüedad se hacía horadando la piedra, pero eso ha posibilitado poder estudiarlos y comprender la historia de la devoción de un lugar) que fue encontrado en el basamento de una columna de la antigua ermita (hoy impresionante basílica) de la CASA DE LA VIRGEN en NAZARET.
 
 
Estas sencillas palabras "XE MARIA" escritas en griego, atestiguan la devoción y la fe, antigua, en que "AQUÍ MARÍA", demostrándonos que no estamos equivocados, ni desde la fe, ni desde la historia, ni desde la arqueología, cuando nos postramos de rodillas, devotamente, ante la CASA DE LA VIRGEN EN NAZARET, donde "EL VERBO SE HIZO CARNE".
 
 
Por otra parte, este pequeño fragmento 18 x 9’4 cms perteneciente a un antiguo papiro egipcio Papiro Rylands 470 y que atestigua la devoción a la Virgen María, a quien se dirige esta piadosa oración. Se data, por parte de su actual poseedor The John Rylands Library, University of Manchester en torno al Siglo III o IV, sin duda alguna por no creer que la devoción a la Virgen pudiera ser anterior al Concilio de Éfeso Año 431 D.C., aunque los expertos en papirología Edgar Lobel creen que puede ser datado antes, por las características de la caligrafía, en torno al año 250 D.C., si esta tesis fuera cierta, sin duda alguna este fragmento es uno de los testigos más antiguos de devoción a la Virgen María, en forma de oración, y de uno de sus atributos fundamentales, ser la “theotokos”, la “portadora de Dios”, esto es “la madre de Dios”. Pese a ser un mero fragmento, se puede reconstuir el texto de la siguiente manera, estando entre paréntesis el texto reconstruido:

(u)p(o) thn shn
euspl(acnian)
ka(t)afe(glomen)
qeotoke t(aV hmwn)
ikesiaV mh p(a)
ridhV em peristasei
all ek kindunou
rusai hmaV
m(o)nh a(gnh mon)
h eulo(ghmenh)

 Al no disponer de la traducción del editor John Rylands Library nos decantamos por la traducción de esta oración existente, en la actualidad, en el libro oficial de rezos de la Iglesia Ortodoxa Griega, ya que esta oración ha pervivido en la liturgia hasta nuestros días:

Bajo tu amparo nos acogemos,
(theotokos) santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

No podemos dejar de sustraernos al atractivo de este fragmento que contiene, sin duda alguna para los estudiosos Edgar Lobel del mismo, la oración dirigida a la Virgen María más antigua de la cristiandad, sin dejar de mencionar el hecho de que es la primera vez en la que un testigo documental se refiere a la misma como “Theotokos” (el texto, al tratarse de una oración usa la forma vocativa), literalmente, “la portadora de Dios”, en sentido propio “la madre de Dios”. Sobre los problemas de datación ya lo hemos dicho todo en la descripción del fragmento.

Resulta conmovedor, como creyentes, y devotos de la Virgen María, descubrir que una oración tan bella haya podido sobrevivir, por su mera transmisión oral, hasta nuestros días, siendo así que esta oración mariana es patrimonio común tanto de la Iglesia Oriental, especialmente la Greco-Ortodoxa, como de la occidental, llegando a nosotros en su versión latina, recibiendo el título de “Sub tuum præsidium”:

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

Desde entonces Año 250, como se ha explicado ya, mucho antes del pronunciamiento oficial del Concilio de Éfeso Año 431 de la Virgen María como “madre de Dios”, los estudiosos G. Giamberardini, “Sub tuum praesidium e il titolo Theotokos nella tradizione egiziana” año 1969 están en condiciones de rastrear la presencia de esta oración en los más diversos ritos y las diversas liturgias que se encuentran, pese a las variantes, tanto en la liturgia latina como en la oriental. La universalidad de esta antífona hace pensar que ya a mediados del siglo III era usual invocar a la Virgen María como “theotokos”, y que los Santos Padres Orígenes comenzaron a reflexionar sobre la maternidad de Dios, precisamente, por la importancia que iba adquiriendo en la piedad popular. Simultáneamente esta invocación habría sido introducida en la liturgia.

En el rito romano, su presencia está ya testimoniada en el “Liber Responsalis” San Gregorio Magno y es copiado en el Siglo IX en la siguiente forma: “Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix”. Algunos manuscritos de los Siglos X y XI, presentan unas deliciosas variantes de esta oración, manteniendo intacta la expresión “Santa Dei Genitrix”, en estricta fidelidad a la “Theotokos” del texto griego.

Se trata de traducciones fidelísimas del texto griego, tal y como aparece en el rito bizantino, en el que se utiliza la palabra griega “eysplagknían” –que está presente en nuestro fragmento-, para referirse a “las entrañas misericordiosas” de la Madre de Dios, aunque la pobreza de la traducción sintetice esta expresión griega como “amparo” o “misericordia” sin más. La consideración de la inmensa capacidad de las entrañas maternales de la Madre de Dios está en la base de la piedad popular que tanta importancia dio al título “Theotokos” para designar a la Madre de Jesús. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosimil que así fuese.

Los fieles, por tanto, que rezamos con sencillez esta oración a la “Sancta Dei Genitrix”, la “Theotokos”, la madre de Dios, tenemos no sólo la seguridad de que la han recibido de manos de la Iglesia, sino de la piedad misma de los primeros cristianos, aquellos que, precisamente, más cerca estuvieron del conocimiento del Cristo real e histórico.