martes, 15 de agosto de 2017

ASUNCIÓN DE MARÍA...
¡No nos equivocamos en creerlo así!


Ya sabéis que soy un enamorado de la paleografía y los textos antiguos, así que para celebrar hoy la ASUNCIÓN DE MARÍA, quiero compartir con vosotros uno de los testimonios escritos más antiguos que existen sobre la solemnidad que celebramos hoy. 



Excesos narrativos aparte, este texto está escrito en torno al Siglo V, además se encuentra escrito en siríaco antiguo, el dialecto más parecido al arameo, la lengua materna del Señor, nos estamos refiriendo a un breve fragmento, titulado "Tránsito de la Santísima Virgen María", que fue publicado en el año 1865, traducido en inglés de los textos siríacos originales por WILLIAM WRIGHT. Sin embargo me agrada comprobar como, en efecto, aquello que dijo el Papa PÍO XII en el año 1950 al proclamar el dogma de que lo hacía, entre otras cosas "siguiendo el unánime parecer de los fieles", pues ciertamente este texto nos conecta con la piedad popular en la Asunción de MARÍA ¡ya en el Siglo V!:

Y cuando los apóstoles llegaron a las cavernas que hay a la cabeza del valle entraron y encontraron, en lo más profundo, un catafalco de barro sobre el que estaba colocado el cuerpo de la Bendita, y ejércitos de seres angelicales, cuyo número no tenía fin, iban viniendo y alababan, oleada tras oleada, y en todas las lenguas y en todos los idiomas se cantaron sus alabanzas, y todos permanecían sobre la bienaventurada María. 


Los carros llegaron al final: El carro de Moisés, el carro de Enoc, el carro de Elías, y finalmente el carro del Señor. Y los cielos y la tierra alababan en ese día; hasta la misma muerte, derrotada y vencida, alababa. Y un agradable y dulce olor se dispersaba desde la gloria del Cielo alcanzando todos los lugares de la tierra. Y todos trasladaron el cuerpo de la Bendita al Cielo, con toda su gloria. Y cuando ella llegó a las puertas del Cielo, la comitiva se detuvo, y la espada que protege el paraíso se levantó, y entonces el Santo de los Santos, cuya gloria es indescriptible, vino a su presencia con todos los seres del Cielo y de la creación entera. Y la depositaron en medio de una suave luz entre los deliciosos árboles del paraíso del Edén, y la exaltaron con una gloria tal que el ojo humano ni siquiera puede concebir el ver. Y el dador de vida extendió su mano y bendijo a la bendita Virgen María, y la levantó, y la sentó junto a su Padre, prometiendo la vida eterna a todos los que crean en Él.


Entonces los doce apóstoles regresaron al Monte de los Olivos en las mismas nubes de luz que los transportaron al cielo para ser testigos de ello, y allí se arrodillaron y oraron de esta manera: "Grande es la Gloria que hemos visto en la partida de la Bendita", y de nuevo oraron diciendo "Señor, concédenos que seamos enviados a todas las gentes y todos los pueblos para anunciarles la conmemoración de tu Madre, y que esta conmemoración se realice todos los años, porque sabemos que todo el que recurra a ella, buscando refugio ante ti, llorando ante ti, por ella, será escuchado y atendido por ti, porque no hay otro Dios fuera de ti, que eres glorificado y exaltado junto a tu Padre, y el Santo Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén. Bienaventurados sean los que conmemoren a la Madre que te engendró; Bienaventurados sean los que se sumerjan en las profundidades de sus bendiciones y de sus obsequios. Que así sea Señor, como nos lo prometiste, por el Espíritu Santo, que cuando vinieras, en tu gloria, te acompañaríamos en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel, que no creen en ti, ni en la Madre que te engendró. Confesamos a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, Amén"


Y que la misericordia del Señor, y su gracia, y su bondad, y el perdón que brota de su compasión vengan sobre este escritor, pecador, cubierto de maldades y débil, y que por la intercesión de su Madre encuentre el perdón de los pecados, y el mismo perdón para todos los que compartan esta historia en el futuro, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Y así concluye la historia de la partida de este mundo de la Bendita Madre de Dios. Que sus oraciones sigan con nosotros.

¿Qué os parece? ¡Luego dicen que los andaluces somos exagerados! Pero todo es poco para honrar a MARÍA Santísima, sin duda alguna el corazón enamorado de este escritor del Siglo V no estaba tan preocupado por la veracidad de los hechos, del misterio que pretendía narrar, sino de mostrarnos, en cada palabra, el amor de un hijo enamorado de su Madre, de un creyente que honra a MARÍA. En estos tiempos que corren, de tecnologías, ciencia y razón, hemos perdido la plasticidad de la palabra escrita, la música del corazón, la imaginación del alma anonadada... deberíamos hoy, si tuviéramos tiempo, desnudarnos de todos los lastres mentales, científicos, racionales, e incluso de adultos, y sentarnos un rato, con una cuartilla en la mano -ya habéis visto que éste no es un texto demasiado largo- y puesto que en el dogma no hay duda, MARÍA ESTÁ EN EL CIELO, pero nada se dice de las circunstancias, y escribir con amor... ¿Cómo me figuro yo que MARÍA subió al cielo? Quizás, dentro de otros quince siglos, cuando alguien descubra esta cuartilla, sienta la misma emoción y devoción que nosotros hoy leyendo el texto anterior, y pueda decirse para sí "He aquí un hijo de MARÍA".