jueves, 19 de octubre de 2017

¡QUÉ NO NOS FALTEN PROFETAS...
AUNQUE LOS SIGAMOS MATANDO!

¡Matar a los profetas!... ¡Con la falta que nos hacen los profetas! Pero el Evangelio de hoy (Lucas 11,47-54) insiste en el destino común de todos ellos: Los perseguirán, acosarán, les pondrán trampas, derramarán su sangre, en suma, matarán a los profetas.

Y cuánto necesitamos a los hombres y mujeres que profetizan. En este tiempo en el que crece la sequía de lo transcendente y de lo divino; en un tiempo donde tantos hijos de Dios están crucificados por el hambre, la explotación, la injusticia, la pena y la desesperanza, sólo las voces proféticas pueden decir algo transparente, creíble, que deje herido el corazón de la gente. Si nos faltaran los profetas, el testimonio de los cristianos sería opaco; su voz, rutinaria e inexpresiva; sus actividades, infecundas y frustrantes. Cuando nos asomamos a los medios de comunicación social... ¿Cuáles son las voces y rostros de hombres y mujeres de Iglesia que suscitan interés, que son escuchados, que suscitan preguntas en todos? Porque es bueno poner ejemplos, y para no ser partidista, me remito a unos premios que gozan de aceptación universal. Todos lo que han sido ungidos por el Espíritu Santo son profetas. “No apaguéis al Espíritu”, advierte San PABLO. ¿Por qué no pedir a Dios unos profetas cuya voz y testimonio abran un camino de solución a problemas endémicos; por ejemplo, el terrorismo y el fondo social y político que en él subyace?

¿Qué se podría decir de una vida profética y revolucionaria, que hiciera el camino al revés? Os presentamos hoy el testimonio de MARIA SKOBTSOVA (1891 +1945), quien hizo precisamente el camino al revés, de la revolución politica y el profetismo literario, a la revolución de la caridad y el profetismo de su propia conversión.

Aunque había nacido en una familia aristocrática de LETONIA, el fallecimiento de su padre, siendo ella adolescente,  hizo que se radicalizara políticamente y que perdiera la fe, comenzando a frecuentar círculos intelectuales radicales. En en año 1910 contrae matrimonio con el bolcheque DMITRYI KUZ SOYEN-KARAVAEV. Durante ese periodo de su vida estuvo activamente implicada en tertulias literarias y escribió mucha poesía. 

Sin embargo, tres años después su matrimonio fue un fracaso, divorciándose de él, con quien tuvo una hija llamada GAIANA. 

Furiosa con LEON TROTSKY por disolver el Congreso Socialista Revolucionario, planeó incluso su asesinato, pero fue disuadida por otros camaradas, quienes la enviaron a la localidad portuaria de ANAPA. En el año 1918, después de la Revolución Rusa, fue elegida teniente de alcalde de dicha localidad. Cuándo el anticomunista Ejército Blanco tomó el control de ANAPA, el alcalde huyó y ella se quedó como alcaldesa de la ciudad. El Ejército Blanco la detuvo y la llevó a juicio para determinar si era una bolchevique. Como, el juez era un antiguo profesor revolucionario suyo, DANIEL SKOTSOB (de donde toma su nombre de casada) fue absuelta. Pronto los dos se enamoraron y se casaron.

Con sus hijos GAIANA, YURI y ANASTASIA recién llegada a FRANCIA

Nuevamente, la vida politica se agitaba de nuevo. Para evitar el peligro, toda la familia huyó del país. Ella estaba embarazada de su segundo hijo. Viajaron primero a GEORGIA (dónde su hijo nació su hijo YURI) y luego en YUGOSLAVIA (dónde nació su hija ANASTASIA). Finalmente llegaron a PARÍS en el año 1923. 

En un momento dado de todo este periplo ideológico y político se produjo su conversión, contemplando la humanidad de Cristo "Cristo también murió. Sudó sangre. Golpearon su cara..." Ya en FRANCIA se dedicó a estudiar teología y trabajo social. En el año 1926, fallece a causa de la gripe su hija ANASTASIA. GAIANA por su parte fue enviada fuera, a BÉLGICA a estudiar. Por esta fecha su matrimonio con DANIEL ya estaba roto. Su hijo YURI a partir de este momento dejó a su padre y acompañaría siempre a su madre en esta nueva etapa.

Su obispo ortodoxo la animó para que tomara los votos religiosos como monja, algo que ella sólo estaba dispuesta a hacer con la garantía de no tener que vivir en un monasterio, ella quería vivir secularizada, encarnada en el mundo. En el año 1932, con permiso de su marido, obtuvo el divorcio eclesiástico y tomó votos monásticos. Como religiosa tomó el nombre de MARÍA. La madre MARÍA alquiló entonces en PARÍS un apartamento para su "convento". Fue un sitio siempre con la puerta abierta para refugiados, necesitados y hombres solitarios. También se convirtió pronto en un centro de discusión intelectual y teológica. 

En la madre MARÍA esos dos servicios—de caridad al pobre y el teológico—fueron siempre de la mano.

La capilla de su Convento-Apartamento
Después de la Caída de Francia por el nazismo en el año 1940, los judíos empezaron a acercarse a la casa pidiendo certificados de bautismo falsos con los que poder escapar de la persecución, que eran expedidos por el padre DIMITRI, el capellán de la casa. Así muchos judíos salvaron sus vidas, otros se quedaban con ellos en la casa. Proporcionaron refugio y ayudaron a muchos a huir del país. Finalmente la casa fue clausurada. 

Madre MARÍA, el padre DIMITRI, y YURI fueron arrestados por la GESTAPO. El padre DIMITRI y su hijo YURI murieron en el campo de concentración de DORA. La madre MARÍA fue enviada al campo de concentración de RAVENSBRÜCK, y el Sábado Santo del año 1945, en un nuevo sorteo de los responsables del campo entre las internas, fue envíada a la cámara de gas. Entre sus posesiones en el campo de concentración, una vez liberado, se encontró el bosquejo de un icono en el que estaba trabajando, que muestra a la VIRGEN MARÍA abrazando a la humanidad sufriente, representada en Cristo en la Cruz. Poco después este mismo icono fue pintado en condiciones por los herederos de la espiritualidad y el pensamiento de la madre MARÍA.


La madre MARÍA fue canonizada por decisión del Sínodo Santo del Patriarcado Ecuménico Ruso el 16 de Enero de 2004. Su canonización, junto con la de su hijo YURI y el padre DIMITRI tuvo lugar en la Catedral de Alexander San Nevsky de PARÍS el día 1 de Mayo del año 2004. Su día festivo, para la Iglesia Ortodoxa Rusa, es el 20 de julio.

Como se puede comprobar, el Señor sigue suscitando profetas, que nos interrogan e interpelan al mundo, basta con ser dóciles a su voz, y no callar, cuando sintamos que la voz de la justicia clama en nuestro interior, aunque sea un camino desagradable que, como dijo el Señor, y como hemos visto, acarrean persecución y muerte.