domingo, 17 de junio de 2018

OTRA DE REFRANES...


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Nos encontramos en el Evangelio de hoy (Marcos 5,38-42) con una colección de sentencias del Señor que casi podemos traducir haciendo uso de nuestro refranero:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "La venganza es un plato que se sirve frío". Yo, en cambio, os digo: Porque de inteligentes y de sabios es perdonar injurias y olvidar agravios; más vale un mal acuerdo que un buen pleito; a veces echar a andar es lo más difícil del caminar; a quien te pide, dale, porque lo prestado es primo hermano de lo dado.»


Ahora se comprende mejor el Evangelio de hoy, supongo, esta colección de dichos del Señor es lo que algunos exegetas y comentaristas llaman "escenas incompletas", y no sólo las encontramos en el Evangelio de hoy pues el Señor tiene muchas más de ellas: "Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios; si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo y tíralo; saca primero la viga de tu propio ojo; deja que los muertos entierren a sus muertos".... Y podemos seguir. Estos dichos representan una casuísitica concreta y la convierten en una norma. Son específicos, exagerados y extremos porque no están pensados ​​como principios generales para todas las situaciones, sino que funcionan de la misma manera en que lo hacen los refranes o los proverbios, que funcionan como una especie de "linterna ética", capaces de iluminar un caso concreto, pero no el horizonte entero, pensemos, por ejemplo, en "una palabra suave aleja la ira, pero las palabras duras despiertan la ira" (Proverbios 15,1), todos sabemos que algunas situaciones de enfado y conflicto es mejor "no añadir más leña al fuego" pero, en otras, sí que es precisa una palabra dura y contundente para atajar la situación.


Por su parte, en lo que se refiere al "ojo por ojo", hemos de señalar que aunque la reciprocidad negativa de la justicia nos parezca exagerada, o sea, cobrar ojo por ojo, mano por mano, hueso por hueso, en las antiguas prácticas judiciales, y no sólo de ISRAEL, sino de otras legislaciones como las DOCE TABLAS romanas, o el CÓDIGO DE HAMMURABI en MESOPOTAMIA, en sus tiempos era un gran avance de civilización, porque evitaba que nadie pudiera tomarse la justicia por su mano, causando un mal mayo, por muy enfadado que alguien estuviese por perder un ojo no podía coger a su agresor, por ejemplo, y matarlo a golpes. De esta manera lo que el Señor nos está enseñando es que, según las bienaventuranzas que el Señor acaba de proclamar poco antes, una vida en la que sus seguidores estamos llamados a ser mansos, misericordiosos, pacificadores y dispuestos a sufrir por causa de la justicia, y obrar de forma vengativa y rencorosa sería además incompatible con la oración que el Señor va a enseñar a sus discípulos a renglón seguido "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" (Mateo 6,12).

Hemos hablado del Evangelio de hoy como una especie de "escenas incompletas", muchas veces los actores, en un rodaje, antes de grabar una escena concreta preguntan a su director "¿Cuál es mi motivación en esta escena?", si hemos de buscar motivaciones prácticas y positivas para actuar antes estas escenas incompletas mucho me temo que no hay palabras para ello, salvo la que dejó el Señor al final de sus días, en la Cruz:

"Padre, perdónalos" 

(Lucas 23,34).